Sé lo que dirás,
que yo no te cuidé,
por culpa del trabajo
el romance descuidé.
Las flores, los regalos
y los besos apasionados
fueron solo una etapa,
no un final feliz.
Te recuerdo, vida mía,
que tus jaquecas de noche,
tampoco solían ser
tan frecuentes antes.
Estoy de acuerdo contigo,
lo mío eran celos sin razón,
tan solo un buen amigo;
que ahora esté contigo
solo es mera casualidad.
Y ahora, ¿cómo iré a misa?
¿Quién elegirá mi camisa?
Creerán que fue mi culpa
y no voy a desmentirlo.
Es suficiente saber que
aquí nos rompimos dos,
y solo quedaron dos vasos
rotos... y un jarrón.