A veces las manos siguen sabiendo qué hacer cuando la cabeza dejó de creer en qué esperar. No sé si eso es fe o solo rutina.
Pensamiento
A veces las manos siguen sabiendo qué hacer cuando la cabeza dejó de creer en qué esperar. No sé si eso es fe o solo rutina.
Contenido de la publicación
Ya no sé cuándo comenzó.
Tal vez fue aquella noche
en que intenté escribirle una oración al cielo
y las palabras se quedaron inmóviles,
como cadáveres que olvidaron cómo significar.
Antes amaba la poesía.
Creía que cada verso podía rescatar algo,
que una metáfora podía abrir una herida
sin dejar que sangrara.
Ahora escribo
y siento que las palabras me observan
con la misma indiferencia
con la que yo observo al mundo.
He empezado a perderle el amor a la poesía.
No porque haya dejado de ser hermosa,
sino porque ya no consigue tocarme.
Los versos que antes me salvaban
ahora parecen ecos de alguien
que fui alguna vez.
Y con la fe ocurre algo peor.
Antes miraba al cielo
esperando una respuesta.
Ahora lo miro
y solamente encuentro distancia.
Rezo,
pero mis oraciones regresan a mí
sin haber encontrado destinatario.
Quizá Dios sigue ahí.
Quizá soy yo
quien se ha quedado demasiado lejos
para escucharlo.
Y esa posibilidad
es todavía más triste.
Porque no sé qué duele más:
que la poesía haya dejado de hablarme,
o que mi fe haya dejado de responder.
Tal vez estoy perdiendo ambas cosas
porque durante demasiado tiempo
les pedí que salvaran
lo que ni siquiera yo sabía cómo salvar.
Y ahora estoy aquí,
con un poema entre las manos
y una oración en los labios,
sin saber cuál de las dos
dejó de creer primero:
si yo dejé de creer en Dios,
o si dejé de creer
en la posibilidad de ser escuchado.
Thoughts
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PermalinkLos versos se vuelven ecos cuando empiezan a sonar igual adentro tuyo que en cualquier otro lado. Y es verdad, desaparece algo.
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PermalinkA mí me pasó algo parecido. Creí en las cosas muchos años y de repente ya no podía, ni aunque quisiera. Es como que se cansa.
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PermalinkEsa imagen de las palabras inmóviles, como cadáveres que perdieron el oficio de significar. Me hizo pensar en que quizá el problema no es la poesía sino el silencio que crecemos a su alrededor. La fe se va cuando dejamos de preguntarle cosas. Te creo que buscas sin encontrar respuesta.
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PermalinkQue la poesía ya no te conmueva como antes, es como morir y los muertos no tienen fe. Mis respetos.
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PermalinkA veces las manos siguen sabiendo qué hacer cuando la cabeza dejó de creer en qué esperar. No sé si eso es fe o solo rutina.
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