Saltar al contenido
Cargando…

Empire Records — Ese lugar donde creímos que la música podía salvarnos

rodrigosegade1000
Pública 0 conversaciones 0 pensamientos 70 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

Empire Records es una película sobre un solo día que, sin que sus protagonistas lo sepan, termina cambiándolo prácticamente todo.

En series

In groups

Contenido de la publicación

Empire Records es una película sobre un solo día que, sin que sus protagonistas lo sepan, termina cambiándolo prácticamente todo.

Una disquería independiente está a punto de ser vendida a una gran cadena comercial y un grupo de empleados intenta evitarlo mientras atraviesa sus propios problemas, enamoramientos, inseguridades y pequeñas crisis personales. Pero reducirla a esa premisa sería perder buena parte de aquello que la vuelve especial. Porque para estos pibes Empire Records no es simplemente el lugar donde trabajan, es su mundo entero.

Afuera están la adultez, las responsabilidades y una industria que parece interesada en convertir absolutamente todo en un negocio. Adentro, la música todavía puede funcionar como refugio, como identidad y como una manera de encontrar a otras personas que sienten que no terminan de encajar en ninguna otra parte.

Y creo que ahí aparece algo que me gusta muchísimo de la película: Todos tuvimos, o quisimos tener, un lugar como Empire Records.

Un espacio donde podíamos pasar horas sin sentir que estábamos perdiendo el tiempo, donde la música que escuchábamos parecía explicar perfectamente quiénes éramos y donde nuestros amigos terminaban convirtiéndose en una especie de familia que habíamos elegido. Para los personajes, trabajar en una disquería significa tener acceso a todo eso. Pueden elegir qué música poner, discutir sobre sus bandas favoritas, conocer gente y compartir prácticamente todos los momentos importantes de su adolescencia. La tienda funciona como un pequeño universo donde todavía tienen la posibilidad de construir una identidad propia, aunque afuera el mundo esté empezando a exigirles que decidan qué quieren hacer con sus vidas.

La película comienza con Lucas, interpretado por Rory Cochrane, tomando una decisión completamente absurda: utilizar el dinero de la tienda para intentar conseguir, mediante una apuesta, lo necesario para evitar que Empire Records termine en manos de una cadena comercial. Obviamente, todo sale mal. Pero lo interesante es que Lucas no actúa únicamente por irresponsabilidad, aunque definitivamente sea irresponsable. Cree que está intentando salvar algo que realmente importa. Su decisión pone en peligro a todos sus compañeros y demuestra una ingenuidad enorme, pero también revela hasta qué punto ese lugar significa algo para él. La disquería no representa solamente un salario o una actividad que realiza mientras decide qué hacer con su futuro. Representa la posibilidad de conservar un mundo que siente suyo.

Y ahí aparece Joe, interpretado por Anthony LaPaglia, que para mí es uno de los personajes fundamentales de la película. Joe es el adulto que intenta mantener funcionando un negocio y, al mismo tiempo, proteger a un grupo de jóvenes que parecen tener una capacidad extraordinaria para complicarle la existencia. Tiene problemas económicos, responsabilidades y motivos suficientes para perder la paciencia prácticamente en cada escena, pero también comprende algo que probablemente los propios empleados todavía no pueden explicar: Empire Records significa mucho más para ellos de lo que cualquiera podría imaginar mirando únicamente sus números. Joe funciona casi como una figura paterna, aunque nunca necesite comportarse como un padre tradicional. Los escucha, los reta, intenta ayudarlos y muchas veces termina aceptando que no puede resolverles absolutamente todos sus problemas.

Me gusta especialmente esa relación porque la película no plantea simplemente que los jóvenes son maravillosos y los adultos unos tipos aburridos que no entienden nada. Joe es precisamente alguien que conoce el valor de ese espacio, pero también sabe cuánto cuesta mantenerlo abierto. Mientras Lucas cree que un golpe de suerte puede solucionar todos sus problemas, Joe entiende que las buenas intenciones no siempre alcanzan. Hay una diferencia enorme entre amar un lugar y ser responsable de que ese lugar continúe existiendo. Y quizás ahí empieza a aparecer uno de los aspectos más interesantes de Empire Records: sus protagonistas están intentando conservar un refugio mientras empiezan a descubrir que crecer también implica hacerse cargo de aquello que queremos proteger.

La película tiene una estructura coral que le permite construir esa sensación de comunidad. No hay un único protagonista cuya historia organice absolutamente todo. Tenemos a Corey, interpretada por Liv Tyler, que parece tener su futuro perfectamente planificado, pero que en realidad está atravesando sus propias contradicciones; a Gina, interpretada por Renée Zellweger, que proyecta una seguridad que no siempre coincide con aquello que siente; a A.J., incapaz de encontrar el momento adecuado para expresar sus sentimientos; a Mark, cuya energía parece completamente incompatible con cualquier preocupación adulta; y a Deb, que atraviesa una crisis emocional mucho más profunda de lo que sus compañeros comprenden inicialmente. Todos tienen personalidades muy diferentes, pero la película consigue que parezcan parte de un mismo mundo.

Y eso me resulta especialmente atractivo porque Empire Records entiende bastante bien cómo funcionan los grupos de amigos durante esa etapa de la vida. Hay personas que parecen tener todas las respuestas, otras que están completamente perdidas, algunas que utilizan el humor para esconder sus inseguridades y otras que directamente no saben cómo pedir ayuda. Pasan tantas horas juntos que terminan conociéndose de una manera que probablemente no podrían explicar. Pueden discutir por estupideces, lastimarse sin querer y pasar días enteros evitando una conversación importante, pero cuando algo realmente amenaza aquello que comparten, descubren que siguen estando ahí los unos para los otros.

Me interesa particularmente el personaje de Deb, interpretado por Robin Tunney, porque introduce una vulnerabilidad que contrasta muchísimo con la energía general de la película. Mientras buena parte de sus compañeros está preocupada por romances, fiestas, música y el futuro de la disquería, ella atraviesa un momento donde prácticamente todo parece haber perdido sentido. La película conserva el humor incluso cuando aborda su situación, pero consigue transmitir que detrás de esa actitud desafiante existe alguien que necesita ser escuchada. Y creo que su historia ayuda a entender por qué Empire Records funciona como un refugio: no es un lugar donde todos están permanentemente felices, sino uno donde pueden mostrarse vulnerables sin tener que abandonar completamente la imagen que construyeron de sí mismos.

También me gusta cómo la película trabaja con esa incertidumbre que aparece cuando empezamos a comprender que nuestra adolescencia tiene fecha de vencimiento. Corey parece estar encaminada hacia una vida llena de posibilidades, pero eso no significa que tenga completamente claro qué desea. Gina proyecta una libertad que por momentos parece mucho más sencilla de sostener frente a los demás que cuando finalmente se queda sola. A.J. necesita animarse a decir algo que lleva demasiado tiempo guardando, mientras otros parecen convencidos de que todavía pueden seguir viviendo como si el futuro fuera una preocupación que pertenece exclusivamente a los adultos. Todos están atravesando alguna versión de la misma pregunta: ¿quién voy a ser cuando deje de existir este mundo donde todavía sé perfectamente cuál es mi lugar?

Y ahí la música adquiere una importancia enorme. Empire Records pertenece a una época en la que una disquería podía ser prácticamente un centro de reunión, un espacio de descubrimiento y una manera de construir relaciones a partir de aquello que escuchábamos. Antes de que tuviéramos prácticamente toda la música del mundo disponible en nuestros teléfonos, descubrir una banda podía significar que alguien nos recomendara un disco, que escucháramos una canción mientras caminábamos por una tienda o que un amigo nos prestara un álbum que terminaría acompañándonos durante años. La película conserva algo muy hermoso de esa experiencia: la música no está simplemente sonando de fondo, sino que forma parte de la manera en que sus personajes entienden el mundo.

Allan Moyle aprovecha esa relación entre los personajes y la música para construir una película que parece estar constantemente en movimiento. Las canciones se suceden, los empleados recorren la tienda, las conversaciones se superponen y los pequeños conflictos aparecen y desaparecen mientras el día continúa avanzando. La puesta en escena transmite una energía muy particular, como si estuviéramos compartiendo una jornada con un grupo de amigos en lugar de acompañar una historia cuidadosamente organizada alrededor de un gran acontecimiento. Y creo que eso le juega a favor, porque los recuerdos que conservamos de determinados lugares rara vez están relacionados únicamente con los momentos extraordinarios. Muchas veces lo que más extrañamos son justamente aquellas tardes en las que aparentemente no pasó nada.

También está Rex Manning Day, una de las ideas más divertidas de toda la película. La llegada de una antigua estrella del pop a la disquería introduce un contraste extraordinario entre aquello que representa Rex Manning y la cultura musical con la que se identifican los empleados. Maxwell Caulfield interpreta a un músico que parece haber quedado atrapado dentro de una imagen cuidadosamente fabricada por la industria, alguien que todavía intenta conservar un atractivo que pertenece a otra época. Su presencia funciona como una pequeña sátira del negocio musical, pero también como un recordatorio de que Empire Records no existe completamente al margen de ese sistema que sus empleados desprecian. Después de todo, trabajan vendiendo discos y necesitan que el negocio siga funcionando. Incluso su pequeño refugio independiente está atravesado por las contradicciones de una industria de la que no pueden escapar por completo.

Y ahí aparece el verdadero conflicto detrás de la posible venta de la tienda. Los protagonistas no solamente tienen miedo de perder sus trabajos. Tienen miedo de que Empire Records se convierta en un espacio completamente intercambiable, un negocio donde nadie pueda elegir qué música escuchar, cómo vestirse o qué personalidad darle al lugar. La llegada de una gran cadena representa la posibilidad de que desaparezca aquello que convierte a esa disquería en algo especial: las personas que la habitan. La película construye una fantasía de resistencia alrededor de esa amenaza, y aunque su visión de la independencia comercial pueda resultar bastante ingenua, hay algo muy reconocible en el deseo de proteger un lugar que sentimos propio frente a un mundo que parece empeñado en convertir todo en algo idéntico.

Por eso me gusta tanto que los personajes no intenten salvar Empire Records porque sea un negocio extraordinariamente exitoso. Quieren salvarlo precisamente porque es imperfecto, porque está lleno de problemas y porque todavía pueden reconocerse dentro de él. Hay algo profundamente adolescente en esa idea de creer que un pequeño espacio puede funcionar como una última trinchera frente al resto del mundo. Pero también hay algo bastante adulto en comprender que esos lugares necesitan de nuestro compromiso para sobrevivir. Lucas, Joe y el resto del grupo terminan descubriendo que querer algo no significa solamente disfrutarlo mientras existe, sino también estar dispuesto a hacer algo cuando aparece la posibilidad de perderlo.

Obviamente, Empire Records tiene muchos de los defectos de las comedias adolescentes de los noventa. Algunas historias se resuelven con demasiada facilidad, ciertos personajes están construidos alrededor de rasgos bastante exagerados y la película puede cambiar de tono de manera algo brusca. Hay situaciones que existen prácticamente para que aparezca otra canción, otro chiste o un nuevo conflicto romántico. Pero también creo que parte de su encanto está justamente en esa falta de solemnidad. Moyle no parece demasiado interesado en convertir a sus protagonistas en representantes de una generación entera. Prefiere dejarlos correr por la tienda, enamorarse, discutir, equivocarse y escuchar música como si ese día fuera a durar para siempre.

Y quizás por eso la película funciona tan bien como una historia sobre el paso del tiempo. Sus personajes están viviendo un día que probablemente recordarán durante muchos años, aunque mientras transcurre no puedan comprender del todo su importancia. Nosotros tenemos la ventaja de mirar desde afuera y reconocer algo que ellos todavía desconocen: esos momentos donde sentimos que todo va a seguir siendo exactamente igual suelen ser los mismos que más extrañamos cuando finalmente cambian las cosas. Las amistades se transforman, las personas se mudan, aparecen nuevos trabajos y determinados lugares dejan de formar parte de nuestra rutina. Pero algunas canciones tienen una capacidad extraordinaria para devolvernos, aunque sea durante tres minutos, a un momento que creíamos definitivamente perdido.

Creo que esa es la verdadera nostalgia de Empire Records. No se trata solamente de extrañar los noventa, las disquerías o una determinada manera de consumir música. Se trata de extrañar aquella etapa de nuestra vida en la que todavía existían lugares que parecían contener absolutamente todo lo que necesitábamos. Un espacio donde siempre había alguien conocido, donde podíamos pasar horas sin mirar el reloj y donde una canción nueva podía convertirse en el acontecimiento más importante de toda la semana. La película no necesita que todos sus protagonistas terminen encontrando respuestas definitivas sobre quiénes son o qué van a hacer con sus vidas. Le alcanza con regalarnos un día en el que todavía tienen la posibilidad de estar juntos.

Y me gusta pensar que, de alguna manera, Empire Records funciona como un pequeño santuario. No porque sus personajes estén protegidos de todos los problemas del mundo, sino porque dentro de ese lugar pueden enfrentarlos acompañados. Cada uno llega cargando sus propias inseguridades, pero la música y la convivencia terminan convirtiendo la disquería en algo mucho más importante que un trabajo. Es un espacio donde todavía pueden equivocarse, descubrir algo sobre sí mismos y encontrar a alguien que los escuche cuando las cosas dejan de funcionar como esperaban.

Empire Records me pega precisamente por eso: por esa idea de un lugar que parece pequeño, pero que en realidad contiene todo. Un día cualquiera que termina siendo irrepetible, una canción que queda asociada para siempre con determinadas personas y un espacio que nos protege del mundo mientras todavía podemos permanecer dentro de él. Después crecemos, nos vamos, cambiamos de trabajo, conocemos otras personas y descubrimos que aquellos lugares que parecían destinados a acompañarnos toda la vida también podían desaparecer. Pero hay recuerdos que conservan intacta la sensación de haber pertenecido a algo, incluso muchos años después de que ese mundo dejó de existir.

Y quizás por eso el grito de «Damn the Man! Save the Empire!» termina representando mucho más que la necesidad de salvar una disquería. Es una manera de negarse, aunque sea durante un día, a aceptar que todo aquello que queremos está condenado a desaparecer simplemente porque el mundo decidió seguir avanzando. Sabemos que eventualmente los personajes tendrán que crecer, que algunos se irán y que probablemente ninguno pueda quedarse para siempre trabajando en ese lugar. Pero durante unas horas todavía pueden creer que, si permanecen juntos, serán capaces de proteger aquello que los hizo felices.

Porque Empire Records es una película sobre crecer y descubrir que no podemos conservar para siempre los lugares que nos hicieron sentir en casa. Pero también sobre comprender que perder esos espacios no significa perder todo aquello que vivimos dentro de ellos. Hay amistades, momentos y canciones que siguen acompañándonos mucho después de que una etapa termina.

Y quizás todos tuvimos alguna vez nuestro propio Empire Records: un lugar donde, durante un tiempo, creímos que la música podía salvarnos.

Related posts