Llegar a mis 35 años es cuanto menos una situación extraña, ya no soy lo suficientemente joven como para que la gente me mire de menos y piense en mí como un mocoso, pero tampoco soy un anciano al que le ceden el lugar en la fila del supermercado. Soy solo un hombre, un hombre que acaba de cumplir 35.
El 35 pensándolo, suena como un número grande, si en una balanza pusieran 35 kilos, por supuesto que dirias ‘’vaya, pesa 35 kilos’’, darías ese comentario al aire.
Mi vida ha sido algo extraño, no recuerdo tener una infancia, o de plano esta me es tan poco importante, que con el pasar del tiempo, se ha borrado en mi pizarra mental, no existe ya en mi, siento a veces que he nacido como un tio de mediana edad hastiado con su propio existir, un viejo amargado que sin embargo tiene un pasatiempo particular, contar historias, si, soy alguien con saliva que gastar.
lo que voy a contarles, si tuviera que definirlo, es inverosímil, tal como la creencia de dios o de los seres extraterrestres, podéis hacerlo, entregarme su confianza y creer a este relato, o podéis hacer lo contrario y agarrar mis palabras con pinza, desmenuzarlas y ver dónde está la mentira, si es que hay una en primer lugar.
Verdad o mentira, hay personas que quieren creer ciegamente en algo para poder seguir avanzando, sin un propósito o algo al que poder verter su plena conciencia, se pueden destruir en segundos, a la vez; existen quienes crean los cuentos, cuentacuentos que tejen su halo de historias, a sabiendas de que la realidad puede ser manipulada y coercida por completo en sus palabras, pueden ser cuidadosos y hablar con total honestidad, o pueden ser mentirosos empedernidos listos para hacer caer al incauto.
Preparaos, estad atentos y jugar a mi pequeño juego, vosotros siendo lectores podéis o no creerme. Les voy a contar la historia de como yo, me enrede con un extraño tipejo y las consecuencias de tal acto, que repercute de forma permanente en mi existencia.
pero tened cuidado, pues puede que la mentira ya haya empezado.