Escribo al hombre que fue niño, al pichón que hace tiempo voló lejos de su nido; que, paso a paso y sin testigos, fue construyendo, de a poco, su camino
Al valiente que lo hizo, aunque no quiso; que narra con nostalgia las historias que ha vivido y que, en el silencio, solo sigue sus latidos
Mis sueños y la distancia no me harán olvidar ni perder la esperanza de volver a mi hogar.