—Hueles muy rico—dijo Ana.
Jaja....Mmmm ¿Sí? —Dijo Marc al tiempo que se sentaba sobre la manta, marcaba una hoja de su libro y se acomodaba los lentes con el dedo índice— ¿A qué huelo?...¿A guardado, a cigarrillos?... ¿Huelo a problemas? —Ana se rió muy bajito; el sonido parecía más bien un suspiro que se perdía con la brisa fría de octubre. Pero allí estaban, ambos sentados en la grama, en medio del campo.
-¡Sí! Hueles a problemas. Problemas altos, rubios y con los ojos más hermosos de este planeta —Ana se acercó, se puso de rodillas y con sus manitas pequeñas empezó a acariciar el rostro de Marc, primero sus cejas, luego sus sienes, sus mejillas, sus labios—. —Hueles a pan tostado y mantequilla, a un libro cuando está nuevo y al pino cuando llueve, hueles a eternidad y aventura sin parar.