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En todas partes

fperrone
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Hay personas que se van

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Contenido de la publicación

Hay personas que se van

y, sin embargo,

no terminan de irse.

No hace falta buscarlas.

A veces aparecen solas,

escondidas en un gesto,

en una mirada ajena,

en la luz de cierta tarde,

en un lugar que de pronto

parece guardar una historia.

Y entonces el tiempo hace trampa.

Por un instante,

lo que ya pasó

parece volver.

No hace falta pronunciar un nombre.

Hay recuerdos que tienen

su propia manera de aparecer.

Extrañar no siempre es llorar.

A veces es seguir viviendo

con una ausencia que aprendió

a pasar desapercibida.

Es reírse durante el día

y sentir, de repente,

que falta alguien para contarle eso.

Es descubrir que algunas cosas

ya no significan lo mismo

desde que alguien dejó de estar.

Pero hay una forma de extrañar

más difícil todavía:

extrañar lo que nunca fue.

Querer sin haber tenido.

Esperar sin promesas.

Imaginar una historia

que apenas alcanzó a existir

en la imaginación.

Hay amores que nacen

sabiendo que no tendrán destino.

Y aun así crecen.

Sin derechos,

sin certezas,

sin siquiera la esperanza

de convertirse algún día

en lo que sueñan ser.

Porque el corazón

no sabe de imposibles.

Puede entender que no será.

Puede aceptar que no corresponde.

Puede incluso aprender a callarse.

Pero no siempre aprende

a dejar de sentir.

Y quizás lo más doloroso

no sea perder a alguien,

sino tener que despedirse

de una vida que nunca existió.

De los abrazos que no sucedieron.

De las palabras que quedaron guardadas.

De todos esos futuros imaginados

que el tiempo jamás permitió conocer.

Después, la vida sigue.

Y parece que todo vuelve a su lugar.

Hasta que algo mínimo

abre una grieta en el presente

y por ella se asoma el pasado.

A veces apenas dura un segundo.

Pero alcanza.

Alcanza para recordar

que hay personas que dejan de estar

sin dejar de existir

en alguna parte de nosotros.

Y también hay amores

que nunca llegan a ser historia

y, sin embargo,

dejan una huella profunda.

Tal vez olvidar

no sea borrar.

Tal vez sea aprender

a llevar ciertas ausencias

sin intentar convertirlas

en presencia.

Aceptar que algunas personas

pertenecieron a nuestra vida,

y que otras

pertenecieron solamente

a nuestros sueños.

Pero ambas pueden quedarse.

Porque hay quienes se marchan

y quienes nunca llegan,

y, de alguna manera,

los dos pueden dejar

el mismo vacío.

Por eso hay recuerdos

que aparecen sin aviso,

amores que sobreviven

sin haber sido correspondidos,

y personas

que, aunque ya no estén,

siguen estando

en todas partes.