Pasan los días apagados,
las noches encendidas.
Mi reloj siempre entregando tiempo a tu recuerdo,
con una mueca invertida.
Una existencia que no alcancé a habitar,
pero sí la suficiente para un beso final.
Me perdí mi boda.
Y ahora bebo el amargo de mi café...
pero bien sabes lo dulce que llegó a ser.