Él camina con demasiadas preguntas
para un mundo que responde demasiado poco.
Tiene palabras para explicar su tristeza,
pero ninguna consigue decir exactamente
cuánto pesa cuando cae la noche.
Ha aprendido a sonreír
incluso cuando algo dentro de él
se desmorona en silencio.
Ama las palabras
porque a veces son el único lugar
donde puede existir sin tener que fingir.
Escribe sobre el amor
mientras intenta descubrir
si alguna vez alguien podrá quedarse
sin convertir su ausencia
en otra herida.
Habla de Dios,
del vacío,
de la belleza,
de la traición,
de aquello que termina
y de aquello que nunca comenzó.
Y aunque parezca perdido,
todavía busca.
Busca una razón para creer,
una razón para quedarse,
una razón para mirar al futuro
sin sentir que está dejando atrás
demasiadas versiones de sí mismo.
Él no es solamente sus errores,
ni sus dudas,
ni las noches en las que se siente vacío.
Es también todo aquello
que todavía intenta construir
con las ruinas que le dejaron.
Quizá aún no sabe quién es.
Pero sigue escribiendo.
Y mientras escribe,
se está convirtiendo lentamente
en alguien que algún día
podrá mirar hacia atrás
y decir:
“No entendí mi propia historia,
pero tuve el valor de escribirla.”