Me pareces hermosa.
No solo por tu sonrisa,
sino por esa forma tuya
de hacer que cualquier conversación
se sienta como un lugar al que quiero volver.
Me gustan tus ocurrencias.
Tu humor.
Tus audios de cinco minutos
que siempre terminan siendo más largos,
como si el tiempo,
cuando hablas,
dejara de tener prisa.
Y ahí está el problema.
Me gustas demasiado.
Porque cuando apareces,
todo parece sencillo.
Pero cuando desapareces,
el silencio empieza a hablar por ti.
Sé que no somos nada.
Lo sé.
No espero explicaciones por cada minuto.
Solo quisiera leer un:
"Estoy bien."
Y respirar tranquilo.
Porque me preocupas.
Y también me asusto.
Me asusta que un día
dejes de responder.
Que conozcas a alguien más.
O que simplemente
yo deje de ser suficiente
para seguir ocupando un espacio en tu día.
A veces hablamos durante horas.
Otras veces,
las horas hablan solas.
Y yo me quedo mirando una pantalla,
preguntándome
si sigo siendo importante
o si ya me convertí
en una costumbre.
No quiero que estés conmigo todo el tiempo.
Solo quiero saber
que cuando piensas en mí,
todavía existe un poco de verdad.
Y cuando dices:
"Te amo."
quiero creer
que esas dos palabras
no nacieron por compromiso,
sino porque encontraron,
aunque sea por un instante,
el mismo lugar
en el que las guardo yo.