Manual de supervivencia para una película donde morir no significa necesariamente desaparecer
ADVERTENCIA DE CAMPO
Estos zombis no son los de siempre.
Si usted está leyendo esto esperando que caminen lentamente hacia usted mientras gruñen, vuelva a leer el encabezado.
1. EL NUEVO MODELO DE ZOMBI
Los zombis de esta película son únicos.
No solamente han aprendido a utilizar herramientas: han desarrollado una forma de canibalismo express que vuelve inútiles casi todas las reglas conocidas de supervivencia.
Poseen mandíbulas semejantes a las de un root wailer: una estructura capaz de ejercer una fuerza brutal y, sobre todo, de trabajar en grupo.
Veinte zombis contra un humano.
No necesitan veinte minutos.
No necesitan cinco.
Veinte segundos.
Ese es el tiempo aproximado que necesitan para reducir a un ser humano entero a materia digestible.
Carne, músculos, órganos, tendones, cartílago y huesos.
Todo.
No dejan cadáver.
No dejan extremidades.
No dejan sangre suficiente para rastrear a la víctima.
La eficiencia es tan absurda que parece diseñada por una máquina industrial:
morder → arrancar → tragar → siguiente bocado.
2. EL LABORATORIO
Davo sostiene su 9 mm detrás de la puerta.
El arma está preparada.
El cargador, lleno.
Del otro lado espera su hermano y el resto del equipo SWAT, que ha entrado al laboratorio infestado para recuperar las muestras de ADN.
Davo escucha.
Nada.
Mira por la pequeña abertura.
Algo no cuadra.
No parecen ser tantos.
Ese detalle será importante durante exactamente unos segundos.
Entonces llega el procedimiento de demolición.
ARIETE DE ASEDIO
Una masa de acero montada sobre un bastidor.
Su función es sencilla:
convertir una puerta en un recuerdo.
El equipo retrocede.
—¡AHORA!
El ariete golpea.
¡BOOOOM!
La puerta cede.
Y entonces Davo comprende el error.
No había pocos zombis.
Había muchos.
Estaban detrás de ellos.
3. VEINTE SEGUNDOS
Los soldados apenas alcanzan a levantar las armas.
Los primeros zombis caen sobre el frente.
Los siguientes pasan por encima.
Los demás llegan desde los costados.
No hay una batalla.
Hay una trituradora biológica.
Los fusiles desaparecen bajo una masa de cuerpos.
Un casco rueda por el suelo.
Otro queda atrapado entre decenas de mandíbulas.
Los chalecos permanecen un instante visibles mientras debajo de ellos desaparecen los hombres.
Los gritos duran menos que los disparos.
Davo mira.
—¿Mi hermano?
Pausa.
—¡Mi hermanito!
Pero ya no existe una persona que pueda contestarle.
Solo quedan armas.
Cascos.
Placas.
Fragmentos de equipo.
Y un charco que los zombis terminan lamiendo del suelo.
Menos mal todavía no usan armas.
Davo cierra nuevamente el pesado portón.
Lo cierra con una mano temblando.
Con la otra sostiene el 9 mm.
Entonces aprieta el gatillo.
4. LAS 24 BALAS
CLIC.
Davo ha vaciado las veinticuatro balas de su cargador doble.
Veinticuatro proyectiles.
Veinticuatro oportunidades.
Una sola baja confirmada.
Un zombi.
La diferencia entre munición y supervivencia acaba de hacerse evidente.
Davo cambia el cargador.
Mira la colina.
Y corre.
5. RETIRADA
Corre como un demonio.
Por suerte, estos zombis tienen una limitación:
todavía no corren tan rápido como un soldado en retirada.
Davo dispara mientras asciende.
Dispara de cerca.
Demasiado cerca.
Los impactos revientan cabezas y mandíbulas.
Cada disparo levanta una nube de pequeños fragmentos blancos y oscuros.
Algunos proyectiles atraviesan.
Otros revientan contra el hueso.
Otros apenas consiguen ralentizarlos.
Davo no tiene tiempo de comprobar nada.
Solo dispara.
128 cartuchos.
La totalidad de sus cargadores.
Cuando finalmente alcanza la cima, su rostro está cubierto de sangre y diminutas esquirlas de hueso.
No sabe cuánto de aquello pertenece a los zombis.
No quiere saberlo.
Sigue corriendo.
6. EL SOLDADO QUE REGRESA SOLO
Cuando divisa la base siente algo peor que el cansancio.
Vergüenza.
La vergüenza del soldado que regresa sin su comandante.
Sin sus compañeros.
Sin su unidad.
Sin su hermano.
Regresa solo.
Camina hacia la entrada.
La campana está ahí.
Solo tiene que hacerla sonar.
Pero no quiere.
Primero necesita limpiarse.
Necesita componerse.
Necesita parecer un hombre que sobrevivió.
No un hombre que acaba de ver cómo se comían a su hermano.
Entonces levanta la mirada.
Miles de cámaras ya lo están observando.
La puerta se abre.
7. ¡ESTÁ VIVO!
Adentro hay una celebración.
Todos están emocionados.
Todos gritan.
Todos quieren tocarlo.
¡HA REGRESADO!
Davo no entiende nada.
Hasta que escucha:
—¡Es la primera vez que alguien vuelve ILESО!
Entonces aparece otro Davo.
Lo abraza.
Davo se queda petrificado.
Es él.
Exactamente él.
Misma cara.
Misma voz.
Mismo cuerpo.
Pero vacío de todo aquello que acaba de suceder.
Un clon sin filosofía.
Sin remordimientos.
Sin memoria moral.
Davo siente algo todavía más extraño:
le da cariño.
No sabe por qué.
No sabe qué significa abrazarse a uno mismo.
Hasta que ve al siguiente.
El clon de su hermanito.
Y entonces se rompe algo dentro de él.
O se arregla.
Ya no sabe.
Solo sabe que vuelve a abrazarlo.
8. LA CELEBRACIÓN
Todos hacen preguntas.
Alguien le entrega licor de frutas.
Otro le pone una medalla.
Otro lo abraza.
Otro brinda.
Otro llora.
Otro ya está completamente borracho.
Davo bebe.
Vuelve a beber.
Bebe porque sobrevivió.
Bebe porque su hermano murió.
Bebe porque su hermano está vivo.
Bebe porque hay dos Davos.
Bebe porque hay dos hermanos.
Bebe porque nadie parece saber exactamente qué ocurrió.
La celebración se convierte en una confusión monumental.
Y lo último que Davo recuerda con claridad es despertar abrazado a dos mujeres, mientras a sus pies hay dos generales observándolo todo.
Frente a ellos:
una estatua de su hermano.
Cubierta de coronas.
Flores.
Homenajes.
Cintas púrpuras.
El héroe muerto.
El héroe clonado.
El héroe borracho.
El héroe que nadie sabe quién es.
9. EL ORIYINAL
Su clon está todavía peor de borracho.
Ya nadie sabe quién es quién.
Ni siquiera ellos.
Solo saben una cosa:
algo ocurrió ayer.
Y aparentemente fue una victoria.
Entonces un Davo mira al otro.
—¿Tocas guitarra?
—No sé.
—¿Por qué?
—Porque eso te convertiría en el oriyinal.
Silencio.
—¿Quieres probar?
Le pasa una botella de champagne.
Davo mira la botella.
—¿La guitarra?
—No.
Levanta la botella.
—El botellón que mandó el Mister President. Solo para nosotros dos.
Pausa.
—Sorry. Creo que me lo acabé yo solo anoche.
10. LA PRUEBA DEFINITIVA
Davo toma la guitarra.
Se sienta.
Frente a él están las partituras.
Todo el mundo guarda silencio.
Los generales.
Los clones.
Las mujeres.
Los científicos.
Los soldados.
Todos quieren saber si finalmente descubrirán cuál de los dos es el verdadero.
Davo coloca los dedos sobre el mástil.
Mira los acordes.
Nada.
Ni un acorde.
Ni una nota.
Ni siquiera recuerda si alguna vez supo tocar.
El guayabo ha borrado lo poco que quedaba de su identidad musical.
Nadie dice nada.
11. AL DÍA SIGUIENTE
Al día siguiente mientras intenta salir con las muetras de ADN del mismo laboratorio que ya ni recuerda bien, recuerda todos los acordes.
Perfectamente. ¿Soy el davo original? ¡¡¡¡Soy el Davo original!!!!!
Demasiado tarde.
Los zombis han regresado.
Esta vez empiezan por los dedos.
Davo intenta retirar la mano.
No alcanza.
Una mandíbula se cierra sobre el índice.
CRACK.
Otra sobre el siguiente.
CRACK.
El dolor no se parece al de una herida.
Es el dolor del hueso siendo convertido en alimento mientras todavía está dentro del cuerpo.
Los dedos desaparecen uno por uno.
Después las manos.
Los brazos.
La guitarra cae.
Las cuerdas vibran contra el suelo.
Davo grita.
Los zombis siguen mordiendo.
Y mientras el cuerpo se desarma alrededor de él, todavía consigue recordar algo:
todos los acordes.
Es lo último que el Davo oriyinal recuerda de este mundo. #zombis #zombies #adn #clonación