Me quedé con «Yo no respiraría si fuera tú» dando vueltas. Alan se pasa media pelea explicando su truco con lujo de detalle, lo del oxígeno puro al 100%, y Dante gana callado y con las manos en los bolsillos. En casi todas las peleas que me gustan pierde el que explica. Mi apuesta es que le devolvió su propio oxígeno moviendo el aire del pasillo. ¿Vas a publicar la segunda parte de lo de los hermanos Prometeo?
Sin título xd
Pensamiento
Me quedé con «Yo no respiraría si fuera tú» dando vueltas. Alan se pasa media pelea explicando su truco con lujo de detalle, lo del oxígeno puro al 100%, y Dante gana callado y con las manos en los bolsillos. En casi todas las peleas que me gustan pierde
Contenido de la publicación
Introducción:
Un ambiente oscuro y tranquilo; una sensación de no querer estar ahí, de estar cometiendo una acción incorrecta. Lo que esa persona le encomendó era un suicidio absoluto. Ah, que era su hermanastro. Igualmente, ese dinero valía totalmente la pena. Pensaba que eran unos incompetentes, los guardias esos, hasta una jovencita les hubiera hecho frente, que vergüenza. Cuadros de Da Vinci y Van Gogh; las paredes estaban repletas de estas. La Divina Comedia estaba exhibida como una pieza de arte importante, nunca le interesó, pero le caía bien el autor. Todo era bello, y el dinero aún más, eso pensaba Dante Prometeo; tacaño como rico, pero con el corazón de un pobre. Que bizarro contraste.
Este joven de dieciséis años se preguntaba en que pensaba el dueño del banco al juntar la institución financiera con un museo, ¿acaso no temía que las reliquias también fuesen robadas? No tenía ni idea de cuanto costaba cada una, pero decidió meter algunas al gran bolso que traía en su espalda. El chicle que masticaba se le terminó el sabor; no tenía más. Frunció el ceño al percatarse de esto, lo escupió sin más remedio. Continuó caminando, miraba atrás cada cinco minutos, por si alguien lo andaba siguiendo. Era extraño, sentía una presencia omnipotente observándolo. A duras penas los escalofríos cesaban en su delgado cuerpo; otra vez, era alguien cercano.
—Earth, Wind and Fire —dijo con sutileza. Un ligero viento empezó a correr en los pasillos del lugar. Dante siguió con su caminata, con mayor rapidez. Paró de repente, su expresión parecía el de haber encontrado algo. Volteó hacia atrás de nuevo, y volvió a caminar. Alguien iba corriendo dónde su dirección; era menor que él, un año probablemente; 1,68 cm y 60 kg; una frecuencia cardíaca de 53 a 70 pulsadas. Era rápido, pero carecía de resistencia física.
—Creo que la tengo fácil—direcciono su mirada en una de las esquinas de los muros del pasillo de adelante—. ¡Es hora de que salgas de tu pobre escondite, debilucha gallina! —fue con ese insulto que logró percibir la alteración la respiración de su enemigo, había sido engañado como un pequeño ratón.
—Imbécil, te voy a hacer cerrar tu detestable boca para que dejes de hablar estupideces. —Una voz calmada, se rehusaba a salir de su escondite, aunque su contrincante sabía su posición.
—¿Ah sí? Ven entonces, quiero ver como te las arreglas contra mis elementos, muñeca.
—¡Cierra tu maldita boca por última vez! —Salió de su escondite como un arquero lanzándose por el balón. Aspiró todo el aire que pudo, y lo expulsó. Era completamente visible, una brusca y potente ráfaga iba directo a Dante, eran como una ametralladora.
—¡Se supone que yo soy el del aire, maldita sea!—decía mientras esquivaba con una agilidad sobrehumana las balas de aire, parecía que flotaba. Con este simple movimiento, Alan Price — nombre del joven— se mostró superado y desconcertado, como si hubiera quedado en segundo lugar y el primer lugar le estaba restregando en su cara el premio.
—No te sientas mal —dijo Dante al percatarse de su expresión—, échales la culpa a tus jefes que te mandan a pelear contra uno de la élite.
—Pues, para ser de la élite, veo que eres un descuidado de primera.
—¿Ah? —fue lo último que dijo cuando sentía en el pecho un dolor horrible, mareos y dificultad al respirar. ¿Era obra suya? Esta claro, Alan había acertado sobre lo descuidado que era.
—¡Oh, que te pasa! —dijo en tono burlesco—. Veo que estas a punto de desmayarte. ¡Oh!, ¿te pones de rodillas? ¡Pero que clase de dolor has de estar sintiendo, pobre de ti!
—¿Q-Qué has h-hecho?
—Es oxígeno puro, ¡100%! Mis pulmones tienen la capacidad de convertir el oxígeno en su versión más pura, con solo exhalar un poco de esta. Es decir, mientras esquivabas las balas de aire que te lancé, ¡al mismo tiempo inhalaste todo! Ahora mismo debes estar colapsando, no falta mucho para que te desmayes, y al cabo de un rato, ¡mueras! ¡Ja, estas perdido, Prometeo, debilucha gallina!
—N-No entiendo ni m-mierda de lo que d-dices. —Agarrándose con fuerza el pecho, señaló con una sonrisa a su rival, para luego toser una gran cantidad de sangre.
—Me habían dicho que los hermanos Prometeo no habían recibido ningún tipo de educación profesional, ahora veo el porque. —Se marchó con una caminata que mostraba que había salido victorioso.
—Idiota, no te estoy hablando sobre el proceso ese que ocurre en tus pulmones —dijo Dante, con el habla completamente curada, aparentando nunca haber sido infectado—. ¿¡A que te refieres con que estoy perdido, eh!? ¡Responde!
—Insolente, ¡con este último ataque de Sugar Sugar, no te quedará ni pizca de oxígeno!
—Yo no respiraría si fuera tú. —Su mirada transmitía firmeza y sutilidad. Alan sintió un fuerte dolor en su pecho, tosió sangre. Notó que sus venas se marcaban, como si estuvieran a punto de explotar. Quiso decir algo, pero no podía. Dante estaba parado viéndolo, sin titubear, con las manos en los bolsillos. Alan pareció realizar su último movimiento, de ahí, no volvió a moverse. Así era el nivel de la élite, personas de todas las edades, con el simple talento de asesinar sin remordimientos. No decían que iban a matar, lo hacían inmediatamente. Aquellos que no tienen el talento suficiente, son como un niño en medio de una manada de leopardos hambrientos.
Los milagros ocurren.
Nombre: Alan Price.
Edad: 15 años.
Fragmento: Sugar Sugar
Estado: Su cuerpo yace en medio de los cuatro pasillos del Banco Medley.
Thoughts
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PermalinkLos milagros ocurren >_<
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PermalinkMe gustó mucho la ficha del final. «Estado: Su cuerpo yace en medio de los cuatro pasillos del Banco Medley», frío total, mae.
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PermalinkEn pleno robo al chicle se le acaba el sabor y el man frunce el ceño y lo escupe. ¡Tranquilo nomás, como si fuera un martes!
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PermalinkSe me hace que el hermanastro que le encargó el robo es el mismo que le pasó el dato a los jefes de Alan. A Dante lo mandaron de carnada, ay no.
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PermalinkTío, los Fragmentos con nombre de canción: Earth, Wind and Fire, Sugar Sugar de los Archies... y encima el rival se llama Alan Price, igual que el teclista de The Animals. Me da que el hermanastro también va a tener nombre de disco.
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PermalinkMe quedé con «Yo no respiraría si fuera tú» dando vueltas. Alan se pasa media pelea explicando su truco con lujo de detalle, lo del oxígeno puro al 100%, y Dante gana callado y con las manos en los bolsillos. En casi todas las peleas que me gustan pierde el que explica. Mi apuesta es que le devolvió su propio oxígeno moviendo el aire del pasillo. ¿Vas a publicar la segunda parte de lo de los hermanos Prometeo?
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