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¡Quédate conmigo!

Jorgeguzman
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¡Muerte, muerte! —grita el enemigo

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La memoria se me perdía entre aquella luz y los recuerdos. Viajé seis años hacia el inicio de mi dolor para descubrir que la luz siempre fue la misma; hacía falta verla bien: siempre estuvo allí, mi Salvador.

Regresé al presente como despertando de una pesadilla, y me levanté de mi cama. Mis ojos, atraídos por tan impresionante brillo, imposible de mirar, insoportable de mantener.

Este aumentaba, y tras el cristal de aquella ventana, uno de mis ojos se observaba negro, negro en su totalidad, completamente dominado por el iris; la oscuridad se comía lo puro, aquel líquido negro se tragaba mi córnea blanca, igual que aquella luz, la misma que me revelaba la verdad.

Y no sé en qué momento se apagó todo. Todo se derrumbó; la tristeza caminó entre los salmos del Señor y los manchó.

Inundó con lo conocido y despreciable —que ni su nombre merece mencionarse— y llegó hasta los salmos: en lugar de alegría, manchó la poesía.

Y ya no solo atraviesa los escritos libres, sino que ha llegado a los poemas, ha llegado a lo más preciado: la escritura de los salmos.

¡Muerte! ¡Muerte! —grita el enemigo.

¡Cristo! ¡Cristo! ¡Quédate conmigo!

— Jorge Guzmán

Thoughts

  • quiza_me_equivoco

    Esa última línea es lo único que necesitaba oír. No sé si es la respuesta que buscas, pero suena como si ya la tuvieras.

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