Y si quisieras un poquito de mi suerte,
agarrala, pero fijate que sea después de mi muerte.
No te asustes, ando un poco enfermo
(llegando así, quizás nunca termine este infierno).
¿Y qué si temblás al sostenerla?
¿Qué si rogás, pidiendo que nunca se te diera?
Toqué tu puerta un domingo.
La ventana tenía unos ojos asesinos.
Te pedí licor para hablar contigo
(es que sobrio veo que me limito).
No quiero lastimarte, pero solo fui tu amigo.
La verdad, tus chistes siempre fueron míos.
No sé cómo decirte:
después de tanto, siento algo que me pica.
Al oído te susurro:
si te vas, es un problema tuyo.
No me vengas con tus cuentos,
que sin mí la vida ya no tiene sentido.
Payaso de cuarta, no te creo nada.
Lagrimea, a ver si te da la cara.
Me lastimaste y fue en serio,
tanto con ella te quisiste hacer el genio.
Te recuerdo que me salvaste,
pero ahora ya no queda ni tu madre.
Y espero que te cueste olvidarme,
que mi nombre sea una pesadilla
y mi apellido, una linda astilla.