Mujer..., líbrame tú del azar,
pues, condenado a vivir,
por un capricho de Dios... me quedé.
.
Mujer…, dígnate un poco a tomar,
entre tus manos, mi sien
y hazme rendir... a tu merced.
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Mujer..., cédeme el fuego sagrado
que a Prometeo vio inquirir
y tributó a mi razón... de ser.
.
Mujer..., róbame más de la cuenta;
todo quien soy, en oferta,
es, para ti, un ademán... al revés.
.
Y si vuelvo a surgir del ocaso
con la intención de sanar
a un corazón oxidado,
no he de encontrarte jamás
.
a ti... que has pretendido tenerme
piedad de cuerpo presente
como un regalo al creador...
que decidió contenerse
en mi sístole bridón.
.
Mujer..., sólo sujétame en brazos
hasta que escape de ti
la última de tus semblanzas
de todo aquello que fui.
.
Mujer... hasta que acaben los años
vengo a cargar en los labios
el beso que no te di
.
y ejercer..., para seguir esperando,
mi desacato al Señor,
que, por perder, me regala
del rastrojo del amor.
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Mujer..., verte otra vez fue un milagro,
pues, entre nos –me retracto–,
nunca hubo nada mejor