Me quedo dudando con la palabra verdad, porque en el texto cambia de sentido a mitad de camino. Cuando decís que Van Doren sabe responder, verdad es acertar. Cuando hablás de fabricar autenticidad, verdad pasa a ser que nadie le haya pasado la respuesta antes. Van Doren podía acertar cada noche y mentir en el segundo sentido al mismo tiempo. Apuesto a que por eso la confesión suena tan rara: confiesa algo que el público ni sabía que se podía mentir.
Quiz Show — Cuando saber la respuesta importa menos que saber qué quiere escuchar el público
Quiz Show me parece una película muy interesante porque Robert Redford toma algo que, en apariencia, podría parecer relativamente pequeño (el escándalo alrededor de un programa televisivo de…
En series
In groups
Pensamiento
Me quedo dudando con la palabra verdad, porque en el texto cambia de sentido a mitad de camino. Cuando decís que Van Doren sabe responder, verdad es acertar. Cuando hablás de fabricar autenticidad, verdad pasa a ser que nadie le haya pasado la respuesta a
Contenido de la publicación
Quiz Show me parece una película muy interesante porque Robert Redford toma algo que, en apariencia, podría parecer relativamente pequeño (el escándalo alrededor de un programa televisivo de preguntas y respuestas) y lo convierte en una historia sobre prestigio, apariencia, dinero y esa necesidad tan humana de ser admirado.
Lo que empieza como una investigación sobre un concurso manipulado termina hablando de algo bastante más grande: cuánto estamos dispuestos a modificar la verdad cuando la mentira resulta más atractiva, más rentable y, sobre todo, más fácil de vender.
Lo que más me gusta es que la película no presenta el engaño como un secreto gigantesco organizado por genios criminales. Al contrario, el mecanismo parece casi banal. La televisión necesita audiencia, la audiencia necesita personajes y los productores necesitan mantener el interés. Cuando un concursante deja de resultar conveniente, simplemente buscan a otro que pueda representar mejor aquello que quieren vender. El problema es que, a medida que esa lógica se normaliza, todos empiezan a convencerse de que alterar un poco la verdad no puede ser tan grave si el espectáculo funciona.
Y ahí aparece la pregunta que atraviesa toda la película: ¿Cuándo una mentira deja de parecernos una mentira porque demasiada gente necesita que siga funcionando?
Charles Van Doren, interpretado por Ralph Fiennes, es probablemente el personaje más interesante porque representa exactamente aquello que la televisión necesita. Es culto, elegante, proviene de una familia prestigiosa y tiene una presencia que transmite credibilidad de manera casi instantánea. Cuando aparece frente a cámara parece construido para gustar. No solamente sabe cosas: parece el tipo de persona a la que el público quiere ver sabiendo cosas. Y ahí Redford trabaja muy bien la diferencia entre conocimiento y representación. Van Doren no es un farsante absoluto. Es realmente inteligente, tiene formación y sabe responder preguntas.
Justamente por eso su caída resulta más incómoda: no necesita hacer trampa porque sea incapaz de competir, sino que acepta hacerlo porque descubre algo mucho más seductor que ganar por mérito propio: la posibilidad de convertirse en una figura pública.
Fiennes consigue que esa transformación sea gradual. Van Doren no aparece desde el principio como alguien dispuesto a venderse por fama. Hay dudas, incomodidad y una progresión donde parece convencerse a sí mismo de que aquello que está haciendo no es tan grave. Primero una respuesta, después otra, después una justificación. Y me parece que ahí está una de las cosas más fuertes de la película: las mentiras más peligrosas no siempre son aquellas que sabemos perfectamente que estamos diciendo, sino aquellas para las que conseguimos inventarnos una explicación suficientemente elegante. Van Doren empieza creyendo que puede controlar la situación y termina descubriendo que cada mentira nueva necesita otra para sostenerla.
John Turturro, por otro lado, construye a Herb Stempel como alguien completamente distinto.
Es intenso, nervioso, orgulloso y por momentos hasta difícil de soportar. Pero justamente por eso resulta fascinante. Mientras Van Doren parece haber nacido para la televisión, Stempel siempre da la sensación de estar peleando contra la pantalla. Cuando el programa deja de necesitarlo, descubre que todo aquello que creía haber conseguido mediante su capacidad estaba condicionado por algo que nunca controló realmente: la necesidad de los productores de mantenerlo dentro del relato. Stempel pensaba que estaba jugando; en realidad, estaba participando de un guion.
Y la película es muy inteligente al mostrar que su decisión de denunciar tampoco nace de una pureza moral absoluta. Hay resentimiento, orgullo herido y una necesidad enorme de demostrar que aquello que ocurrió no fue culpa suya. Quiere decir la verdad, sí, pero también quiere que quienes lo descartaron paguen por haberlo tratado como algo reemplazable. Eso vuelve al personaje mucho más humano. Redford no necesita santos ni villanos perfectos. Le interesan personas que tienen razones válidas mezcladas con motivaciones mucho menos nobles.
El contraste entre Stempel y Van Doren también permite hablar de clase, prestigio y apariencia. Van Doren entra a una habitación y parece legítimo antes de pronunciar una palabra. Tiene apellido, educación, modales y una familia reconocida. Todo eso le otorga algo que Stempel nunca tuvo: el beneficio inmediato de la credibilidad. Y creo que la película entiende muy bien ese mecanismo. No siempre confiamos en alguien porque tengamos pruebas de que dice la verdad. Muchas veces confiamos porque encaja perfectamente en nuestra idea de cómo debería verse una persona confiable.
Ahí el escándalo deja de ser solamente televisivo y empieza a hablar de cómo funciona el prestigio. Van Doren puede mentir y seguir pareciendo respetable porque todo alrededor suyo está construido para confirmar que lo es. Stempel puede decir la verdad y seguir pareciendo sospechoso porque su personalidad, su forma de hablar y su resentimiento lo vuelven menos atractivo para quienes necesitan escucharlo. Y eso me parece brutal: la verdad no siempre compite contra la mentira en igualdad de condiciones. También compite contra la imagen que tenemos de la persona que la está diciendo.
Rob Morrow, como Richard Goodwin, funciona muy bien como nuestra entrada a la investigación. Empieza creyendo que está siguiendo un fraude concreto y termina encontrándose con una estructura donde todos tienen algún motivo para mirar hacia otro lado.
Lo interesante es que su relación con Van Doren complica todo. Goodwin no solamente empieza a respetarlo, sino que disfruta de su compañía. Y eso introduce algo muy humano dentro de la investigación: resulta mucho más fácil perseguir a alguien cuando podemos imaginarlo claramente como culpable. El problema aparece cuando la persona que investigamos nos cae bien, nos parece inteligente o representa cosas que admiramos.
Por eso Quiz Show funciona tan bien cuando deja de buscar un único culpable. Van Doren hizo trampa. Stempel también participó. Los productores manipularon. La cadena se benefició. Los patrocinadores querían audiencia.
El público quería espectáculo. Todos forman parte del mecanismo en distintos niveles. Y ahí la película empieza a volverse realmente incómoda porque resulta mucho más sencillo encontrar un culpable individual que aceptar que el problema pertenece al sistema entero. Si castigamos solamente a Van Doren, podemos fingir que todo ocurrió porque una persona decidió mentir. Pero el fraude ya existía antes de él y podría haber continuado después.
Eso no elimina su responsabilidad, pero la coloca dentro de algo más grande. La televisión descubre que puede fabricar realidad y que, mientras el público siga mirando, hay pocos incentivos para detenerse. El espectador no ve reuniones de productores ni respuestas entregadas de antemano. Ve a un hombre frente a una cámara respondiendo preguntas y cree que aquello que ocurre delante suyo es auténtico.
Ese pacto de confianza es lo verdaderamente importante, porque una vez que descubrimos que el espectáculo estaba armado, no solamente dejamos de confiar en el concursante. Empezamos a preguntarnos cuánto de aquello que observamos está construido para provocar exactamente la reacción que alguien quiere producir en nosotros.
Ralph Fiennes también está muy bien en la forma en que muestra el peso de decepcionar a quienes realmente importan. Van Doren no pierde solamente fama o dinero. Existe algo mucho más doloroso en la posibilidad de decepcionar a su familia, especialmente porque viene de un mundo intelectual donde su apellido ya tenía prestigio antes de la televisión. Él no necesitaba el programa para ser alguien. Pero una vez que prueba lo que significa ser reconocido por millones de personas, aquello que ya tenía empieza a parecer insuficiente. Y eso me parece profundamente humano: no siempre queremos más porque nos falte algo; a veces queremos más porque descubrimos una forma de reconocimiento que todavía no habíamos experimentado.
El desenlace funciona porque la confesión no repara verdaderamente aquello que ocurrió. Decir la verdad importa, pero no devuelve automáticamente la inocencia. No elimina las decisiones anteriores ni transforma al personaje en alguien moralmente superior. Van Doren tiene que reconocer públicamente aquello que hizo y el momento resulta incómodo justamente porque sabemos que no existe una frase capaz de resolverlo todo. Redford parece mucho más interesado en mostrar cómo personas inteligentes, respetables y aparentemente decentes pueden terminar participando de algo corrupto cuando cada pequeño paso parece suficientemente justificable.
Quiz Show me parece una película inteligente, muy bien actuada y especialmente interesante cuando deja de hablar solamente de un concurso televisivo y empieza a preguntarse por qué queremos creer en determinadas personas. Para mí, el verdadero escándalo no era que algunos concursantes supieran las respuestas de antemano. Era que una industria entera había descubierto que podía fabricar autenticidad y venderla como si fuera verdad.
Y quizás por eso el título sea tan perfecto. Todos creen estar viendo un concurso de conocimiento, pero el verdadero juego nunca consistió simplemente en saber la respuesta correcta. Consistía en descubrir quién podía hacer que una mentira pareciera lo suficientemente verdadera como para que millones de personas quisieran seguir mirándola.
Thoughts
-
PermalinkLo de Stempel me pesó más que lo de Van Doren, igual que en Tokyo Story me quedé con los viejos y no con los hijos. Sabe las respuestas y pierde porque la cara y la ropa no le sirven a nadie. En Lima vi eso en varias mesas: se le creía más al muchacho de buen apellido que al que había hecho la obra.
Por eso repartir la culpa entre todos no me cuadra. Stempel queda en la misma bolsa que el productor que lo sacó.
-
PermalinkMe quedo dudando con la palabra verdad, porque en el texto cambia de sentido a mitad de camino. Cuando decís que Van Doren sabe responder, verdad es acertar. Cuando hablás de fabricar autenticidad, verdad pasa a ser que nadie le haya pasado la respuesta antes. Van Doren podía acertar cada noche y mentir en el segundo sentido al mismo tiempo. Apuesto a que por eso la confesión suena tan rara: confiesa algo que el público ni sabía que se podía mentir.
Related posts
-
El mayordomo de la Casa Blanca — Ver cambiar a un país desde el lugar de quien siempre estuvo obligado a servir
Hay películas que cuentan la historia de un país desde quienes tomaron las decisiones, firmaron las leyes o pronunciaron los discursos que después terminaron en los libros. Lee Daniels’ The Butler…
-
The Bride! — Crear a alguien no significa tener derecho a decidir quién debe ser
The Bride! toma una historia que conocemos hace décadas y decide cambiar completamente el punto de vista.
-
Chungking Express — Cuando alguien se va, hasta los objetos empiezan a extrañarlo
Chungking Express me parece una película sobre la soledad en uno de los lugares donde parecería más difícil estar solo.
-
The Prestige — El truco funciona porque necesitamos que nos engañen.
The Prestige es probablemente una de las películas donde Christopher Nolan explica mejor su propia relación con el cine sin hablar directamente de cine. Porque toda la película está construida…
-
The Godfather Part II — ¿Qué queda de vos cuando ya conseguiste todo?
Si en The Godfather veíamos cómo Michael Corleone se convertía lentamente en aquello de lo que durante toda su vida había intentado escapar, The Godfather Part II hace algo todavía más grande: Nos…
-
Tarzan — Encontrar dónde pertenecemos sin olvidar de dónde venimos
Tarzan es una de esas películas de Disney que, debajo de la aventura y del humor, habla de algo bastante más íntimo: la necesidad de saber dónde pertenecemos. Tarzan crece entre gorilas, aprende sus…
-
A Most Wanted Man — Cuando hacer lo correcto también significa aprender a esperar
A Most Wanted Man es una película de espionaje que prácticamente elimina todo aquello que solemos asociar con el género. No hay grandes persecuciones, explosiones ni agentes capaces de resolver una…
-
The Beach — Encontrar el paraíso y descubrir que el problema siempre fuimos nosotros
The Beach me parece una película mucho más interesante cuando uno deja de verla únicamente como la historia de un joven que encuentra una playa paradisíaca y empieza a pensarla como una película…