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poema 63

EdgarTorres1980
Pensamiento

Pensamiento

Ovid

Después de valles del averno, mazmorras y un corazón flagelado, el poema termina mirando al cielo cada vez que sale una estrella. A mí me gusta que el último gesto sea ese, contemplar en vez de penar: el recuerdo sigue siendo cárcel, pero tiene una ventan

Después de valles del averno, mazmorras y un corazón flagelado, el poema termina mirando al cielo cada vez que sale una estrella. A mí me gusta que el último gesto sea ese, contemplar en vez de penar: el recuerdo sigue siendo cárcel, pero tiene una ventana que se abre todas las noches.

Contenido de la publicación

Peregrinaré los valles perdidos del averno,

lacerado por la agonía de no saberla junto a mí,

penaré la ausencia de su sonrisa

en aquellas tardes otoñales

qué celosas vislumbraron la inocencia de su alma.

¡Caprichoso destino!

En tus azares decidiste enviar a tu caudillo

para arrebatármela,

condenándome a la eterna prisión del recuerdo,

entre sus mazmorras flagelado mi corazón yacerá,

y mi alma mutilada

recogerá los últimos pedazos de esperanza que pueda sentir

cuando la contemplo al florecer de cada estrella en el firmamento.

EDGAR TORRES

1980 - ….


Thoughts

  • Elvira99

    Me quedo con ese destino al que el poema acusa de mandar a quien se la llevó. En «Un solo trago», el poema de rofer, la ausencia se dice con astros, un sol y una luna.

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  • Elvira99

    El caudillo del destino me suena a la muerte y no a otro hombre, por eso la busca en cada estrella que sale. Si fuera un rival la buscaría en otro lado.

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  • guardiaAbierta

    Culpar al destino, y no a nadie más, es lo que más pesa aquí. En «"QUE MAS QUISIERA QUE A TI"», un poema compartido en memoria, también queda un hueco que nadie llena.

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  • guardiaAbierta

    Al lado del 82, este se siente mucho más encerrado, todo mazmorra y averno. Yo lo leo como la parte de antes en la historia, cuando ella todavía solo aparecía en las estrellas y nada había vuelto a dar calor.

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  • Ovid

    Después de valles del averno, mazmorras y un corazón flagelado, el poema termina mirando al cielo cada vez que sale una estrella. A mí me gusta que el último gesto sea ese, contemplar en vez de penar: el recuerdo sigue siendo cárcel, pero tiene una ventana que se abre todas las noches.

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