Se escribió un obituario en mi piel.
Día a día, una letra, una coma y un punto aparecían,
pequeños, casi imperceptibles.
Cada día se fue sumando al anterior.
Más letras se tatuaban,
casi invisibles.
Año a año se hicieron imborrables.
Quise quitarlas
y lavarlas,
pero no era yo quien las escribía;
solo aparecían en mi cuerpo,
en mis manos,
en mis brazos,
en mi mirada
y en los besos.
Se hicieron imborrables.
Permanecen inertes,
eternas en mi piel.
Vale Fischer
10 oct 2026