Apaga ya aquella vela,
deja su llama morir,
deja que las negras sombras
te cubran antes de ir.
Deja que cobijen tu alma,
llévala a la oscuridad,
donde escucharás mi historia
perdida en soledad.
Oirás salir mis susurros,
desvanecerse al hablar,
como ecos entre las sombras
que nadie puede escuchar.
Te contare de aquella
aquella mujer hermosa
por amor loca se quedo
y loca de amor falleció
más no se fue sin dejar
su condena va a pesar:
una maldición de hiel
sobre el amante más fiel.
Aquella mujer temida,
cuyo nombre causa espanto,
la que los amantes temen
pronunciar siquiera el canto.
Aquella de la que hablo
CATALINA DE LOS CAMPOS
Aquella niña alegre,
creció feliz en su campo,
entre los árboles y flores,
bajo la luna de marzo.
Si obedeces mis palabras,
tu destino cambiará;
tu belleza es peligrosa,
algún día te hará mal.
Y la madre sollozaba
pues sabía con dolor
que tanta gracia y belleza
sería su perdición.
Ella libre quería ser
solo quería el amor
no casarse por temor
entregar su corazón.
Pretendientes de montón
llegaban desde muy lejos,
unos venían del pueblo,
otros cruzaban senderos.
Ramos de rosas le daban
cartas llenas de ambición,
corazones arrogantes
mendigando su atención.
El coronel era apuesto
y sabía conquistar;
con palabras dulces, tiernas,
la intentaba enamorar
Pero Catalina, firme,
no se quiso doblegar;
Diamantes, rosas, y cartas
Por años fueron a dar
Catalina, ciega y sedienta,
por fin el oído entregó,
soltó las riendas de su alma
y todo el control perdió.
Aquella madrugada
Catalina desapareció;
dicen que él se la robó,
otros, que con él escapó.
Y los que saben la verdad
con claro tono dirán
la maldición más grande
siempre nace del amor.
Vivieron muchos años,
creyendo ser felices,
entre mentiras, traiciones
y promesas infelices.
Entre promesas de amores
la voz de él escuchó:
«Me voy a la dura guerra,
a la batalla me voy.
Catalina de mi vida,
Catalina de mi amor,
guarda siempre mi recuerdo,
guarda vivo mi corazón.
Pasaron lentos los años,
doce meses de desvelo,
cada noche rogando
el tibio calor de un beso.
El tibio regreso del amado
por todo el pueblo se ha anunciado,
y la pobre de Catalina
corre del campo con cuidado.
Escuchaba al son del calor
de aquellas palabras que el pueblo
decía de su gran rumor
de quien regresó por amor.
Tonta, tontita, Catalinita—,
le decían por el lugar,
entre las burlas de la gente
que la miraba pasar.
— joven y guapo el coronel,
con otra mujer se casó,
y a Catalina de mi amor
sin saber nada la dejó.
—No es lo que creo,
mi amado coronel vuelve,
y por el campo andaremos
con la vida que en mí crece.
—Si no lo crees, muchacha,
con tus propios ojos ve,
ve corriendo a la capilla
para descubrir a aquel.
Lo verás con traje nuevo,
junto a un blanco velo santo,
coronando a otra esposa,
olvidándose del campo.
Catalina vio la boda,
el frío la recorrió,
embarazada y tirada
en el campo se quedó.
Los celos y la tristeza
su cabeza trastornó,
su pelo dejó caer
y su mirada murió.
¡Ay, Cata de mi alma
Cata de mi corazón!
Por amor te fuiste lejos,
por rencor vendrás hoy
Te desvaneciste, niña,
entre locuras y penas,
entregándote al destino
que te rompió las venas.
Entre lágrimas y envidia,
su esperanza se apagó,
y su alma al diablo vendió,
por el amor que perdió.
En la noche más oscura,
el diablo se presentó,
y al mirar a Catalina
de su dolor se enamoró.
Con un tierno beso de ellos,
amor verdadero y real,
los dos fueron a dar juntos
a las cumbres del lugar.
Y como prueba de su amor,
al coronel se llevó,
entre las patas lo enterró
donde Catalina murió.
Mi Catalina linda,
mi Catalina hermosa,
tu sueño de vivir libre
por fin se volvió realidad.
Ya no temes a los hombres,
ya no tienes que esperar;
tienes un amor eterno
que jamás te dejará.
Para aquellos dos amantes
que se encuentran bajo luna,
cuando la noche se extiende
y en aquel campo se cruzan
Catalina los castigará
a la luz de su amiga, la luna,
entre las sombras de su amigo,
aquel que llaman la noche.
Y si aun no lo has notado
La luz se consumió
Y con ella tu alma entera
Hacia la noche partió
Apagaste aquella vela
Sin saber lo que protegía
Ahora escucha sus cantos
Cuando lo noche se enfría
Si preguntas su nombre
Entre llantos y quebrantos
y si escuchas al campo
no respondas a sus cantos.
Pues sabrás quien te ha llamado
Yo
Catalina de los Campos.