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La biografía del que devora el amor: Cuando la niñez pierde su inocencia (Falsos profetas)

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La biografía del que devora el amor:
Cuando la niñez pierde su inocencia (el bien y el mal)

Adornar con nostalgia la mentira, es mentir,
pero eso es la audacia del que engaña, adornar.

Niños que se sientan unos juntos a otros,
le rinden pleitesia a la reina de naipes,
desde niña aprendió el idioma de la sirena,
sabe que era reina entre toda adulación.
Un niño le confió un secreto, un gesto,
de amor infantil, inocente y sincero.
La reinecita en charla banal confesó aquello,
ante alguien que notó la autoadulación flagrante
en el discurso de la reina de naipes,
¡Oh, desde joven! aprendió a cantar como sirena.
La pleitesia tolera que otros se sacrifiquen,
pero no se sacrificaría por nadie jamás,
habla de confianza y traicionó la confianza,
de aquellos nombres que le guardaban amor inocente.
Fue confrontado aquel pobre niño, igual de inocente,
su sentir de ángel y su amor secreto, cuerdas de oro,
que la maestra ante su secreto revelado,
cortó de tijeretazo ante el podio del castigo público.
Pobre San Valentín, aquél día lo maceraron de tajo,
ese que declaró su amor tímido y secreto,
terminaron hoy en día llamándolo cobarde de antaño.
Si la injusticia tiene nombre, es el de la lengua mal intencionada.

Esto no es lo triste sino la autojustificación,
de romper pechos con promesas rotas,
triangulaciones y la excusa de no rendir cuentas a nadie.
Esconderse en relatos de la niñez para no enfrentar
la gravedad de los actos de la adultez
donde te burlas de los te amo de quien te ama,
lo cambias como bolsa de basura que ya llenaste
ahora llena de toda tu mierda y traumas e inútil,
se encuentra otra bolsa para seguir llenándola
con el frío de la misma intemperie,
de lo que los santos llamaron:
"Amadores de si mismos de este siglo."
No aman más que aquella belleza que fingen
es su arma, desde niños el orgullo se ríe
es parte de sus rostros con muecas corvas
que solo los heridos y el buen Dios del cielo juzgan.
Firmar una carta como ser la víctima incomprendida
lo hacen quienes niegan su propio reflejo.

Pobres los que vieron con mirada de amor
ese falso reflejo en un agua turbia y disparejo,
engañados le subieron la soberbia a ese ángel caído
no del primer amor sino de los primeros engaños.


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