Saltar al contenido
Cargando…

The Nice Guys — No hace falta ser un héroe para hacer algo bien

rodrigosegade1000
Pública 15 conversaciones 20 pensamientos 34 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

The Nice Guys parece, en la superficie, una comedia policial bastante clásica: dos detectives que no tienen demasiado en común, un caso cada vez más grande, corrupción, tiros, persecuciones y una…

En series

In groups

Contenido de la publicación

The Nice Guys parece, en la superficie, una comedia policial bastante clásica: dos detectives que no tienen demasiado en común, un caso cada vez más grande, corrupción, tiros, persecuciones y una investigación que se complica a cada paso. Pero Shane Black utiliza todo eso para hacer algo bastante más interesante. En lugar de construir una historia alrededor de personajes que dominan la situación, construye una alrededor de personas que sobreviven al caos como pueden.

Jackson Healy y Holland March no son héroes tradicionales. No son brillantes, no tienen todo bajo control y muchas veces ni siquiera saben exactamente qué están haciendo. Se equivocan, interpretan mal las pistas, llegan tarde, reciben golpes y sobreviven más por insistencia que por talento. Y ahí está buena parte del encanto de la película: El caso puede tener la estructura de un noir, pero los hombres que deberían resolverlo están muy lejos de aquellos detectives que parecen saber siempre qué preguntar y dónde mirar.

Ryan Gosling lleva especialmente esa idea hasta el extremo. Holland March es cobarde, torpe, inseguro y ridículo por momentos. Se asusta, se cae, se lastima y toma decisiones bastante cuestionables, pero sigue avanzando. Y Gosling entiende perfectamente que la gracia no está solamente en decir cosas divertidas, sino en usar todo el cuerpo para construir el chiste. Su manera de reaccionar, gritar, moverse o intentar conservar cierta dignidad después de hacer el ridículo convierte una enorme parte de la película en comedia física.

Pero debajo de eso también hay algo bastante triste. March perdió a su esposa, bebe demasiado y parece haberse acostumbrado a vivir una versión bastante mediocre de sí mismo. No es alguien esperando convertirse en héroe. Es alguien que continúa funcionando porque tiene una hija y porque, de alguna manera, todavía queda algo dentro suyo que no terminó de rendirse.

Y eso se siente bastante cercano. Porque a veces uno tampoco sigue adelante porque haya encontrado una valentía extraordinaria. A veces avanzamos simplemente porque no hay mucho más que hacer que seguir avanzando.

Russell Crowe funciona muy bien como contraste. Healy parece inicialmente mucho más controlado y competente, pero tampoco encaja realmente en la figura del héroe. Es un hombre que utiliza la violencia para ganarse la vida y que, en algún punto, empieza a preguntarse si puede hacer algo más con aquello que sabe hacer. Por eso la relación entre los dos funciona tan bien: ninguno es exactamente la persona que el otro necesita, pero juntos terminan completando algunas de sus carencias.

Y en el medio está Holly, la hija de March, que muchas veces parece tener más claridad moral que los dos adultos. No está ahí únicamente como acompañante o como excusa emocional para Gosling. Es ella quien constantemente recuerda que detrás del caso hay personas y que resolverlo debería significar algo más que cobrar.

Ahí la película empieza a jugar con una idea que me gusta mucho: ser bueno y ser bueno haciendo algo no son necesariamente lo mismo. Healy puede golpear a cualquiera. March puede investigar cuando realmente se concentra. Pero ninguno empieza la película siendo particularmente admirable. Lo que tienen que descubrir es qué hacer con aquellas capacidades cuando finalmente aparece algo que merece la pena defender.

Shane Black también maneja muy bien el tono. La violencia y la comedia conviven de una forma donde una no necesariamente anula a la otra. Una situación puede ser peligrosa y absurda al mismo tiempo. Un personaje puede estar genuinamente aterrorizado y hacernos reír. Una caída puede resolver una pista. Un cadáver puede aparecer en el momento más inesperado. Y la película nunca parece sentir que tiene que elegir entre ser thriller o ser comedia.

Eso le da una sensación de caos constante, pero un caos muy trabajado. Muchas cosas parecen accidentales cuando en realidad están perfectamente construidas para regresar más adelante. Una equivocación conduce a una pista, una casualidad abre otra puerta y personajes que parecen ir siempre dos pasos por detrás terminan llegando, casi de milagro, al lugar correcto.

Y quizás eso sea lo que mejor define a The Nice Guys: sus protagonistas rara vez parecen estar haciendo las cosas de la manera correcta, pero de alguna forma siguen avanzando hacia algo correcto.

También me gusta mucho el Los Ángeles de los años setenta que construye la película. Hay fiestas, contaminación, industria automotriz, pornografía, carteles, mansiones y una sensación permanente de que debajo del brillo existe algo bastante podrido. En ese sentido, el noir sigue ahí. Cambia el detective elegante por dos tipos bastante desastrosos y reemplaza parte del cinismo por comedia, pero conserva la idea de una investigación que empieza con algo aparentemente pequeño y termina revelando una estructura de poder mucho más grande.

La conspiración, sin embargo, nunca termina siendo para mí lo verdaderamente importante. El misterio mueve la historia, pero el corazón de la película está en March y Healy. En ver cómo dos tipos que probablemente no elegirían compartir una habitación empiezan lentamente a funcionar como equipo y, casi sin darse cuenta, encuentran una posibilidad de ser un poco mejores de lo que eran al principio.

Y ahí está también el título. Son The Nice Guys, pero ninguno parece particularmente “nice” cuando los conocemos. Uno golpea gente por dinero y el otro engaña clientes para seguir cobrando. La gracia está en que la película no necesita convertirlos repentinamente en santos. Siguen siendo imperfectos, siguen equivocándose y probablemente mañana vuelvan a hacer alguna estupidez.

Pero cuando importa, hacen algo bien. Y eso me parece mucho más interesante que una transformación heroica perfecta.

Porque quizás hacer lo correcto no siempre dependa de ser una gran persona. A veces depende simplemente de reconocer el momento en el que podríamos mirar para otro lado y decidir no hacerlo.

Por eso The Nice Guys no es solamente una comedia ni solamente un policial. Es una película sobre el caos, la imperfección y dos personas bastante rotas que descubren que todavía pueden servir para algo.

No porque de repente se hayan convertido en héroes.

Sino porque, a pesar de todo, siguieron ahí.

A veces no hace falta ser un héroe para hacer algo bien. A veces alcanza con no abandonar.

Thoughts

  • Ismaelillo

    Discrepo en lo de que la conspiración no importe. Termina con March y Healy brindando y las fábricas vendiendo carros igual, nadie de arriba preso. Ve, para mí eso pesa más que la redención.

    Permalink
  • pjimenez77

    La contaminación que mencionas de pasada es el corazón de la conspiración, chamo: los fabricantes enterrando el catalizador. En 140 capítulos del reto nunca te vi despachar la trama en una línea.

    Permalink
  • mcastro71

    March sigue funcionando porque tiene una hija, y a mí eso me cuadra con lo que he visto de cerca muchas veces: al viudo que tiene a alguien en casa a quien darle de comer lo ves de pie a la semana, torpe y bebiendo de más, pero de pie. Al que se queda solo, no siempre. Valentía no le pondría yo, home.

    Permalink
  • Ovid

    Lo de Gosling usando el cuerpo entero para el chiste me hizo pensar en la escena del baño, con la pistola y la puerta, que la tengo grabada sin acordarme de casi nada más de la trama. Apuesto a que a estas alturas del reto te pasa lo mismo con media lista: quedan las escenas y se van los argumentos. Gracias por subirla!

    Permalink
  • TerminosClaros

    Fijate que el título y el último párrafo dicen dos cosas que no son la misma. No abandonar es insistencia, y eso lo hacen March y Healy toda la película sin mérito alguno. Reconocer el momento en que podrías mirar para otro lado y no hacerlo pide algo más, una decisión, y ahí sí hace falta algo que se parece bastante a un héroe, aunque dure diez segundos. Yo me quedo con lo segundo. Vos, a estas alturas del reto, ¿cuál de las dos te sostiene?

    Permalink

Related posts