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Parque Lezama - ¿Podemos realmente escuchar a alguien que piensa completamente distinto a nosotros?

rodrigosegade1000
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Parque Lezama es una película que, en apariencia, es muy simple: Dos hombres sentados en un banco de plaza conversando. Nada más. No hay acción, no hay grandes giros dramáticos. Todo ocurre en la…

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Me metí a ver la película por lo que contás. Medio que pensé que era para mí. Pero a mitad de camino me acuerdo de estar en una comida familiar donde un tío religioso y yo estábamos explicando por qué el otro estaba equivocado. Ninguno de los dos escuchó

Me metí a ver la película por lo que contás. Medio que pensé que era para mí. Pero a mitad de camino me acuerdo de estar en una comida familiar donde un tío religioso y yo estábamos explicando por qué el otro estaba equivocado. Ninguno de los dos escuchó nada. Escuchar es más duro de lo que la película sugiere.

Contenido de la publicación

Parque Lezama es una película que, en apariencia, es muy simple: Dos hombres sentados en un banco de plaza conversando. Nada más. No hay acción, no hay grandes giros dramáticos. Todo ocurre en la palabra.

La historia sigue a dos personajes interpretados por Luis Brandoni y Eduardo Blanco, que se cruzan en una plaza y empiezan a hablar. Y lo que parece una charla cualquiera termina convirtiéndose en una discusión sobre política, religión, la vida, el país… y también sobre sus propias experiencias.

Al principio hay una frase que marca bastante el espíritu de la película. Brandoni dice algo muy lindo: “La plaza te la lleno de ideas, la gente envejece, pero las ideas todavía son jóvenes, sanas y hermosas. Las ideas son mejores que la gente que las tuvo. Y la lucha es imparable.”

Y en el fondo la película se mueve alrededor de eso. Dos personas con ideas muy distintas que discuten, se provocan, se contradicen… pero que al mismo tiempo se escuchan. Y creo que ahí está lo más interesante de Parque Lezama: No intenta convertir la conversación en una competencia donde uno tiene que ganar.

Porque muchas veces discutimos para eso:

  • Para tener razón.

  • Para que el otro reconozca que está equivocado.

  • Para poder irnos pensando que ganamos la discusión.

Pero una conversación realmente interesante empieza cuando dejamos de pensar solamente en responder y empezamos a intentar entender.

Y eso es justamente lo que hace la película, más que una pelea ideológica, termina siendo una conversación larga sobre cómo cada uno entiende el mundo. Y ahí aparece algo muy porteño: Ese tipo de charla que podría pasar en un café o en una plaza, donde se habla de todo, donde las ideas van y vienen.

Y quizás por eso funciona tan bien el escenario. Una plaza es un lugar de paso, personas que no necesariamente se conocen, que se sientan un rato y después siguen con sus vidas. Pero durante ese rato puede aparecer una conversación que termine siendo mucho más profunda de lo que uno esperaba.

Y eso también tiene algo muy argentino. Esa capacidad de empezar hablando de cualquier cosa y terminar discutiendo de política, religión, fútbol, la vida, el país y prácticamente la existencia humana en menos de una hora.

Pero detrás del humor y de las diferencias aparece algo más importante: Cada persona tiene una historia detrás de lo que piensa.

Lo interesante es que no se trata de ver quién gana la discusión. Se trata de mostrar que detrás de cada idea hay una historia, una experiencia, una forma de haber vivido.

Y eso me parece fundamental porque muchas veces reducimos al otro a una etiqueta. “Es de tal partido”, “piensa de tal manera”, “es de derecha”, “es de izquierda”, “es religioso”, “no cree en nada”. Y una vez que ponemos esa etiqueta, dejamos de escuchar a la persona.

Ya no escuchamos lo que dice. Escuchamos lo que creemos que va a decir.

Y quizás Parque Lezama justamente intenta recuperar algo que parece cada vez más difícil: La conversación entre dos personas que no necesitan estar de acuerdo para poder escucharse.

Porque escuchar no significa aceptar. Podes pensar que el otro está completamente equivocado y aun así intentar entender por qué piensa así.

Y quizás entender eso sea mucho más valioso que tener razón.

También me gusta que la película no necesite grandes escenarios para hablar de cosas enormes. Dos personas sentadas en un banco pueden terminar hablando de cuestiones que afectan a millones. Porque al final las grandes discusiones sociales y políticas también terminan pasando por conversaciones pequeñas. Por lo que hablamos en casa, con amigos, en un bar, en una plaza.

Las ideas no existen solamente en los libros o en los discursos políticos. Existen cuando dos personas se encuentran y empiezan a discutir.

Y ahí aparece una pregunta que me parece bastante actual:

¿Cuándo fue la última vez que realmente escuchamos a alguien con quien estamos completamente en desacuerdo?

  • No para convencerlo.

  • No para responderle.

  • No para demostrar que tenemos razón.

Simplemente para entenderlo.

Porque quizás el problema no sea que pensemos distinto. El problema aparece cuando dejamos de querer saber por qué el otro piensa distinto.

En un mundo donde cada vez parece más difícil escuchar al que piensa distinto, Parque Lezama recuerda algo bastante simple: sentarse a hablar ya es un acto importante. Porque al final, más allá de las diferencias, lo que sigue existiendo es la conversación.

Y quizás eso sea lo más lindo de la película, que no intenta solucionar nuestras diferencias. Simplemente nos recuerda que podemos tenerlas y seguir sentados en el mismo banco, porque quizás una sociedad no necesita que todos pensemos igual.

Quizás necesita que todavía sepamos escucharnos.

Thoughts

  • jp_morales78

    En un pasaje de Santiago dice que 'todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar'. Eso que la película muestra de una conversación donde alguien se para a escuchar de verdad es raro. No porque sea imposible, sino porque la mayoría de nosotros apenas puede hacerlo una vez en la vida. La película no lo resuelve; solo muestra lo escaso que es.

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  • filologo_terco

    Una nota sobre la palabra: 'escuchar' tiene un hermano griego que significa también 'obedecer'. La pérdida es moderna. Cuando usted pide que escuchemos al que piensa distinto, parte del peso de ese acto viene de ahí: que escuchar implica dejar que algo te toque, no solo recibir sonido.

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  • mcastro71

    Llevo años en esto. La gente que dice que cree una cosa y la gente que de verdad cree son a menudo distintas. La conversación importante aparece cuando alguien deja las defensas, no cuando discute su ideología.

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  • pjimenez77

    Hace doce años llegué a un país ajeno sin plata. Lo que descubrí es que escuchar funciona cuando los dos están en el mismo banco. Cuando uno está pidiendo y el otro decidiendo, la conversación es otra cosa. La plaza que describes no existe cuando hay hambre de verdad.

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  • la_duda_metodica

    El argumento que cruza tu reflexión es que 'escuchar cambia las cosas' sin demostrar que cambia las ideas. Escuchar puede ser terapéutico. Cambiar de opinión es algo distinto. La película te muestra que dos personas pueden respetarse siendo enemigos; eso no es nada trivial, pero tampoco es que de pronto haya convergencia.

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  • religiones_comparadas

    ¿Pero no es eso lo que las grandes religiones dicen que hace la contemplación o la oración, incluso en soledad? ¿Que en un diálogo honesto aparece algo más grande que los dos que hablan?

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  • Gamar

    La empatía, ponerse en lugar del otro y tratar de entender lo que siente, es algo no tan común. Si una discusión es para ver quien gana, es una competencia.
    Cuando discutimos sobre un tema tratando de encontrar una solución o compartimos los datos que cada uno tiene a ver si acordamos un punto, la cosa cambia. Ambos buscando lo mismo, hasta sin saberlo, eso puede ser una charla productiva.
    El gran problema son los fanatismos. Cuando aparecen toda discusión es una competencia.

    Un fanático, ¿se da cuenta que lo es?

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  • fray_que_lee

    Hay una verdad bella ahí: que la gente cambia de idea cuando se siente oída y respetada, no cuando se siente arrinconada. Y eso que describen de la plaza porteña es así en cualquier sitio donde todavía hay café.

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  • nadie_sabe_nada_

    Me metí a ver la película por lo que contás. Medio que pensé que era para mí. Pero a mitad de camino me acuerdo de estar en una comida familiar donde un tío religioso y yo estábamos explicando por qué el otro estaba equivocado. Ninguno de los dos escuchó nada. Escuchar es más duro de lo que la película sugiere.

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