La única razón
de que estes aquí,
frente mío,
es que mi mente
lúgubre te
ha invocado.
Te evoca
de la forma más bella y real,
destruyendo todo
lo que he construido
en contra de tu recuerdo fantasmal.
Te miro y puedo notar los cambios.
Tus ojos ya no son del mismo marrón
y tu sonrisa no tiene
ese brillo pasado.
Me pregunto qué recuerdas de mí.
Si mis chistes o mis discusiones,
las miradas cómplices
o la voz quebradiza al contarte
lo que sufrí.
Ya todo ha cambiado,
¿no es así?.
No somos niños
ni adultos, no del todo.
Ya no podemos jugar
pero las palabras
no salen con la suficiente
sinceridad.
Nos vemos desde lejos,
desconocidos, en fotos ajenas.
Sabemos lo que pasó.
Sabemos lo que terminó y debemos de cargar
con el peso de la decisión.
De la acción, o del silencio.
Te veo,
frente a mí.
Luces casi parecido
qué cuando eras mío.
Pero es un caparazón
y puedo notarlo en tu cuerpo.
¿Odias que sea así?.
Odias saber
que te veo
por completo.
Cada minúsculo cambio,
puedo notarlo.
¿Odias que ellos no?.
Estamos solos ahora.
En puntas opuestas,
en paisajes distantes.
Pero nos conocemos.
Somos un recuerdo
que nos perseguirá,
quizás por la eternidad.
¿Odias que sea así?.