Cargando…

Capítulo 2: Piso 1 (parte 1)

NicolasPeanl
Pública 7 conversaciones 15 pensamientos 30 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

El mundo se volvió caótico.

En series

In groups

Contenido de la publicación

El mundo se volvió caótico.

Por todas partes veía gente rezando, gritos haciendo eco entre los edificios y madres abrazando a sus hijos como si sus brazos pudieran protegerlos del fin.

Pronto, todas las pantallas de la ciudad se volvieron azules.

Y entonces comenzó el discurso del presidente.

Su rostro estaba pálido, pero sus palabras intentaban sonar firmes.

—Ciudadanos de la República de Corea, hace unos minutos se produjo un anuncio mundial. Les pedimos que mantengan la calma. El gobierno está trabajan...

No terminé de escuchar.

Yo sabía que nada de lo que dijera podría apaciguar a los creyentes fervorosos, ni a las personas aterradas por la idea del fin del mundo.

Mientras el discurso continuaba, helicópteros comenzaron a aparecer en el cielo. En las calles, soldados y vehículos blindados intentaban contener a la multitud.

Pero ellos también estaban asustados.

Se notaba en sus manos.

En la forma en que apuntaban sus armas.

En cómo sus ojos se movían de un lado a otro, buscando una respuesta que nadie podía darles.

Los gritos y los rezos se mezclaban en el aire.

Botellas volaban de un lado a otro.

Algunas personas corrían.

Otras caían de rodillas.

Otras simplemente miraban las pantallas, esperando que alguien les dijera que todo era una broma.

Pero yo empecé a caminar lentamente hacia el centro de la avenida.

Puede que no recordara casi nada de esta época.

Puede que no supiera dónde vivía Kim Cheonro, quiénes eran sus conocidos o qué clase de vida llevaba antes de que yo ocupara su cuerpo.

Pero había algo que sí sabía reconocer.

Las grietas.

Pequeñas fisuras en la realidad.

Al principio eran casi indistinguibles. Solo una ligera desviación de la luz, una distorsión mínima, como si el mundo hubiera sido doblado en un punto invisible.

Con el tiempo crecían.

Se abrían.

Respiraban.

Y entonces dejaban entrar el infierno.

Me acerqué al centro de la avenida.

A mi alrededor, los militares apuntaban sus armas hacia la multitud, aunque sus dedos temblaban sobre los gatillos.

La gente gritaba.

Los autos estaban detenidos.

Los helicópteros rugían sobre nuestras cabezas.

Pero yo lo ignoré todo.

Estiré la mano hacia la grieta.

En ese instante, un tono rojizo comenzó a apoderarse del ambiente.

El aire se volvió pesado.

La luz perdió su color.

Y un olor espeso, podrido, familiar, comenzó a filtrarse desde el otro lado.

Miasma infernal.

El segundo paso de una grieta abierta.

Entonces apareció la pantalla.

[Anuncio mundial]

[Se ha abierto la puerta al primer piso de la Torre.]

[Felicitaciones al cazador Kim Cheonro por ser el primero en encontrar la grieta.]

[Ubicación de la grieta: Corea del Sur.]

[Por ser el primero en encontrar la grieta, se le concede derecho de entrada.]

[Que la suerte lo acompañe.]

[Mucha suerte para todos. :)]

La humanidad todavía no entendía esas frases.

Pero el derecho de entrada no era un simple privilegio.

Era una amenaza disfrazada de recompensa.

Recordé el pasado.

El primer jugador que entró al primer piso murió a los pocos minutos. Su muerte abrió la puerta por completo, y los demonios del piso invadieron la realidad.

Corea del Sur se convirtió en un mar de sangre.

Las calles ardieron.

Los edificios cayeron.

Y cientos de miles de personas murieron antes de que el fenómeno terminara.

Solo se detuvo por una razón.

En esta etapa inicial, la manifestación de una grieta no podía durar más de veinticuatro horas.

Por ahora.

Inhalé lentamente.

Luego exhalé.

La pantalla cambió.

[¿Desea entrar al primer piso de la Torre?]

[Tenga en cuenta que rechazar la entrada implicará consecuencias.]

[Sí / No]

Miré la grieta.

El rojo del otro lado parecía mirarme de vuelta.

—Sí.

[Bienvenido, cazador Kim Cheonro.]

[Por ser el primer cazador en ingresar a la Torre, se aplicarán las siguientes bonificaciones:]

[+20% de experiencia]

[+20% de oro adquirido]

[+5% de probabilidad de botín]

[+10% de Fuerza]

[Duración: 2 pisos]

[Que la suerte lo acompañe.]

Un mareo violento me atravesó.

El suelo desapareció bajo mis pies.

La ciudad, los gritos, los helicópteros, las pantallas azules y el cielo de 2012 se deshicieron como tinta en el agua.

Mi visión se apagó.

Y cuando abrí los ojos otra vez...

El mundo volvió a ser rojo.

[Piso n°1: Castillo]

[misión: defienda el castillo hasta el final del asedio]

[condición de éxito: -70% de daño recibido]

Pronto, mi conciencia fue arrastrada hacia otro cuerpo.

Y junto con ella, llegó información a mi cabeza.

Actualmente, soy el general Dionis, comandante encargado de la defensa del castillo del feudo Clemen.

Estoy de pie sobre la muralla.

El viento golpea mi rostro.

Frente a mí, en la distancia, un ejército avanza lentamente.

Goblins.

Hobgoblins.

Miles de criaturas cubren el horizonte como una marea verde y oscura.

A los costados, los goblins más pequeños cargan escaleras de asedio sobre sus hombros. Otros empujan arietes improvisados hechos de troncos, huesos y hierro oxidado.

No sería complicado si solo se tratara de eso.

El verdadero problema son sus números.

Miles.

Quizá decenas de miles.

Y de este lado...

Quinientos soldados de infantería.

Cien arqueros.

Y un general.

—Hah...

Suspiro lentamente.

En el pasado, cientos de cazadores tuvieron que unirse y entrar juntos para superar este piso.

Pero ahora no podía esperar a que la humanidad se organizara.

No podía esperar a que nacieran gremios.

No podía esperar a que los fuertes despertaran.

No podía esperar nada.

Hay un dicho entre los cazadores.

La Torre es justa y cruel.

Justa, porque toda hazaña recibe una recompensa equivalente.

Cruel, porque sus pruebas siempre están diseñadas para quebrarte antes de que puedas reclamarla.

Antes de seguir pensando, debo actuar.

El tiempo no está a mi favor.

Observo a los soldados apostados en la muralla.

Nadie habla.

Nadie se mueve.

Sus manos tiemblan sobre las lanzas. Sus mandíbulas están apretadas. Algunos ni siquiera miran al enemigo; miran al suelo, como si ya hubieran aceptado su muerte.

Terror.

Miedo puro ante una muerte inminente.

Primero tengo que cambiar esas miradas.

Levanto la voz.

—¡Soldados de Clemen!

Todos giran hacia mí.

Algunos por reflejo.

Otros por desesperación.

—¡Miren detrás de ustedes!

Los soldados obedecen.

Detrás de la muralla está la ciudad.

Casas de piedra.

Calles estrechas.

Ventanas abiertas.

Mujeres abrazando a sus hijos.

Ancianos aferrados a bastones.

Niños mirando con ojos demasiado grandes para entender lo que está a punto de ocurrir.

Algunos soldados comprenden de inmediato lo que quiero decir.

Otros siguen demasiado asustados como para pensar.

Entonces aprieto los dientes y grito con más fuerza.

—¡Hoy somos la última defensa de nuestras familias! ¡De nuestros hogares! ¡De todo lo que alguna vez juramos proteger!

El silencio pesa sobre la muralla.

Doy un paso al frente.

—¡Hoy no somos solo soldados!

Miro sus rostros uno por uno.

—¡Somos padres! ¡Somos hijos! ¡Somos hermanos! ¡Somos vecinos!

Levanto la espada del general Dionis hacia el ejército enemigo.

—¡Díganme, soldados de Clemen! ¡¿Dejaremos morir a nuestras familias?!

Durante un instante, nadie responde.

Luego, una voz grita.

—¡No!

Otra se suma.

—¡No!

Y entonces todas explotan al mismo tiempo.

—¡NO!

El sonido sacude la muralla.

Bien.

Pero todavía no alcanza.

—¡¿Dejaremos que esas bestias atraviesen nuestras puertas, quemen nuestras casas y arrastren a los nuestros como ganado?!

—¡NO!

Esta vez el grito es más fuerte.

La rabia comienza a reemplazar al miedo.

—¡Entonces escúchenme bien!

Clavo la espada contra la piedra de la muralla.

—¡No dejen pasar ni a un solo monstruo!

El viento sopla.

El ejército enemigo avanza.

Y yo grito hasta sentir que la garganta arde.

—¡Por nuestras familias!

—¡POR NUESTRAS FAMILIAS!

—¡Por Clemen!

—¡POR CLEMEN!

Los gritos se repiten una y otra vez.

Al principio, eran voces quebradas.

Después, rugidos.

En la mayoría de los ojos ya no quedaba solo terror.

Ahora había furia.

Frustración.

Sed de sangre.

Y eso era suficiente.

Porque un soldado asustado muere antes de que empiece la batalla.

Pero un soldado furioso...

Todavía puede matar antes de caer. 

Thoughts

  • Amaranta

    Me preocupa este Kim. Despierta sin recordar nada, en una guerra imposible. ¿Va a tener a alguien que lo ayude?

    Permalink
  • versoAjeno

    Había un silencio en esa muralla antes del grito que me llegó. Soldados sin hablar, con miedo, mirando al piso. Eso duele más que cualquier batalla.

    Permalink
  • subrayoTodo

    Me confunde el "recordé" que repite. ¿Ya vivió esto antes? ¿Es memoria de otro Kim?

    Permalink
  • relatoBreve

    los últimos párrafos son pura adrenalina. ese ritmo de "¡NO! ¡NO! ¡NO!" te arranca del aire, aunque leas en quince minutos

    Permalink
  • quintopiso

    ese discurso del general "¡por nuestras familias!" es de película, pero en la vida real es cada conserje, cada electricista, cada día

    Permalink
  • pnavarro64

    Me atrapó lo del system. ¿Este Kim sigue en 2012 de verdad o entramos a otra dimensión?

    Permalink
  • paginaDoblada

    el cambio de "madres abrazando a los hijos" a "goblins en la muralla"... ¿siempre es así el viaje mental en esta historia?

    Permalink
  • melisaenlacola

    eso de pasar de rezos en la avenida a Torres de fantasía en dos párrafos es brutalmente abrupto

    Permalink