Creo que confundiste mi adaptabilidad con sumisión.
Durante toda mi vida, me denominaron como una persona con carácter fuerte, con un temperamento no muy bueno. Si bien uno puede cambiar, la palabra del otro nos determina. Nunca fue un rasgo que me gustase, no me fue celebrado ser una persona con una posición determinante; es por ello que aprendí a moldearme, a ser aquello que el otro quiere de mí o, más patético aún, lo que pienso yo que él quiere de mí.
Yo pensé que podía ser esa chica que vos buscabas: tierna pero agresiva, independiente pero frágil como para buscar tu cariño, fuerte pero con heridas que me determinaban. Te dije todo lo que querías escuchar, te mostré mi parte más audaz, la parte sin límites, sin consecuencias. Te dejé jugar en un campo sin reglas. Pero lo confundiste; yo estoy dispuesta a darte mi libertinaje, pero no mi libertad.
Si me hubieses pedido que me quede en aquella imagen idealizada de mí, hubiese funcionado, pero no. Vos querías que funcionase, pero moldeándome. Aquello que algún día te gustó de mí, de a poco se fue tornando en un problema. Te encantaba mi lado salvaje, te atrajo, te gustaba que te invitara a jugar en la selva, pero como buen cazador, cuando tuviste el tiro libre, disparaste. Quisiste enjaular aquella belleza de la naturaleza. De repente, mi libertad fue mi condena.
Soy una persona con carácter, pero también una persona frágil. Soy complicada, lo sé, pero no entendiste el patrón dentro de mi caos. No hay caos sin orden, no hay belleza sin asco, no hay amor sin odio. Las ambivalencias son parte de mi vida, puedo ser libre y también ser compañía.
Te mostré todo lo que querías ver, como un espejo. Pero cuando ese espejo reflejó parte de tus deseos más profundos, no te gustó. Es fácil confundir al espejo con uno mismo; caíste al agua como Narciso, te ahogaste en tu propia avaricia.
¿Por qué si me buscaste por mi rebeldía, me condenaste por ella? Nunca supiste responderme ello. Siempre busqué ser celebrada por aquello por lo que me condenaron: mi carácter, mis formas, mi temperamento. Creí ingenuamente que vos podrías ser esa persona, pero como todos, me fallaste. Me decepcionaste.