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The Sting — El arte de hacerle creer a alguien que siempre tuvo el control

rodrigosegade1000
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The Sting es una de esas películas que consiguen algo que me encanta del cine: convertir la inteligencia de sus personajes en una forma de espectáculo.

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Ovid

The Entertainer sonando mientras dos criminales se roban entre ellos me hizo pensar en lo raro que es que esa musica, compuesta treinta años antes de la epoca en que pasa la historia, sea hoy la que todos asociamos con estafadores elegantes. Apuesto a que

The Entertainer sonando mientras dos criminales se roban entre ellos me hizo pensar en lo raro que es que esa musica, compuesta treinta años antes de la epoca en que pasa la historia, sea hoy la que todos asociamos con estafadores elegantes. Apuesto a que mucha gente conoce la cancion sin haber visto nunca la pelicula.

Contenido de la publicación

The Sting es una de esas películas que consiguen algo que me encanta del cine: convertir la inteligencia de sus personajes en una forma de espectáculo.

George Roy Hill reúne nuevamente a Paul Newman y Robert Redford después de Butch Cassidy and the Sundance Kid y construye una historia sobre dos estafadores que deciden organizar un golpe extraordinariamente elaborado contra un poderoso criminal. Pero lo interesante no está solamente en descubrir si conseguirán engañarlo, sino en observar cómo cada conversación, cada gesto y cada aparente equivocación pueden formar parte de una representación diseñada para conseguir que otra persona crea exactamente aquello que ellos necesitan.

Y creo que ahí aparece una de las grandes virtudes de la película: todos están interpretando un personaje, pero no todos saben que están participando de la misma obra.

Robert Redford interpreta a Johnny Hooker, un estafador relativamente joven que decide vengar la muerte de su amigo y mentor Luther Coleman. Para conseguirlo necesita la ayuda de Henry Gondorff, interpretado por Paul Newman, un hombre con una experiencia extraordinaria dentro del mundo de las estafas y una capacidad casi ilimitada para comprender las debilidades de las personas. Juntos organizan un plan destinado a engañar a Doyle Lonnegan, un poderoso criminal interpretado por Robert Shaw.

Pero lo mejor es que la película nunca se limita a mostrarnos cómo se ejecuta una estafa. También nos invita constantemente a participar de ella.

¿Por qué disfrutamos tanto viendo cómo alguien consigue engañar a una persona que cree ser más inteligente que todos los demás?

Me interesa muchísimo la relación entre Hooker y Gondorff porque representan dos etapas completamente diferentes de una misma profesión. Hooker tiene talento, audacia y una capacidad extraordinaria para improvisar, pero todavía comete errores importantes porque parece confiar demasiado en sus propias habilidades.

Gondorff, en cambio, comprende que una gran estafa necesita muchísimo más que inteligencia. Requiere paciencia, preparación, conocimiento de las personas y la capacidad de anticipar cómo pueden reaccionar frente a situaciones que parecen completamente espontáneas.

Y ahí Paul Newman está extraordinario.

Hay algo en su manera de interpretar a Gondorff que consigue que prácticamente cualquier escena se vuelva divertida. Su personaje tiene una seguridad que parece completamente natural, incluso cuando sabemos que está improvisando o enfrentándose a situaciones peligrosísimas. Newman utiliza su carisma para construir a un hombre que conoce perfectamente las reglas del juego y que disfruta tanto de preparar una estafa como de observar el momento en que la víctima empieza a caer dentro de ella.

Robert Redford funciona muy bien como contrapunto porque Hooker posee una energía mucho más impulsiva. Quiere actuar, conseguir resultados y demostrar que está preparado para enfrentarse a alguien tan poderoso como Lonnegan, pero muchas veces termina descubriendo que su entusiasmo puede convertirse en un problema.

Y creo que la película consigue que su relación sea especialmente divertida porque ninguno necesita explicarle constantemente al otro cuánto lo admira. La confianza aparece progresivamente en las decisiones que toman juntos, en los riesgos que están dispuestos a asumir y en esa complicidad que resulta fundamental para conseguir que el plan funcione.

¿Cuánto tiene que saber el espectador para disfrutar verdaderamente de una estafa?

Desde lo cinematográfico, me encanta cómo George Roy Hill organiza la información. La película utiliza capítulos, transiciones visuales y una estructura narrativa que parece estar constantemente recordándonos que estamos observando una historia construida alrededor del engaño.

Y eso significa que nuestra posición como espectadores también es bastante particular.

Por momentos conocemos información que la víctima de la estafa desconoce y podemos disfrutar anticipadamente de aquello que está por ocurrir. Pero en otras situaciones la película decide ocultarnos determinados elementos del plan, consiguiendo que también nosotros terminemos participando de la sorpresa.

Creo que ahí está uno de los mayores placeres de The Sting: nos gusta ver cómo funciona el engaño, pero también nos gusta descubrir que la película consiguió engañarnos a nosotros.

La secuencia del póquer me parece especialmente divertida porque utiliza prácticamente todos los recursos que necesitamos para comprender la personalidad de Gondorff. Paul Newman consigue que su personaje parezca completamente despreocupado, incluso cuando sabemos que está participando de una situación donde cualquier error podría tener consecuencias enormes.

Y Robert Shaw está extraordinario como Lonnegan porque representa exactamente aquello que los protagonistas necesitan utilizar a su favor: un hombre poderoso, acostumbrado a controlar las situaciones y profundamente convencido de que su posición le permite imponer las reglas.

El problema de Lonnegan es que su orgullo termina convirtiéndose en la principal herramienta de quienes quieren engañarlo.

Gondorff y Hooker no necesitan convencerlo de que es una persona ingenua. Necesitan hacerle creer que es mucho más inteligente de lo que realmente es.

Y ahí aparece algo que me parece particularmente interesante: muchas veces la mejor manera de engañar a alguien consiste en permitirle continuar creyendo aquello que ya piensa sobre sí mismo.

¿Cómo se consigue que una película sobre criminales se sienta tan elegante y divertida?

También me encanta la ambientación de The Sting. George Roy Hill construye un universo visual que parece recuperar el encanto de las grandes historias de estafadores, con una fotografía cálida, vestuarios extraordinarios y espacios donde prácticamente todas las personas parecen estar escondiendo algo.

La música es fundamental. Las composiciones de Scott Joplin, adaptadas por Marvin Hamlisch, le dan a la película un ritmo y una personalidad inmediatamente reconocibles, especialmente gracias a The Entertainer.

Me gusta cómo esa música consigue que situaciones potencialmente violentas o muy tensas mantengan cierta ligereza. Nunca terminamos de olvidar que estamos viendo a criminales enfrentándose a otros criminales, pero el tono de la película nos invita constantemente a disfrutar de la inteligencia, la elegancia y la creatividad del plan.

Y ahí encuentro algo parecido a lo que me gusta de determinadas películas de robos: el verdadero espectáculo no siempre está en la acción física, sino en la precisión con la que cada elemento encuentra su lugar dentro de una estructura más grande.

Un comentario aparentemente insignificante, una conversación que parece completamente improvisada o una decisión que inicialmente no comprendemos pueden terminar adquiriendo una importancia enorme cuando finalmente descubrimos cómo funciona el golpe.

¿Y si el verdadero arte de una estafa consiste en controlar aquello que el otro cree que está viendo?

The Sting me parece una película extraordinariamente entretenida, aunque no necesariamente me provoca la misma conexión emocional que otras historias de amistad o de criminales. Hay momentos donde disfruto muchísimo más del mecanismo del engaño que de los conflictos personales de sus protagonistas, y creo que eso también forma parte de la identidad que George Roy Hill quiso construir.

Pero el placer de ver a Newman y Redford juntos resulta prácticamente imposible de ignorar. Tienen una química extraordinaria y consiguen que incluso las escenas más sencillas funcionen gracias a sus personalidades, su sentido del humor y esa sensación de que ambos están disfrutando enormemente de aquello que están haciendo.

Y creo que ahí está la mejor idea de The Sting. Una gran estafa funciona exactamente igual que una buena película: necesita organizar la información, dirigir nuestra atención, construir expectativas y conseguir que el desenlace nos obligue a reinterpretar aquello que acabamos de ver.

Durante buena parte de la historia estamos convencidos de que comprendemos el juego, pero George Roy Hill sabe perfectamente qué información ofrecernos y cuál necesita mantener oculta.

Porque quizás la mejor manera de engañar a alguien no sea esconderle la verdad, sino construir una historia tan convincente que nunca sienta la necesidad de buscarla.

Thoughts

  • pjimenez77

    Después de The Man Who Knew Too Much, apuesto a que The Sting fue la de descansar un poco. Se nota que te la pasaste bien escribiéndola.

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  • brechaCambiaria

    Lo de Hooker como el que improvisa y Gondorff como el que prepara lo leo al revés en el póquer del tren. Ahí Gondorff improvisa todo el rato: se hace el borracho, lo insulta, lo provoca sin saber cómo va a reaccionar Lonnegan. Lo preparado es el mazo, lo demás sale en el momento. Para mí la diferencia entre los dos está en otro lado: Gondorff improvisa sabiendo qué cosa no puede salir mal, y Hooker improvisa con todo en juego a la vez.

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  • Ovid

    The Entertainer sonando mientras dos criminales se roban entre ellos me hizo pensar en lo raro que es que esa musica, compuesta treinta años antes de la epoca en que pasa la historia, sea hoy la que todos asociamos con estafadores elegantes. Apuesto a que mucha gente conoce la cancion sin haber visto nunca la pelicula.

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  • TerminosClaros

    La película engaña a Lonnegan y al espectador con dos herramientas que conviene separar. A Lonnegan le dan información falsa: la sala de apuestas es un decorado, el telégrafo, el agente del FBI. A nosotros nunca nos dicen nada falso, solo nos esconden una parte del plan hasta el final. Por eso el tiroteo del cierre se disfruta en vez de sentirse tramposo: nadie nos mintió. Apuesto a que si la película nos hubiera mentido en una sola escena, la saldríamos queriendo bastante menos.

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