Llegué tarde a la estación,
los trenes ya no pasan.
La boletería está oxidada;
solo tengo los recuerdos
de la gente llenando este lugar,
de las voces rebotando
ahora en rincones vacíos.
Entre el polvo susurran viejos destinos.
Al fondo se ve una luz;
tal vez aún quede otro tren por pasar.
Miro fijo al andén,
esperando,
siempre esperando.
¿Y cómo llego a mi destino
si el único ticket ya se entregó?
Me quedo mirando el horizonte,
como quien espera un barco
que jamás partió.
A esa playa ya no van visitantes;
solo quedan las huellas
que el viento olvidó borrar.
Las gaviotas repiten mi nombre
como un eco cansado de llamar.
Todos los trenes ya no van a mi hogar;
sus rieles se oxidan en la distancia,
y las estaciones duermen vacías,
esperando un regreso
que no sabrán anunciar.
Llegue tarde a la estación,
el tiempo no espera y los trenes avanzan a su destino final
la luz se desvanece,
ya no quedan trenes que puedan llegar a mi hogar.