Me quedé toda la noche con Zeno mirando el libro y diciendo que hace mucho que no veía esa historia. Él ya sabe lo que hay en esa página y aun así deja que Kasumi la encuentre sola. La frase del amanecer me sonó a condición: los cuatro caminan junto a quien lleve esa voluntad, y ella todavía está arrodillada frente al arroyo preguntando quién es.
OJOS DE ESTRELLAS
CAPÍTULO 3 — EL CAMINO DE LOS DRAGONES
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Me quedé toda la noche con Zeno mirando el libro y diciendo que hace mucho que no veía esa historia. Él ya sabe lo que hay en esa página y aun así deja que Kasumi la encuentre sola. La frase del amanecer me sonó a condición: los cuatro caminan junto a qui
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CAPÍTULO 3 — EL CAMINO DE LOS DRAGONES
EL AMANECER DESPUÉS DE LA CAÍDA
El sol comenzaba a aparecer detrás de las montañas cuando Kasumi abrió lentamente los ojos.
Durante unos segundos no recordó dónde estaba.
Miró las ramas de los árboles que se movían sobre ella y escuchó el sonido de los pájaros.
Entonces todo regresó a su memoria.
El palacio.
Los soldados.
La traición.
Su padre.
La corona.
Soo-won.
Kasumi se incorporó rápidamente.
A unos pasos de ella, Souta dormía apoyado contra un árbol. Kija estaba sentado cerca del fuego apagado, mientras Jae-ha descansaba con los brazos detrás de la cabeza. Zeno parecía completamente despreocupado y Shin-ah permanecía apartado, mirando hacia el bosque.
Kasumi llevó una mano a su pecho.
Todavía podía sentir aquella tristeza.
No era solamente haber perdido el palacio.
Era haber perdido el lugar donde había crecido.
El lugar donde había aprendido a caminar.
El lugar donde su padre la había llevado de niña para enseñarle los jardines.
El lugar donde había conocido a Soo-won.
Todo aquello ahora pertenecía a otra persona.
Aquel pensamiento le dolió.
Kasumi se levantó y caminó unos metros hasta encontrar un pequeño arroyo.
Se arrodilló junto al agua.
Su reflejo apareció sobre la superficie.
Sus ojos azules parecían cansados.
—¿Quién soy ahora? —susurró.
Durante toda su vida había sido la princesa de Tamayo.
Pero ahora ya no tenía un palacio.
Ni una corona.
Ni siquiera sabía si podía regresar algún día.
Una pequeña lágrima cayó al agua y destruyó su reflejo.
—Papá...
Kasumi cerró los ojos.
—Quiero volver a escucharte.
No hubo respuesta.
Solo el sonido del agua.
EL RECUERDO DE IJ
Kasumi permaneció junto al río durante varios minutos.
Recordó una tarde de muchos años atrás.
Ella era todavía una niña.
Había corrido por los jardines del palacio hasta llegar al lugar donde su padre se encontraba leyendo.
—¡Papá!
El rey Ij levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
—¡Mira!
Kasumi levantó una pequeña flor que había encontrado.
—Es bonita.
Ij sonrió.
—Lo es.
—¿Puedo quedármela?
—Claro.
Kasumi había corrido hacia él y se había sentado a su lado.
—Cuando sea grande quiero tener un jardín enorme.
—¿Más grande que este?
—Muchísimo más grande.
Ij soltó una pequeña risa.
—Entonces tendrás que aprender a cuidarlo.
—Lo haré.
—¿Y qué harás cuando alguien quiera destruirlo?
Kasumi había pensado durante unos segundos.
—Lo protegeré.
Ij la observó en silencio.
En aquel momento, quizá ya sabía que algún día esas palabras tendrían un significado diferente.
—Entonces nunca olvides algo, Kasumi.
—¿Qué?
—Una persona puede perder muchas cosas y aun así seguir siendo capaz de comenzar de nuevo.
Kasumi recordó aquellas palabras.
Y por primera vez desde la caída del palacio, comprendió por qué su padre se las había dicho.
—Querías prepararme...
Su voz se quebró.
—¿Verdad?
Kasumi bajó la cabeza.
—Sabías que algo iba a pasar.
SOUTA NO PUEDE OLVIDAR
—Kasumi.
Ella se giró.
Souta estaba detrás de ella.
—¿Desde cuándo estás ahí?
—Desde hace un momento.
Kasumi intentó sonreír.
—Estoy bien.
Souta negó con la cabeza.
—No tienes que decir eso.
Kasumi lo miró sorprendida.
—¿Qué?
—Que estás bien.
Souta se acercó lentamente.
—No tienes que fingir conmigo.
Kasumi guardó silencio.
Souta había sido su guardia desde que eran pequeños.
Había visto sus momentos felices.
Había visto sus discusiones.
Había visto sus lágrimas.
Y ahora estaba viendo cómo intentaba esconderlas.
—Tengo miedo —confesó Kasumi.
Souta bajó la mirada.
—Yo también.
Ella lo observó sorprendida.
—¿Tú?
—Sí.
Souta respiró profundamente.
—Tengo miedo de no poder protegerte. Tengo miedo de que volvamos a perder a alguien. Tengo miedo de que nunca podamos regresar.
Kasumi sintió que sus ojos volvían a llenarse de lágrimas.
—Souta...
—Pero aunque tenga miedo, voy a seguir contigo.
Kasumi se acercó y apoyó su frente contra su hombro durante unos segundos.
No dijo nada.
Souta tampoco.
Simplemente permanecieron allí.
A veces no hacía falta hablar.
EL CAMINO HACIA EL PUEBLO
Después de recoger sus cosas, el grupo continuó caminando.
Kija avanzaba al frente.
—Según la información que conseguimos, existe un pueblo al otro lado del bosque.
—¿Y qué encontraremos allí? —preguntó Kasumi.
—Comida, probablemente —respondió Jae-ha.
Zeno levantó una mano.
—Espero que también haya algo dulce.
Jae-ha soltó una risa.
—Nunca cambias.
—¿Por qué habría de hacerlo?
Kasumi sonrió ligeramente.
Por primera vez en varios días había vuelto a sonreír.
Shin-ah la observó.
Parecía alegrarse de verla así.
Después de varias horas, llegaron a una colina.
Desde allí podían observar el pueblo.
Pero algo no estaba bien.
No había personas en las calles.
Las puertas estaban cerradas.
Y varios soldados se encontraban en la entrada.
Kija frunció el ceño.
—Parece que hay problemas.
Kasumi apretó las manos.
—Tenemos que ayudar.
Souta la miró.
—Kasumi, todavía te están buscando.
—Lo sé.
—Entonces entrar allí es peligroso.
Kasumi observó el pueblo.
—Quizá para mí.
Luego miró a los habitantes.
—Pero ellos también están sufriendo.
Kija sonrió.
—Definitivamente eres hija del rey Ij.
EL PUEBLO SIN ESPERANZA
El grupo entró en el pueblo.
Una familia estaba sentada frente a una pequeña casa.
Los niños parecían preocupados.
Un soldado salió de un almacén con varias bolsas de comida.
—¡Llévense todo esto!
Una mujer se levantó.
—¡Por favor! Eso es lo poco que tenemos para nuestros hijos.
El soldado la apartó.
Kasumi dio un paso adelante.
—Déjala.
El soldado se giró.
—¿Quién eres?
Kasumi no respondió.
Kija avanzó.
—Será mejor que escuches.
El soldado miró el brazo blanco de Kija.
—¿Qué demonios...?
Jae-ha sonrió.
—Creo que no deberías hacer enojar al de la mano blanca.
El soldado ordenó a los demás atacar.
Pero antes de que pudieran acercarse, Shin-ah levantó la mirada.
Sus ojos brillaron.
Los soldados quedaron paralizados.
Kasumi se acercó a la mujer.
—Tome su comida.
La mujer la miró sorprendida.
—¿Quién eres?
Kasumi dudó.
No sabía si decir la verdad.
Pero finalmente respondió:
—Soy Kasumi.
La mujer abrió los ojos.
—¿La princesa?
El pueblo comenzó a murmurar.
Kasumi sintió que todos comenzaban a reconocerla.
Algunas personas se arrodillaron.
—¡Princesa!
Kasumi negó rápidamente.
—No se arrodillen.
Todos levantaron la mirada.
—Por favor.
Kasumi miró a su alrededor.
—No quiero que me traten como alguien superior.
Una anciana preguntó:
—Pero eres la princesa.
Kasumi bajó la mirada.
—Lo era.
El silencio fue inmediato.
Kasumi respiró profundamente.
—Ahora solo soy una persona intentando encontrar la manera de ayudar a su pueblo.
UNA PREGUNTA QUE DUELE
Mientras los habitantes recuperaban sus alimentos, un pequeño niño se acercó a Kasumi.
—Princesa.
Kasumi se agachó.
—¿Sí?
El niño la miró con inocencia.
—¿Es verdad que el rey murió?
Kasumi se quedó inmóvil.
Souta observó al niño.
—No tienes que responder.
Pero Kasumi negó.
—Está bien.
Volvió a mirar al pequeño.
—Sí.
—¿Y el nuevo rey es bueno?
Kasumi sintió una punzada en el corazón.
No sabía qué responder.
—No lo sé.
El niño inclinó la cabeza.
—¿Lo conocías?
Kasumi asintió.
—Desde que éramos pequeños.
—Entonces debe ser tu amigo.
Kasumi guardó silencio.
El niño sonrió.
—Mi papá dice que los amigos nunca se abandonan.
Kasumi sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.
Recordó a Soo-won.
Recordó sus juegos.
Recordó cuando él la defendía.
Recordó cuando le prometía que siempre estaría allí.
Y recordó la noche en que todo cambió.
—A veces... —dijo lentamente— las personas cambian.
El niño no entendió.
Kasumi sonrió con tristeza.
—Pero eso no significa que los buenos recuerdos desaparezcan.
El niño corrió hacia su madre.
Kasumi se quedó mirando.
Jae-ha la observó desde lejos.
—Todavía lo quieres.
Kasumi lo miró.
—¿A quién?
Jae-ha no respondió.
Kasumi comprendió.
—Soo-won...
Bajó la mirada.
—No sé qué siento por él.
EL LIBRO ANTIGUO
Esa noche, la anciana que había ayudado a Kasumi pidió hablar con ella.
La llevó hasta una pequeña habitación.
—Hay algo que debo darte.
Sobre una mesa había un libro antiguo.
Kasumi lo abrió cuidadosamente.
Las primeras páginas estaban llenas de dibujos y símbolos.
Entonces vio una imagen.
Una mujer de cabello rojo estaba en el centro.
A su alrededor había cuatro guerreros.
Uno tenía una mano blanca.
Otro poseía unos ojos misteriosos.
El tercero estaba relacionado con el viento.
Y el cuarto estaba rodeado por un resplandor dorado.
Kasumi miró a los cuatro dragones.
—Son ustedes.
Kija se acercó.
—La leyenda de los cuatro dragones.
Zeno miró el libro.
—Hace mucho tiempo que no veía esa historia.
Kasumi pasó la página.
Había una frase escrita:
"Cuando la tierra pierda a su verdadero protector, cuatro guardianes despertarán para caminar junto a quien lleve consigo la voluntad del amanecer."
Kasumi quedó pensativa.
—¿La voluntad del amanecer?
Jae-ha miró a Kasumi.
—Quizá seas tú.
Thoughts
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PermalinkMe quedé toda la noche con Zeno mirando el libro y diciendo que hace mucho que no veía esa historia. Él ya sabe lo que hay en esa página y aun así deja que Kasumi la encuentre sola. La frase del amanecer me sonó a condición: los cuatro caminan junto a quien lleve esa voluntad, y ella todavía está arrodillada frente al arroyo preguntando quién es.
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PermalinkEl rey Ij sabía que algo iba a pasar y lo único que le dejó a la hija fue una frase bonita sobre empezar de nuevo. A mí eso no me parece prepararla. Le dejó todo el peso encima y ahora ella tiene que averiguar sola quién era su padre además de todo lo demás.
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PermalinkMe quedé en la escena del pueblo. Kasumi corrige a la anciana y dice que ya no es princesa, y al mismo tiempo le pide a la gente que no se arrodille. Es la primera cosa que decide ella sola, sin palacio detras. Y el niño preguntando si el nuevo rey es bueno pesa mas que toda la pelea! Vas a publicar el capitulo 4?
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PermalinkBien por la mujer que se planta por las bolsas de comida con los críos ahí delante. Y el soldado, en cuanto ve el brazo blanco de Kija, se le acaba el valor de golpe. Esos vuelven, y vuelven con más gente.
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