Las etapas del crecimiento
La infancia y las primeras ilusiones
Cuando apenas somos niños, siempre pensamos en qué ser con cuando seamos grandes. Las expectativas de tener un oficio definido, la vida constituida y pensar que todo va a ser color de rosa, son la primera novatada de la vida.
La juventud y la etapa rebelde
Luego llegamos a la etapa rebelde, donde pensamos que podemos tomar el mundo con las manos y nada ni nadie nos interesa. Es aquí donde empiezan a fluir nuestras habilidades para poder desarrollarnos en un mundo totalmente distinto al que hemos vivido hasta ese momento.
La toma de decisiones
Después viene el último paso para definir nuestro camino: el último escalón para llegar al enredo que nos espera el resto de nuestras vidas. Aquí definimos lo que seremos, o eso pensamos.
La realidad frente a las expectativas
¿Por qué lo digo?
Muchas veces pensamos que estudiar una carrera profesional va a ser el motor que nos mantenga a flote siempre. Se supone que la idea es esa, pero en muchas ocasiones la vida da vueltas y nos pone en situaciones totalmente inesperadas e inciertas.
La paradoja del destino
Ahí es donde te das cuenta de que eso de que "la gente se forja su propio destino" tiene algo de cierto y algo de mentira. No hablo solo de la posición económica con la que naces, aunque en el fondo sabemos que influye, y mucho. Hablo de que el destino es un balance entre lo que intentas construir y lo que la vida decide ponerte enfrente.
Madurez y evolución personal
La redefinición de las pasiones
Muchas veces las personas idealizan su profesión y, en el camino, se dan cuenta de que no era lo que querían. Tal vez su verdadero talento está en otro campo o sus pasiones por otros temas despertaron años después. Es por eso que el gusto real por las cosas nace cuando la madurez humana finalmente despierta dentro de uno mismo.
El arte de reinventarse
Al final, nos damos cuenta de que la vida no es una línea recta ni una carrera con una meta fija. Cambiar de rumbo, descubrir una nueva pasión a los treinta, cuarenta o cincuenta años no es un fracaso; es simplemente evolucionar. Después de todo, nunca es tarde para reinventarse, dejar atrás las expectativas del pasado y empezar a construir el destino que realmente nos hace felices.
Soy el Blaco
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