Hay algo extraño en ser conocido por algo durante mucho tiempo. Al principio puede sentirse como un reconocimiento, como una confirmación de que hicimos algo que valió la pena. Pero con los años puede convertirse en una especie de jaula. Todos esperan que sigamos siendo esa persona que conocieron, aunque nosotros ya no nos sintamos iguales. Y quizás el problema aparece cuando empezamos a preguntarnos si todavía sabemos quiénes somos cuando dejamos de interpretar ese personaje.
¿Qué queda de nosotros cuando ya no podemos apoyarnos en la versión de nosotros mismos que los demás conocen?
Nicolas Cage interpreta una versión ficticia de Nicolas Cage. Y esa decisión ya hace que la película tenga una ventaja enorme: No necesita construir desde cero a su protagonista. Todos tenemos una idea de quién es Nicolas Cage. Sus películas, sus personajes, sus excesos, sus gestos, sus elecciones actorales y hasta los memes que se construyeron alrededor de su figura forman parte del imaginario colectivo, la película toma todo eso y lo convierte en material para una comedia.
Acá encontramos a un Nick Cage que atraviesa una crisis profesional y económica. Ya no recibe las ofertas que alguna vez recibió, tiene problemas familiares y empieza a sentir que su carrera está llegando a un punto en el que quizá ya no sabe qué hacer consigo mismo. Entonces aparece Javi, un millonario español que lo contrata para asistir a su cumpleaños y pasar un tiempo con él.
Lo que podría parecer simplemente una situación absurda termina convirtiéndose en algo bastante más interesante. Porque Javi no está interesado solamente en contratar a una estrella. Es un verdadero admirador de Cage, conoce sus películas, habla de sus personajes y entiende su trabajo de una manera que Nick ya casi no reconoce en sí mismo.
Y ahí aparece una de las mejores ideas de la película. A veces necesitamos que otra persona nos recuerde quiénes fuimos para volver a encontrar quiénes podemos ser.
La relación entre Cage y Javi es, para mí, el corazón de la película. Pedro Pascal entiende perfectamente que no tiene que competir con Nicolas Cage, todo lo contrario. Su personaje funciona porque lo mira con una admiración genuina, casi infantil, pero al mismo tiempo es completamente consciente de lo absurdo de la situación. La química entre los dos es excelente y muchas de las mejores escenas aparecen simplemente cuando están juntos hablando de películas, interpretando situaciones o intentando descubrir qué está pasando realmente.
Y es justamente ahí donde la película se vuelve una carta de amor al cine.
Porque The Unbearable Weight of Massive Talent entiende algo que cualquier persona que ama las películas puede reconocer: A veces una película significa muchísimo más para quien la mira que para quien la hizo. Una escena que para un actor fue simplemente un día de trabajo puede convertirse en un recuerdo fundamental para alguien que la vio en el momento indicado. Una película que nosotros consideramos menor puede significar algo enorme para otra persona.
Javi representa exactamente eso., no admira solamente a Nicolas Cage. Admira lo que las películas de Nicolas Cage significaron para él y creo que eso es hermoso.
La película también se divierte muchísimo con la propia imagen del actor. Hay referencias a Face/Off, Con Air, Leaving Las Vegas y muchos otros momentos de su carrera, pero nunca se sienten como una simple lista de cameos o guiños para el espectador. El humor funciona porque Cage acepta completamente convertirse en el objeto de la broma. Se ríe de sus elecciones, de sus excesos y de la percepción que Hollywood construyó alrededor suyo.
Y ahí aparece uno de los grandes aciertos de la película: Nicolas Cage no interpreta simplemente a Nicolas Cage. Interpreta nuestra idea de Nicolas Cage.
Eso le permite hacer algo muy difícil. Burlarse de su propia imagen sin destruirla.
La aparición del "Nicky" más joven también funciona como una representación bastante divertida de esa versión de sí mismo que todavía cree que puede controlar todo. Es exagerado, arrogante y completamente convencido de su propia importancia. Al principio parece simplemente otro chiste, pero poco a poco entendemos que representa una parte de Cage que todavía no consiguió abandonar.
Porque quizás todos hacemos algo parecido.
Construimos versiones de nosotros mismos que funcionan durante un tiempo. El gracioso, el responsable, el exitoso, el fuerte, el que siempre está disponible, el que nunca necesita ayuda. Y después la vida cambia, pero el personaje queda. Los demás siguen esperando que seamos esa persona porque es la versión que aprendieron a querer.
Hasta que un día uno se da cuenta de que ya no sabe cuánto de eso sigue siendo realmente suyo.
La película nunca profundiza demasiado en esa idea, y creo que está bien, no necesita convertirse en un drama existencial. Su principal virtud está justamente en saber cuándo volver al absurdo. La acción, el espionaje y las situaciones cada vez más disparatadas mantienen el ritmo y evitan que la reflexión se vuelva demasiado pesada.
Tom Gormican dirige con bastante claridad. Sabe que la película necesita moverse entre tres cosas: Comedia, película de acción y homenaje al cine. No siempre consigue que las tres funcionen con la misma fuerza, pero cuando encuentra ese equilibrio la película resulta realmente entretenida.
Y después está Nicolas Cage... Creo que una película así no podría existir con otro actor.
Porque parte del chiste consiste en que nosotros ya tenemos una relación previa con él. Sabemos quién es, conocemos su carrera. Tenemos una opinión sobre sus películas, la película puede jugar con todo eso porque Cage lleva décadas construyendo una imagen tan reconocible que prácticamente se convirtió en un personaje antes de interpretarse a sí mismo.
Pero lo que más me gustó es que, debajo de toda la exageración, aparece una idea bastante sencilla: nunca es demasiado tarde para dejar de intentar recuperar la persona que fuimos.
Nick pasa gran parte de la película intentando recuperar su carrera, su prestigio y la imagen que tenía de sí mismo. Pero termina descubriendo que quizás no necesita volver exactamente a ese lugar. Puede construir algo diferente. Puede ser otra versión de sí mismo.
Y eso también me parece bastante real. A veces creemos que crecer consiste en recuperar lo que perdimos. Volver a ser quienes éramos cuando todo funcionaba. Recuperar una relación, una etapa, un trabajo, una versión de nosotros que parecía más segura, pero quizás, el crecimiento consiste justamente en aceptar que esa persona ya no existe.
Y que no necesariamente tenemos que recuperarla.
Al terminar The Unbearable Weight of Massive Talent, me quedé con la sensación de haber visto una película que, detrás de todos sus chistes, entiende bastante bien por qué nos aferramos tanto a las versiones anteriores de nosotros mismos.
Porque cuando dejamos de ser aquello que los demás esperan, aparece una pregunta bastante incómoda:
¿Quién soy si ya no necesito demostrar quién fui?
Quizás la respuesta no sea volver atrás. Quizás sea aceptar que podemos dejar morir un personaje sin tener que dejar de ser nosotros mismos.
Y, en el caso de Nicolas Cage, probablemente la mejor manera de hacerlo era exactamente esta: reírse de todo lo que alguna vez creímos que era él y, al mismo tiempo, recordarnos por qué alguna vez nos enamoramos de sus películas.