Sé que es tiempo de soltar.
Pero no estoy soltando a cualquier persona.
Estoy soltando a quien quería que estuviera toda la vida.
Y quizá por eso me está costando tanto.
Porque no estoy dejando atrás solamente a alguien que formó parte de mis días.
Estoy dejando atrás todos los planes que imaginé.
Las conversaciones que pensé que algún día tendríamos.
Los lugares que quería conocer contigo.
Los momentos que todavía no habíamos vivido.
Estoy soltando una versión del futuro que había construido en mi cabeza y en la que tú estabas presente.
Y eso duele de una manera diferente.
Porque cuando quieres a alguien de verdad, no solamente te acostumbras a su presencia.
También empiezas a imaginar una vida alrededor de ella.
Piensas en los próximos años.
En las pequeñas cosas.
En cómo sería seguir compartiendo momentos cuando pase el tiempo.
Y de repente tienes que aceptar que ese futuro probablemente nunca va a existir.
No porque no lo hayas querido.
No porque no hayas intentado.
Sino porque algunas historias necesitan de dos personas que quieran exactamente lo mismo para poder continuar.
Y quizá yo todavía quiera.
Pero ya entendí que no puedo querer por los dos.
Por eso estoy soltando.
No porque haya dejado de importarme.
No porque todo lo vivido haya perdido su valor.
Y mucho menos porque sea fácil.
Estoy soltando porque no puedo seguir esperando que una historia se convierta en aquello que imaginé si la otra persona ya tomó otro camino.
Y ojalá algún día entiendas que irme no significó que no te quisiera.
Al contrario.
Quizá tuve que quererte muchísimo para aceptar que no podía obligarte a quedarte.
Así que sí…
Sé que es tiempo de soltar.
Pero por favor, no pienses que estoy soltando a cualquier persona.
Estoy soltando a quien alguna vez imaginé a mi lado durante toda la vida.
Y quizá por eso voy a necesitar un poco más de tiempo.
Porque algunas despedidas no son solamente decirle adiós a alguien.
También son despedirse del futuro que soñaste con esa persona.
Y eso…
también necesita tiempo para sanar. 🤍