Aquel gran reloj de la estancia rompió el silencio a medianoche. Todas las luces apagadas, excepto aquel foco de la calle. Los pasos de una larga sombra se vieron debajo de la puerta, el leve crujir de una llave abriendo la cerradura dio paso a aquel hombre.
— Ya llegué ¿Sigues despierta? —Su esposa estaba acostada en un sillón solo cubierta con una cobija—
Ella tardó en responder. Su voz sonaba adormilada. —Sí ¿Cómo te fue amor?
Él no respondió, pasó como una tromba frente a ella.
Allí, casi en la penumbra, abajo de una larga cortina, una manzana junto a un zapato negro.