Había un auto rojo antíguo estacionado cerca de la vereda. Viniendo hacia mí una mujer de pelo al hombro miraba con la mirada perdida, entre ellos se comunicaban telepáticamente.
Venía hacia mí una amiga y cuando levanto la vista puedo ver en la mujer el demonio que la poseia, los dientes de ella se ponían negros, y la sonrisa era espeluznante.
Estas personas estaban consumiendo la energía de mí amiga. Y yo me animo a decirle lo que pasaba.
A lo cual yo le dije la única manera de sacarlos y que se hayan era rezar un padre nuestro y el ave María porque los demonios odian la presencia santa de María y Jesús. Empezamos a rezar y estos demonios empezaron a molestarse. Estaban inquietos hasta que finalmente se fueron.
Que increíble es Dios conmigo. Antes yo no sabía estás cosas. Ahora me las muestra para que me cuide.