Sonreí cuando el mundo me vio sonreír,
aunque dentro de mí algo quería partir;
guardé tantas palabras por no hacerte daño,
que terminé siendo yo quien cargó con el engaño.
Aprendí que el silencio también sabe llorar,
que hay heridas que nadie consigue mirar;
que un corazón cansado también puede querer,
aunque tenga mil razones para dejar de creer.
He perdido momentos que quise guardar,
personas que un día prometieron quedar;
pero el tiempo me enseñó, con paciencia y verdad,
que soltar no es perder… también es libertad.
Hoy camino despacio, sin miedo al ayer,
ya no busco respuestas que no van a volver;
si la vida me quita, también me dará,
y aquello que sea mío, conmigo estará.
Porque al final de todo, después de caer,
uno aprende en silencio de nuevo a crecer;
y aunque nadie comprenda lo que tuve que dar,
yo conozco la historia que me hizo cambiar.
Y si alguna vez preguntas quién fui al partir,
fui alguien que, aun herido, eligió sonreír;
porque entendí, después de tanto luchar,
que quien aprende a quererse…
ya no vuelve a mendigar.
__Athena