El *capo*. La *capa* que todo lo tapaba.
El *Estado*. El *estado* de coma en el que nos mantenía.
El *Don*. El *don* de dictar la ley y administrar el miedo.
Ahora que su silla de mármol está vacía, y la familia *nada*.
*Nada* en la *nada*. Y el que *nada* en la *nación* no se ahoga, pero se pudre.
Yo lo veo desde el margen. Hui de la jauría antes de que cerraran la jaula de las fronteras. Mi huida fue mi única vida.
Y ahora los observo. Perros de traje que ladran por las *sobras* de una obra pública que ya *sobra*. Se arrancan los ojos por el *resto* de un *arresto* institucional.
En las calles, el asfalto es *falta* y *asalto*.
Se destrozan en las *redes*, donde todos caen *presos* de sus propios enredos políticos. *Redes* que atrapan, perfiles que afilan cuchillos invisibles pero cortantes.
Y en las pantallas, *publicidades* que *publican las edades* de los muertos; propaganda de un *consumo* que nos *consume* hasta dejarnos en los huesos.
Todo en este imperio está *maldito*. Todo está *mal dicho* en sus discursos oficiales.
Venden la masacre como una cruzada, como patriotismo, como un arte.
Pero, ¿qué es el arte?, ¿y qué son las guerras?
Y, mejor dicho, ¿Qué queremos obtener de ellas?
¿Cuál es su función?, ¿cuál es el origen de estos enfrentamientos?
¿Es algo que nos sale verdaderamente a nosotros de dentro?
Porque a ver, a ver…
No vaya a ser que esta "patria" sea solo ya otra cosa mercantil, como de tantas otras.
Que el plomo venga a formar parte de los Productos Internos Brutos.
Y que las organizaciones, los Estados y las marcas necesiten cadáveres para hacer cultura.
Porque eso de hacer cultura mantiene la individualidad de un Estado y ese *estado* consigna sus límites como tal.
Y con las fronteras pintadas en tiza blanca, podemos saber quién va contra quién y, entonces: guerra. El monopolio legal de la guerra.
La verdad, viendo a mis "hermanos" de partido degollarse por la banda presidencial, por heredar a Papá, creo que esta violencia es innecesaria.
Pues no responde a un hambre real, más bien solo *ansia* de poder.
Tampoco es un juego previo de entrenamiento para cazar a una futura *presa* ahora imaginaria.
Es la *presa* de un río de sangre que se desborda y nos hace *presos* en nuestra propia tierra.
Así funciona el sistema. El Padrino es el Patrón, y el patrón es la patria. Y el patrón se repite:
Naces llorando y te silencian.
Creces mientras dejan tus ideas en evidencia.
Trabajas para pagar al fisco tu propia *residencia*.
Ganas *plata* y te la gastas en tatuarte la palabra "resiliencia".
Cuando te haces mayor vuelves a una *residencia*.
Mientras esperas a la muerte y te *resilencian*.
Quería decir que todo es un ciclo, un cúmulo de *círculos viciosos*. *Vicios* que *circulan* como billetes marcados por el Banco Central.
Yo no quise heredar su ente burocrático. Yo vengo con mi cuerpo, la verdad, no es un vehículo ambicioso.
Mi cuerpo va desnudo, salvo el cuero cabelludo...
Y, a menudo, el suelo sabe judo.
Te tira. Te tumba de espaldas contra la fría Constitución.
Pero prefiero que el suelo me rompa los huesos siendo libre y apátrida, a sentarme en un trono construido con ellos.
Murió el gerente de turno, pero dejaron vivo al ente. Dejaron viva el hambre.
Murió Papá. Y mañana, otro firmará con su nombre.
Que en paz revienten.