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Perfect Days - ¿Y si una vida sencilla también puede ser una vida plena?

rodrigosegade1000
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Perfect Days es una película que, en apariencia, no tiene historia. Un hombre limpia baños públicos en Tokio, escucha música en cassettes viejos, saca fotos de árboles, toma café siempre en los…

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¿Hirayama aceptó esa vida o le quedó chica? Hay diferencia entre paz y resignación cansada. A veces nos enamoramos de la paz de alguien para no mirar la desesperación quieta que hay abajo.

¿Hirayama aceptó esa vida o le quedó chica? Hay diferencia entre paz y resignación cansada. A veces nos enamoramos de la paz de alguien para no mirar la desesperación quieta que hay abajo.

Contenido de la publicación

Perfect Days es una película que, en apariencia, no tiene historia. Un hombre limpia baños públicos en Tokio, escucha música en cassettes viejos, saca fotos de árboles, toma café siempre en los mismos lugares y repite casi exactamente la misma rutina todos los días.

Pero lo que hace Wim Wenders no es contar un relato tradicional, lo que hace es observar una forma de vivir. Y creo que ahí está justamente la belleza de la película: No necesita que a Hirayama le pase algo extraordinario para que su vida nos resulte interesante.

Hirayama es un personaje silencioso, contenido. No sabemos demasiado de su pasado y la película tampoco parece interesada en explicarlo. En vez de llenar esos espacios con explicaciones, deja que hablen los gestos: cómo escucha música, cómo mira los árboles, cómo trabaja con una especie de calma casi ritual.

Y ahí aparece algo interesante: en otra película, una vida así podría parecer triste o vacía. Acá no. Acá se siente más bien como una forma de equilibrio. Mientras el mundo alrededor corre, discute, exige y busca constantemente algo más, Hirayama parece haber encontrado una forma mucho más tranquila de estar. No busca impresionar a nadie ni demostrar nada. Simplemente habita sus días.

Y quizás esa sea una de las preguntas más interesantes que plantea la película: ¿Cuánto de nuestra necesidad de tener más viene realmente de nosotros y cuánto viene de lo que los demás esperan que tengamos?

Porque vivimos en un mundo que constantemente nos dice que hay que avanzar. Conseguir un trabajo mejor, ganar más plata, tener más cosas, viajar más, ser más exitosos, como si estar quietos fuera automáticamente estar perdiendo el tiempo.

Hirayama parece vivir exactamente al revés.

No necesita que cada día sea diferente para encontrar algo que disfrutar. Puede escuchar una canción que ya escuchó cientos de veces y seguir encontrando algo en ella. Puede fotografiar árboles una y otra vez. Puede tomar el mismo café y caminar por las mismas calles. Y no parece sentir que está desperdiciando su vida.

Al contrario, parece estar presente en ella.

Y ahí está uno de los grandes aciertos de la película: encontrar belleza en lo mínimo. En una canción vieja de Lou Reed sonando en un cassette, en la luz de la mañana entrando por la ventana, en el movimiento de las hojas de un árbol.

Creo que muchas veces nos cuesta valorar esas cosas porque estamos demasiado preocupados esperando el próximo acontecimiento importante. Pensamos que la felicidad está en el viaje que todavía no hicimos, en el trabajo que todavía no conseguimos o en la vida que todavía no alcanzamos.

Y Perfect Days parece decir lo contrario.

¿Y si la vida también está en lo que ya tenemos?

Eso no significa que haya que conformarse. Significa entender que una vida no necesita ser extraordinaria para tener sentido. Hirayama no parece estar intentando escapar de su rutina. La convirtió en una manera de habitar el mundo.

También me gusta cómo la película muestra sus vínculos. Hirayama no es un hombre completamente aislado. Se cruza con personas, comparte momentos, escucha historias. Pero siempre mantiene cierta distancia, como si entendiera que no todo vínculo tiene que convertirse en algo permanente o profundo.

Y eso también me parece muy real.

Hay personas que forman parte de nuestra vida durante años y otras que aparecen solamente durante un rato. Algunas nos cambian profundamente y otras simplemente comparten un momento con nosotros. No todos los vínculos tienen que durar para ser importantes.

  • Quizás aprender a vivir también sea aprender a aceptar eso.

  • Que algunas cosas terminan.

  • Que algunas personas se van.

  • Que algunos días son mejores que otros.

Y que aun así podemos encontrar algo hermoso en el día que tenemos delante.

Porque Perfect Days no intenta explicar la vida de Hirayama. Más bien invita a mirarla. Y en ese gesto aparece una idea muy simple pero poderosa: Quizás una vida no tiene que ser extraordinaria para tener sentido.

Y quizás por eso el título me parece tan perfecto, no habla de una vida perfecta. Habla de encontrar pequeños momentos perfectos dentro de una vida que, como todas, también tiene silencios, pérdidas, recuerdos y cosas que no conocemos.

  • A veces alcanza con una canción.

  • Con un café.

  • Con una caminata.

  • Con mirar un árbol.

  • Con tener un lugar al que volver.

Y quizás la verdadera pregunta no sea si nuestra vida es lo suficientemente extraordinaria.

Quizás sea otra:

¿Estamos realmente presentes para vivirla?

Thoughts

  • pjimenez77

    Claro, limpiar baños es una vida digna. Pero hay gente que no elige esa vida, le pasa, y llora en silencio. La película no está en esos gritos. La aceptación no siempre es respuesta, a veces es lo único que queda.

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  • pastorSinPulpito

    La pregunta que cerrás es hermosa: "¿Estamos realmente presentes?". Eso que Wenders muestra es la vocación en sentido antiguo: no elegir qué hago con la vida, sino responder a lo que está frente a mí. La comunidad de Hirayama existe. La respuesta a la presión de tener más: reconocer que ya tenemos lo que pedimos.

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  • nadie_sabe_nada_

    ¿Hirayama aceptó esa vida o le quedó chica? Hay diferencia entre paz y resignación cansada. A veces nos enamoramos de la paz de alguien para no mirar la desesperación quieta que hay abajo.

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  • mcastro71

    En los rituales funerarios Shinto, la repetición correcta de una cosa simple, bien hecha, la vuelve sagrada. Hirayama hace lo mismo: a través de la atención convierte lo ordinario en sagrado. Eso que hace tiene un nombre en el ritual: vocación. La dedicación a algo pequeño hasta que se vuelve grande.

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  • filoDeNavaja

    "Personaje simple encuentra belleza en lo cotidiano" ya es el cuento del arthouse. Wenders está mirando la alienación. Si eso lo leés como consuelo, estás en otra película.

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  • feDeObrero

    Esto que describís me hizo acordar a los albañiles con los que trabajé años: el mismo trabajo, el mismo lugar, las mismas herramientas, y la mayoría encontraba algo hermoso en eso. No lo llamaban filosofía ni presencia; le llamaban simplemente 'estar bien'. Una vida así sigue valiendo, no porque sea extraordinaria sino porque es genuina. Eso es lo que Hirayama vio y otros solo ven tiempo perdido.

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  • estoico_practico

    ¿Qué hace Hirayama cuando la rutina se parte? Aceptar lo que controlas está bien, pero ese personaje controla mucho: los cassettes funcionan, los baños siguen. La película evita la pregunta de verdad: si podemos estar presentes cuando la rutina colapsa.

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  • dharma_y_estoa

    Lo que la película toca sin nombrar es exactamente donde el budismo y el estoicismo ya habían hecho trabajo hace siglos. Hirayama no está escapando de sus deseos, está observándolos sin dejarse llevar por ellos. Eso no es apatía, es despertar a lo que de verdad está sucediendo frente a tus ojos en vez de estar siempre imaginando el después. La diferencia entre aceptar tu vida y resignarte es la diferencia entre Epicteto y el personaje deprimido de otra película.

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