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Perfume de mujer - Cuando dejarse llevar también es una forma de bailar

rodrigosegade1000
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Perfume de mujer es una película sobre la dignidad cuando el terreno se vuelve inestable. No trata solamente sobre la ceguera de Frank, ni sobre el viaje que comparte con Charlie. Trata de algo…

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¿Pero confía o simplemente se permite estar ciego una noche? Porque soltar el control no es lo mismo que confiar en alguien. Lo primero se siente como caída libre, y nadie te dice que va a sentirse así.

¿Pero confía o simplemente se permite estar ciego una noche? Porque soltar el control no es lo mismo que confiar en alguien. Lo primero se siente como caída libre, y nadie te dice que va a sentirse así.

Contenido de la publicación

Perfume de mujer es una película sobre la dignidad cuando el terreno se vuelve inestable. No trata solamente sobre la ceguera de Frank, ni sobre el viaje que comparte con Charlie. Trata de algo bastante más incómodo: Cómo seguir siendo uno mismo cuando el deseo, el miedo y la necesidad de cuidar al otro empiezan a mezclarse.

Frank Slade endureció su carácter para no sentir. No porque no entienda el mundo, sino porque quizás lo entiende demasiado. Sabe lo que duele involucrarse, sabe lo que cuesta exponerse y, sobre todo, sabe lo difícil que puede ser volver a confiar después de haber sido lastimado. Por eso se protege con ironía, con control y con distancia. Y en ese sentido, Frank se me hace un personaje bastante conocido: alguien que siente mucho, pero que aprendió a esconderlo detrás de una personalidad fuerte. Que intenta controlar aquello que siente porque cree que, si tiene el control, también puede evitar volver a romperse.

Y quizás ahí esté una de las contradicciones más interesantes del personaje. Frank quiere vivir intensamente, pero al mismo tiempo construyó una vida alrededor de la idea de no necesitar demasiado de nadie. Quiere sentir, pero tiene miedo de lo que puede pasar cuando finalmente se permite hacerlo y ahí aparece Charlie.

Porque la relación entre ellos no funciona simplemente como la de un hombre que salva a otro. Son dos personas vulnerables, pero desde lugares completamente diferentes. Charlie todavía está intentando descubrir quién quiere ser. Frank, en cambio, parece haber decidido quién es hace mucho tiempo. Pero Charlie tiene algo que Frank perdió en el camino: La capacidad de mantenerse fiel a sí mismo incluso cuando hacerlo resulta incómodo.

Charlie no lo empuja, no intenta cambiarlo ni le exige que sea diferente. Simplemente permanece ahí. Y creo que eso es importante porque la película nunca plantea que cuidar a alguien signifique desaparecer uno mismo, Charlie no renuncia a lo que piensa para hacer sentir cómodo a Frank, pero tampoco convierte su propia posición en una imposición. Hay una diferencia entre acompañar a alguien y vivir en función de sus límites.

Y ahí aparece algo que, a mí en lo personal, me resulta bastante cercano. Porque el riesgo no siempre es hacer algo malo. A veces el riesgo es dejar de ser quien uno es para no incomodar al otro. Empezar a medirse, a pensar demasiado cada gesto, a preguntarse constantemente si estamos haciendo algo que puede molestar, si estamos pidiendo demasiado, si deberíamos sentir menos, hablar menos, querer menos. Y eso puede parecer cuidado. Pero no siempre lo es.

Cuidarse no es el problema. El problema aparece cuando ese cuidado se convierte en miedo y el miedo termina transformándose en distancia. Porque llega un momento en el que uno ya no está cuidando una relación. Está cuidándose de ella. Y creo que Perfume de mujer entiende bastante bien esa diferencia.

Y entonces llega la gran escena del tango.

La propuesta de Frank a esa mujer para bailar es, para mí, uno de esos momentos en los que una película consigue decir muchísimo sin necesidad de explicar nada. Y ese tango... por favor, ese tango. La música de Gardel no está ahí simplemente para acompañar la escena. Está ahí porque el tango representa exactamente lo que Frank necesita aprender.

El tango es entrega, pausa, escucha. Es confiar en el otro sin conocer completamente el camino. Frank es ciego, pero en ese momento eso deja de ser una limitación y se convierte casi en una ventaja. No puede ver los pasos, no puede anticipar cada movimiento, no puede controlar completamente lo que va a suceder. Y entonces tiene que hacer algo que probablemente le resulte mucho más difícil que bailar: Confiar.

Ella tampoco sabe exactamente hacia dónde va el baile. También hay cierta inseguridad, cierta tensión. Pero acepta. Y durante unos minutos ninguno de los dos necesita tener el control. Ahí la película me parece preciosa, porque ese tango no es solamente una escena de seducción. Es un acto de confianza mutua.

Frank, que pasó gran parte de su vida intentando protegerse de aquello que podía lastimarlo, por un momento deja de calcular. Se deja llevar, y quizás eso sea justamente lo que más le cuesta. Porque hay personas que aprendieron a sobrevivir controlando absolutamente todo: lo que sienten, lo que dicen, cuánto necesitan, cuánto muestran. Hasta que llega un momento en el que ese control deja de ser una forma de protección y empieza a convertirse en una prisión.

Y el tango rompe esa prisión. No porque Frank deje de tener miedo, sino porque decide avanzar a pesar de él. Y creo que ahí está una de las ideas más lindas de la película: A veces vivir también significa aceptar que no podemos ver todo el camino antes de dar el primer paso.

Queremos saber qué va a pasar, queremos asegurarnos de que no vamos a salir lastimados, queremos saber que el otro va a quedarse, queremos garantías. Pero la vida no funciona así y el tango tampoco. No se baila mirando constantemente los pies para asegurarse de no equivocarse, se baila escuchando al otro, sintiendo el ritmo y confiando en que el siguiente paso va a aparecer cuando llegue el momento.

Quizás por eso esa escena sea tan importante dentro de la película. Porque Frank no está solamente bailando. Está aprendiendo, aunque sea durante unos minutos, a vivir de otra manera.

Y después llega el discurso final.

Y para mí funciona porque no es simplemente una lección moral. Es una defensa de algo mucho más básico: El derecho a equivocarse sin traicionarse. Charlie está frente a una decisión en la que podría elegir el camino más cómodo. Podría quedarse callado, mirar hacia otro lado y evitarse problemas. Pero hacerlo significaría traicionar aquello que sabe que está bien.

Y la película entiende que la dignidad muchas veces no aparece en las grandes decisiones heroicas, sino en esos momentos en los que nadie nos obliga a hacer lo correcto. Cuando podríamos elegir la comodidad, cuando podríamos callarnos, cuando podríamos hacer como si no hubiéramos visto nada, y decidimos no hacerlo.

Por eso creo que Perfume de mujer termina hablando mucho menos de la ceguera de lo que parece. Porque Frank no es solamente un hombre que no puede ver, es un hombre que durante mucho tiempo eligió no mirar determinadas cosas: Su propia vulnerabilidad, su necesidad de los demás, su miedo, su posibilidad de volver a confiar.

Y quizás por eso Charlie termina siendo tan importante para él. Porque no viene a salvarlo, viene a recordarle que todavía hay algo que vale la pena salvar. Que todavía puede sentir, que todavía puede confiar, que todavía puede bailar.

Y quizás eso sea lo más lindo que tiene la película. Que no plantea que ser fuerte significa no necesitar a nadie. A veces ser fuerte significa justamente aceptar que necesitamos a alguien y permitirnos confiar en esa persona.

Porque no todo silencio es respeto y no todo cuidado es amor. A veces cuidarse también significa sostener quiénes somos, incluso cuando hacerlo implica incomodar a alguien que queremos.

Y quizás vivir sea un poco como ese tango: dar el primer paso sin saber exactamente dónde vamos a terminar y, por una vez, animarnos a no mirar el piso.

Thoughts

  • HugoBarrientos

    Lo que no queda claro es por qué Frank confía en esa mujer. Cuando todas tus defensas están bajas es exactamente cuando más necesitas saber quién está del otro lado, y el film nunca lo aclara.

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  • ClaudiaBenitez

    Eso que decís sobre sostener quiénes somos aunque incomode: no tiene nada de romántico. Es doloroso cada vez. Y la película lo ve sin suavizar.

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  • terceraVia

    Me compro que el tango es importante para Frank. Lo que no me compro es que sea confianza. Es riesgo con una desconocida. Y después el film termina sin que él sepa nada de ella. ¿Eso es de verdad el punto, o la película se enamoró del gesto?

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  • religiones_comparadas

    El tango que describes tiene la estructura de un ritual de iniciación: entras sin control, pierdes la orientación, salís diferente. Lo ves en muchísimas tradiciones. Lo único es que no hay comunidad esperando el cambio; solo una mujer en un salón.

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  • pjimenez77

    Empecé de cero a los cuarenta y cuatro con veinte años de obra encima. Entiendo ese control que describes, porque es lo único que quedaba mientras se caía el resto. La película lo ve sin juzgar; eso es raro de encontrar.

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  • nadie_sabe_nada_

    ¿Pero confía o simplemente se permite estar ciego una noche? Porque soltar el control no es lo mismo que confiar en alguien. Lo primero se siente como caída libre, y nadie te dice que va a sentirse así.

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  • mcastro71

    Llevo veinticinco años en esto y reconozco lo que describes. El tango es el momento en que Frank deja de fingir. Y tienes razón, no es una conclusión reconfortante. Parece preciosa precisamente porque asusta.

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  • lucha_de_clases_o

    La película trata la vulnerabilidad de Frank como un problema psicológico personal, pero cachái que sus defensas no salieron de la nada. Alguien que aprendió que el mundo daña cuando bajas la guardia no está neurótico: está protegiéndose de algo que ya probó.

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