La Duda sentada aparte, sin irse a ningún lado mientras los otros dos hablan, me pareció la que más respeto se merece de los tres. Me quedé pensando en que casi nunca la invitamos a la mesa, la tratamos como a una intrusa, y aquí acaba tomando chocolate contigo. Me gustó mucho ese final, Lili! ¿Tienes más textos con estos personajes por acá?
SIN DUDA NO HAY RESPUESTAS
Y allí estaba “Desafío”, llamándome otra vez, dentro de esa capa que yo tenía de silencios y notas que no me animaban a levantarme. Yo pensaba: ¿será que este desafío sí es el que me pertenece?…
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La Duda sentada aparte, sin irse a ningún lado mientras los otros dos hablan, me pareció la que más respeto se merece de los tres. Me quedé pensando en que casi nunca la invitamos a la mesa, la tratamos como a una intrusa, y aquí acaba tomando chocolate c
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Y allí estaba “Desafío”, llamándome otra vez, dentro de esa capa que yo tenía de silencios y notas que no me animaban a levantarme. Yo pensaba: ¿será que este desafío sí es el que me pertenece? ¿Cómo sabría cuál sería el mío, ese que llaman misión o propósito?
Y otras voces aparecían. Entre ellas, el “Ego”, bien encopetado, súper arreglado, perfumado y bello, que me decía:
--Elige tu desafío si te muestra como líder de líderes y te deja ver lo maravillosa que eres, lo inmensa, tus capacidades. Si te deja mostrarte siendo tú la única que puede sobresalir. Es una emoción fugaz, pero no interesa. Luego miras cómo llenas tus vacíos con música y redes sociales. Hay muchas formas de huir de eso y mirar hacia lo externo.
Te darás cuenta de que mi consejo es el mejor cuando, además, tengas como compensación un cofre lleno de oro. Esta sensación de riqueza se rompe fácil y se aleja de tu satisfacción personal, pero yo te animo porque vas a sentir lo efímero de estar en el mejor y primer lugar. Es súper delicioso vivir así un gran desafío.
Luego aparecía otra voz que era el “Altruismo”, sencillo, determinado, silencioso, vestido formalmente y con una mirada hermosa. Se colocó la mano en la barbilla y me dijo:
--Si esa misión la hicieras siempre involucrando a otros y te sintieras tan feliz, con un fuego en el pecho o unas mariposas en el estómago, y todo fluyera fácil; aquello que necesitas, lo que imaginas, lo que las personas perciben... ese sí es el propósito o el desafío a seguir. Porque viene de la inspiración y rompe con el esquema de hacer algo que toca para ganar, de sufrir con tal de mostrarte. Esa es mi humilde opinión —me dijo.
Pero yo seguía pensando. Era difícil, porque el Ego me daba la alternativa de ganar mucho a cambio de algo que no me disgustaba y donde yo era la estrella. El único problema era el vacío.
En cambio, el Altruismo me decía que había una felicidad máxima, pero el problema era que me costaba equilibrar el apoyo a los demás, en algunos momentos me olvidaba de mi por completo.
Entonces apareció la “Duda”.
Era consistente. Desde que yo estaba hablando con ellos dos, ella simplemente nos miraba y no se iba a ningún lugar, esperando su turno para participar.
De pronto se acercó. Esta vez ya no parecía estar esperando permiso para hablar. Su mirada era firme y su voz mucho más fuerte de lo que yo imaginaba.
--Ninguno de los dos caminos te sirve —dijo.
Los miró a ellos y luego me miró a mí.
---¿Por qué? Porque mientras sigas pensando que tienes que escoger entre ser la estrella o vivir únicamente para los demás, siempre vas a sentir que algo te falta. El Ego te promete reconocimiento, dinero y la sensación de ser especial. El Altruismo te promete felicidad, conexión y la satisfacción de aportar. Pero ninguno de los dos puede decidir por ti.
Hizo una pausa.
---Y tampoco esperes que yo te dé la respuesta. Yo soy la Duda. Estoy aquí para incomodarte, para hacerte preguntas, para obligarte a mirar lo que no quieres ver. Si me escuchas demasiado, te paralizo. Si me ignoras, decides sin preguntarte nada.
Se acercó un poco más y agregó:
---Por eso te digo: haz una lista de lo que realmente te hace feliz de esas dos posibilidades. Mira qué quieres ganar, qué quieres entregar, qué estás dispuesta a hacer y, sobre todo, qué no estás dispuesta a perder de ti misma.
Sonrió apenas.
—Después de eso, quizá descubras que tu elección nunca estuvo entre ellos dos.
Ante esas opiniones, los cité a los tres a una taza de chocolate caliente y departimos.
Les pregunté qué aportaba cada uno, qué sentían cuando yo los rechazaba y cómo querían que fuera de ahora en adelante.
A lo cual dijeron lo siguiente:
El Ego levantó primero la mano y dijo:
---Yo no soy tu enemigo. Necesitas de mí para reconocer tus capacidades, para atreverte a ocupar un lugar y para recordar que también mereces recibir. El problema comienza cuando quieres demostrarle al mundo que eres más que los demás. Si me rechazas sin analizarme no te mostraré que puedes creer en ti sin ser prisionera de la necesidad de sobresalir.
El Altruismo sonrió y agregó:
---Yo tampoco quiero que me confundas con olvidarte de ti. Ayudar a otros no significa desaparecer. Mi propósito es recordarte que aquello que haces puede tener sentido cuando también transforma la vida de alguien más. Pero si das todo y te quedas sin nada para ti, terminarás sintiendo que ayudar es una obligación y no una elección.
La Duda permaneció unos segundos en silencio y finalmente dijo:
—Y yo tampoco soy tu enemiga. Mi trabajo es hacerte preguntas cuando estás a punto de decidir demasiado rápido. No siempre vengo para detenerte; algunas veces vengo para que mires mejor.
Los miré a los tres y, por primera vez, entendí que quizás había estado esperando que alguno de ellos me diera la respuesta correcta.
Pero ninguno por sí solo podía hacerlo.
Entonces comprendí que el desafío no era escoger entre ellos.
Era aprender a escucharlos sin permitir que ninguno decidiera por mí y que los tres aportaban a su manera.
Quizás mi misión no estaba escondida en un gran acontecimiento ni en una señal extraordinaria.
Quizás estaba en aquello que podía hacer con mis capacidades, que pudiera aportar a otros, que me hiciera sentir viva y que, al mismo tiempo, me permitiera seguir siendo yo.
Los tres se quedaron mirándome. Y esta vez fui yo quien sonrió.
—Creo que ya entendí —les dije—. la solución no es encontrar el camino perfecto. Es atreverme a caminarlo mientras sigo descubriéndome y comprendiendo que hasta los desafíos más difíciles aportan a mi vida y que cada uno de ustedes son mis aliados, gracias a todos.
Y entonces, por primera vez, el “Desafío” dejó de llamarme desde lejos.
Sentí que caminaba conmigo.
Soy Lili y créanme "todos caminamos juntos" un saludo desde cachetadasdelalma
Thoughts
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PermalinkHasta donde entendí, al comienzo la Duda te frenaba y al final se toma el chocolate con los otros dos. Me da que lo escribiste ya con alguna decisión tomada de verdad.
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PermalinkMe quedo con la lista que te propone la Duda. Lo demás está muy bien, pero la lista es lo que se hace mañana: qué ganás, qué das y qué no querés perder. Escrito en un papel se ve solo.
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PermalinkLa Duda sentada aparte, sin irse a ningún lado mientras los otros dos hablan, me pareció la que más respeto se merece de los tres. Me quedé pensando en que casi nunca la invitamos a la mesa, la tratamos como a una intrusa, y aquí acaba tomando chocolate contigo. Me gustó mucho ese final, Lili! ¿Tienes más textos con estos personajes por acá?
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PermalinkA mí la Duda también se me sienta a la mesa y no se va, pero conmigo no espera su turno. Habla la primera y luego ya no me deja oír a los otros dos.
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