Mr. Deeds es una de esas comedias de Adam Sandler que funcionan mejor cuando uno acepta que debajo de toda la exageración, los personajes absurdos y los chistes bastante simples hay una idea muy clara: Qué pasa cuando alguien que estaba perfectamente cómodo siendo una persona común entra de golpe en un mundo donde todos quieren algo de él.
Longfellow Deeds vive en un pueblo chico, escribe tarjetas, conoce prácticamente a todo el mundo y parece llevar una vida sencilla sin sentir que eso sea un problema. De repente hereda una fortuna gigantesca y pasa a convertirse en alguien que ya no puede entrar a ningún lugar sin que los demás estén interesados en su dinero, su apellido o aquello que pueden conseguir gracias a él.
Y ahí está lo que más me gusta de la película.
Deeds no empieza queriendo convertirse en otra persona. No sueña con ser millonario, no siente que su vida anterior haya sido un fracaso y tampoco parece considerar el dinero como aquello que finalmente va a completar algo que le faltaba. Para él, la riqueza aparece como una situación completamente externa. Y justamente por eso resulta divertido observar cómo todos los demás empiezan a comportarse de manera diferente alrededor suyo mientras él intenta continuar siendo exactamente el mismo tipo.
Adam Sandler funciona muy bien en ese registro porque Deeds tiene algo de varios de sus personajes más queribles: Puede ser ingenuo, impulsivo y bastante infantil, pero existe una bondad genuina debajo de todo. No es ingenuo porque sea incapaz de entender a las personas, sino porque parte de una idea bastante sencilla: tiende a creer que los demás son tan sinceros como él. Y cuando entra a un mundo donde prácticamente todos parecen tener una segunda intención, esa confianza termina convirtiéndose simultáneamente en su mayor virtud y en aquello que lo vuelve más vulnerable.
La película juega constantemente con ese contraste entre el pueblo y la ciudad.
En Mandrake Falls, Deeds tiene una identidad construida alrededor de relaciones reales. Lo conocen por cómo se comporta, por aquello que hace y por el lugar que ocupa dentro de la comunidad. Cuando llega a Nueva York, en cambio, prácticamente todo el mundo lo conoce por una cifra. De repente su identidad empieza a estar definida por el dinero que heredó. Y creo que ahí aparece una idea bastante simple pero efectiva:
¿Cuánto tarda el mundo en empezar a tratarnos distinto cuando descubre que tenemos algo que quiere?
Winona Ryder entra justamente por ese lado. Su personaje se acerca a Deeds desde la mentira, fingiendo ser alguien que no es para conseguir una historia. Y eso hace que la relación entre ambos funcione mejor cuando la película empieza a mostrar la diferencia entre la imagen que ella estaba intentando construir y la persona que realmente conoce. Deeds no es el millonario excéntrico que esperaba encontrar. Es alguien bastante más transparente, y justamente esa transparencia empieza a incomodarla porque vuelve cada vez más difícil mantener el engaño.
Ahí también aparece uno de los temas centrales de la película: La diferencia entre cómo somos y cómo los demás deciden contarnos.
Deeds empieza a convertirse en noticia no por aquello que verdaderamente es, sino por una versión simplificada y más entretenida de sí mismo. Y eso encaja muy bien con el tono general de la historia. La prensa, los empresarios y quienes lo rodean necesitan convertirlo en un personaje porque un personaje resulta mucho más fácil de vender que una persona real.
John Turturro, además, está genial como Emilio. Es uno de esos personajes completamente absurdos que podrían haber quedado en un simple chiste, pero termina teniendo una presencia muy divertida cada vez que aparece. Su manera de moverse silenciosamente, aparecer de la nada y tratar a Deeds con una solemnidad desproporcionada encaja perfecto dentro de una película que nunca pretende ser realista. Y creo que eso es importante: Mr. Deeds no funciona cuando intentamos medirla como una comedia sofisticada. Funciona por la química entre los personajes, el tono inocente y esa sensación de que toda la historia pertenece a un universo donde la gente puede ser ridícula sin dejar de resultar querible.
También me gusta que el dinero no termine siendo presentado automáticamente como algo malo. El problema no es tenerlo. El problema es todo aquello que aparece alrededor. Personas que quieren controlar, aprovecharse o decidir qué debería hacer Deeds ahora que su vida vale millones. Y ahí la película marca bastante bien la diferencia entre tener recursos y dejar que esos recursos modifiquen completamente quién sos.
Deeds podría utilizar la fortuna para reinventarse. Podría abandonar todo aquello que conocía, adoptar una nueva personalidad y empezar a vivir como la gente que ahora lo rodea espera que viva. Pero eso nunca parece interesarle demasiado. Y ahí está probablemente la parte más simpática del personaje: Su verdadero conflicto no consiste en aprender a vivir como millonario, sino en conseguir que el dinero no le quite aquello que ya le gustaba de su vida.
Por eso el final funciona dentro del tono de la película.
No se trata simplemente de descubrir quién se queda con la fortuna o quién logra ganar una disputa. Lo importante es que Deeds consiga demostrar que aquello que los demás confundían con ingenuidad también era una forma bastante firme de saber quién era.
Mr. Deeds no me parece una de las mejores películas de Adam Sandler, pero sí una de esas comedias suyas que tienen un encanto bastante particular. Es sencilla, previsible, tiene personajes exagerados y no todos los chistes funcionan igual de bien, pero también tiene un protagonista fácil de querer y una idea que sostiene toda la historia: no siempre conseguir más significa que nuestra vida anterior valía menos.
Porque entre toda la comedia, el romance y la exageración, termina dejando una idea que me gusta bastante: A veces la verdadera prueba no es descubrir qué haríamos si perdiéramos todo, sino comprobar si seguiríamos siendo la misma persona después de conseguir muchísimo más de lo que alguna vez imaginamos.