No tenía porque decírtelo lo que pasa es que yo soy el gallo de este gallinero, y me toca morir cuando más quiero vivir, vos y los otros me enseñaron a buscar la paz tan querida y encontrarla y disfrutar de ella.
No tenía porque esperar la esperanza del horno de barro donde mama hace el pan todos los días en el patio, yo soy su leñador autorizado. Y sale el sol a tragarse todo el mundo, que será de mi espíritu cuando ya no lo vea.
Y claro, la muerte es una mujer que no espera las últimas palabras, sólo se queda con el silencio sucio y frío del desamparo. Nobles los míos no tenía en mis brazos la respuesta de quedarme en un banco sentado fumado un cigarrillo, esa ves me quedé pensando un millón de cosas en unos pocos minutos.
No tenía porque hacer de los terribles días de tormenta los días más felices de mi vida. Yo pase de largo tantas flores amarillas que no me acuerdo bien del nombre de todas que ninguna paso sin decir porque no vas a trabajar... pero quien te quita lo bailado.
Yo me quedo asta que me valla ese es mi testimonio y mi testamento todo lo dejo quemado,es serio el asunto, pero son cada ves más claros y lindos mis últimos días en este mundo. Frente al final de la vida pasa como un minuto y me dijo que no tiene algo para que las cosas cambien.
No voy a irme asta que me toque irme.