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Parte 9. Lo que despierta en silencio

ChrisBang

Contenido de la publicación

El domingo amaneció sin prisa.

La luz se filtró por las cortinas de la habitación de Hyunjin. Durante unos segundos, él permaneció inmóvil, con los ojos abiertos y la respiración tranquila, intentando convencerse de que el sueño de la noche anterior no había sido más que una creación extraña de su mente.

Pero entonces recordó la voz.

Hyunjin, por favor… No me dejes esperando otra vez.

Se incorporó lentamente y se pasó las manos por el rostro.

No era la primera vez que soñaba con Jeongin. Había tenido pequeños momentos de familiaridad, imágenes que desaparecían antes de que pudiera comprenderlas y sensaciones que no sabía explicar. Sin embargo, aquello había sido diferente.

En el jardín, Jeongin no había sido simplemente alguien que se parecía al chico que acababa de conocer.

Había sido Jeongin.

Y él lo había amado.

La certeza le produjo una mezcla de ternura y miedo. Porque, si aquel recuerdo era real, significaba que existía una historia entre ambos que ninguno de los dos había elegido olvidar.

Y también significaba que, en algún momento, Hyunjin había roto una promesa.

Su teléfono vibró sobre la mesita de noche.

Lo tomó enseguida, agradeciendo la interrupción, hasta que recordó que todavía no le había escrito a Jeongin. La conversación seguía exactamente donde la había dejado la noche anterior: en el mensaje que nunca se atrevió a enviar.

Abrió el chat.

Escribió: Buenos días. ¿Dormiste bien?

Lo leyó dos veces antes de enviarlo.

Era una pregunta normal. Una pregunta que cualquier persona podía hacerle a alguien que le gustaba.

No tenía por qué sentirse como si estuviera intentando reparar algo que había destruido hacía siglos.

Pulsó enviar.

Después dejó el teléfono sobre la cama y se levantó, incapaz de quedarse quieto.

No tuvo que esperar demasiado.

Jeongin: Buenos días. Sí, creo que sí. ¿Y tú?

Hyunjin sonrió involuntariamente.

Hyunjin: Más o menos.

Jeongin: ¿Más o menos? ¿Tuviste pesadillas?

Sus dedos se quedaron suspendidos sobre el teclado.

Podía decírselo. Podía contarle que había soñado con un jardín, con flores blancas. Que lo había visto vestido con ropa que no pertenecían a aquella época. Que había escuchado su voz suplicándole que no lo dejara esperando.

Pero ¿qué haría Jeongin con esa información?

¿Y qué pasaría si él también recordaba algo?

Hyunjin: Algo así. Un sueño raro.

La respuesta de Jeongin tardó un poco más.

Jeongin: Qué curioso.

Hyunjin frunció el ceño.

Hyunjin: ¿Por qué?

Jeongin: Porque yo también soñé algo extraño.

El corazón le dio un vuelco.

Se sentó al borde de la cama y escribió con rapidez.

Hyunjin: ¿Qué soñaste?

Los tres puntos aparecieron y desaparecieron varias veces.

Jeongin: No lo recuerdo bien. Había un jardín, creo. Y alguien que tenía que irse.

Hyunjin dejó de respirar durante un instante.

La habitación pareció volverse demasiado silenciosa.

Hyunjin: ¿Sabes quién era?

Jeongin: No. Solo recuerdo que me sentía triste.

Pasaron unos segundos antes de que llegara otro mensaje.

Jeongin: Y cuando desperté, tenía la sensación de que alguien me había prometido volver.

Hyunjin cerró los ojos.

No era una prueba. No podía saber si ambos habían soñado el mismo recuerdo o si sus conversaciones recientes estaban influyendo en sus sueños. Había explicaciones razonables para todo aquello.

Sin embargo, ninguna conseguía aliviar la presión que sentía en el pecho.

Hyunjin: Ojalá pudiera ayudarte a recordarlo.

Jeongin: ¿Y si no quiero recordarlo?

Hyunjin leyó la pregunta varias veces.

Hyunjin: Entonces no tienes que hacerlo.

Esta vez, la respuesta de Jeongin llegó enseguida.

Jeongin: Gracias. Creo que necesitaba escuchar eso.

Hyunjin apoyó el teléfono contra su pecho.

No sabía qué había ocurrido entre ellos antes de conocerse. No sabía por qué la idea de haberlo abandonado le dolía tanto.

Pero sí sabía algo.

No quería que Jeongin tuviera miedo.

Y, por primera vez desde que había despertado, sintió que quizá podía empezar por ahí.

——————————————————————

A varios kilómetros Christopher llevaba casi veinte minutos mirando el mismo objeto.

La llave descansaba sobre su escritorio.

No era especialmente grande ni tenía una forma extravagante. Era una llave metálica, antigua, envuelta en una historia que Christopher todavía no conseguía ordenar.

Recordando la nota que no había podido quitarse de la cabeza.

Para cuando los ocho recuerden.

Y, sobre todo:

No confíes en el primero.

La primera vez que había leído esas palabras, había pensado que se trataba de una advertencia dirigida a alguien concreto. Quizá a uno de ellos. Quizá a una persona que todavía no había aparecido.

Ahora ya no estaba tan seguro.

Había pasado la noche pensando en las sensaciones que lo perseguían desde hacía días: la familiaridad que sentía con Jeongin, la inquietud que le provocaba la mujer de la librería y aquella impresión absurda de haber perdido algo que no podía nombrar.

No recordaba un rostro.

No recordaba una voz completa.

Solo tenía fragmentos.

Una habitación oscura.

Una silla vacía.

Y la certeza de que alguien había esperado demasiado tiempo por alguien más.

Christopher se frotó los ojos y volvió a mirar la llave.

La nota hablaba de ocho personas.

Los ocho estaban juntos ahora.

Pero la frase no confíes en el primero le resultaba cada vez más difícil de ignorar.

¿El primero en recordar?

¿El primero en encontrar la verdad?

¿O el primero que había hecho algo de lo que los demás todavía no tenían conocimiento?

Su teléfono vibró.

Era un mensaje de Han, enviado al grupo.

Han: ¿Alguien más siente que ayer fue demasiado tranquilo para ser nosotros?

Christopher soltó una risa breve.

Changbin: ¿Demasiado tranquilo? Casi destruyes una máquina porque perdiste.

Han: Eso fue una reacción artística.

Felix: Yo solo recuerdo que alguien intentó convencerme de que hacer trampa era parte de la estrategia.

Seungmin: Al menos admites que hiciste trampa.

Han: No he admitido absolutamente nada.

Lee Know: Qué conversación tan conmovedora. Voy a silenciar el grupo.

Christopher sonrió mientras leía las respuestas.

Entonces apareció un mensaje de Hyunjin.

Hyunjin: ¿Alguien está libre hoy?

Christopher dejó de sonreír.

No había nada extraño en la pregunta. Hyunjin podía querer salir, desayunar o simplemente pasar el día con sus amigos.

Sin embargo, Christopher recordó las advertencias que habían empezado a aparecer alrededor de ellos y la sensación de que cada pequeño acontecimiento estaba acercándolos a algo.

Respondió antes de que pudiera pensarlo demasiado.

Christopher: Yo estoy libre. ¿Qué tienes en mente?

Hyunjin: Nada en particular. Pensaba que podríamos reunirnos un rato.

Changbin: ¿Otra reunión de los ocho? ¿No tuvimos suficiente ayer?

Felix: Nunca es suficiente.

Jeongin: Yo puedo.

Christopher se quedó mirando aquel último mensaje.

Jeongin.

La misma persona que le provocaba una familiaridad inexplicable, como si una parte de él lo reconociera mientras el resto intentaba encontrar una explicación.

No quería convertir cada coincidencia en una señal. Se lo había repetido varias veces.

Pero empezaba a sospechar que lo verdaderamente peligroso no era recordar.

Era recordar mal.

——————————————————————

La idea de Hyunjin terminó convirtiéndose en un encuentro en una pequeña cafetería, no muy lejos de donde habían pasado parte del sábado.

No hubo grandes planes ni preparativos. Cada uno llegó a una hora distinta, con la naturalidad de quienes estaban empezando a formar una costumbre sin darse cuenta.

Han apareció quejándose del frío.

Changbin llegó con una bolsa de comida que, según él, había comprado para compartir, aunque se aseguró de guardarse primero su parte.

Felix y Seungmin discutían sobre la película que habían visto la noche anterior. Lee Know los escuchaba con la expresión de alguien que ya se arrepentía de haber salido de casa.

Christopher llegó poco después.

Y entonces vio a Jeongin entrar.

El chico saludó a todos con una sonrisa antes de acercarse a la mesa. Se sentó junto a Felix, mientras Hyunjin ocupaba el lugar frente a él.

Christopher observó a ambos discretamente.

No había nada extraordinario en su manera de mirarse. Eran dos personas que se estaban conociendo. Dos chicos que parecían sentirse cómodos juntos y que, de vez en cuando, se quedaban callados cuando sus miradas se encontraban.

Sin embargo, Christopher sintió una punzada extraña al verlos.

No era celos ni tristeza exactamente.

Era el dolor de reconocer una escena cuyo final no recordaba.

—¿Estás bien? —preguntó Seungmin a su lado.

Christopher apartó la vista.

—Sí. ¿Por qué?

—Llevas un rato mirando a la nada.

—Estoy pensando.

—Eso siempre es preocupante —intervino Lee Know, sin levantar los ojos de su bebida.

Han soltó una carcajada.

Christopher negó con la cabeza, pero la broma no consiguió distraerlo del todo.

Mientras los demás conversaban, Jeongin levantó la mirada y se encontró con la suya.

Por un instante, ambos se quedaron inmóviles.

Christopher tuvo una sensación fugaz: un camino de piedra, una luz rojiza y una voz que pronunciaba su nombre con una familiaridad dolorosa.

Parpadeó.

La imagen desapareció.

Jeongin frunció ligeramente el ceño, como si también hubiera sentido algo, pero no dijo nada.

Christopher bajó la mirada hacia su taza.

No podía seguir fingiendo que todo era una coincidencia.

Pero tampoco podía permitirse sacar conclusiones sin saber qué estaba buscando.

——————————————————————

A unas calles de allí, la mujer de la librería abrió el establecimiento antes de la hora habitual.

No encendió todas las luces. Se limitó a iluminar el mostrador y la zona del fondo, donde los estantes antiguos proyectaban sombras largas sobre el suelo.

Se quitó el abrigo, dejó el bolso bajo el escritorio y sacó una libreta de un cajón.

La fotografía del jardín seguía guardada en el lugar donde la había escondido.

No necesitaba mirarla para recordar lo que aparecía en ella.

Había pasado demasiados años intentando convencerse de que el tiempo terminaría por borrar los detalles. Los rostros, las promesas, los errores que parecían pequeños cuando todavía existía la posibilidad de corregirlos.

Pero el tiempo no borraba todo.

A veces solo enseñaba a las personas a vivir sin hacer preguntas.

Abrió la libreta por la página de la noche anterior.

Debajo de la frase El primero ya ha comenzado a recordar, escribió una línea nueva.

Los recuerdos están regresando antes de lo previsto.

Se detuvo.

La pluma quedó suspendida sobre el papel.

No podía saber cuánto recordaría Hyunjin ni qué haría cuando comprendiera la promesa que había pronunciado en aquel jardín. Tampoco podía saber quién sería el siguiente.

Y ese era precisamente el problema.

Una vez que uno de ellos empezaba a recordar, los demás podían comenzar a sentir las consecuencias. No necesariamente en sueños. A veces bastaba una palabra, una mirada o el contacto de una mano.

La mujer cerró la libreta cuando escuchó el sonido de la puerta.

Alzó la cabeza.

No había nadie en la entrada.

Solo una corriente de aire que había movido ligeramente la campanilla.

Durante unos segundos, permaneció quieta.

Luego miró hacia el fondo de la librería, hacia el pasillo que conducía a los estantes más antiguos.

—Todavía no —murmuró.

No supo si estaba hablando con alguien o intentando convencerse a sí misma.

Volvió a guardar la libreta.

La historia había comenzado a moverse otra vez, y ella no tenía derecho a fingir que podía detenerla para siempre.

Pero aún había cosas que ninguno de ellos estaba preparado para conocer.

Sobre todo, la razón por la que aquella llave había sido guardada durante tanto tiempo.

——————————————————————

La tarde transcurrió con una normalidad que, por momentos, consiguió tranquilizar a Christopher.

Los ocho hablaron de películas, de comida y de planes que probablemente no cumplirían. Han insistió en que debían organizar otra salida. Felix propuso cocinar algo juntos. Changbin aseguró que él podía encargarse de la comida, lo que provocó una protesta inmediata de Seungmin.

Jeongin se rio tanto de una de las ocurrencias de Lee Know que tuvo que cubrirse la boca.

Hyunjin lo miró.

Y por un instante, el ruido de la cafetería pareció desaparecer.

No hubo jardín ni fuente ni promesas.

Solo Jeongin, sonriendo frente a él.

Hyunjin sintió una ternura tan profunda que le resultó desconcertante. No necesitaba conocer el origen de aquella emoción para saber que era real. Tampoco necesitaba recordar otra vida para querer seguir viendo esa sonrisa.

Jeongin se dio cuenta de que lo observaba.

—¿Qué pasa?

Hyunjin negó con la cabeza.

—Nada.

—Llevas todo el día diciendo eso.

—¿Y tú llevas todo el día fijándote?

Jeongin abrió la boca para responder, pero terminó sonriendo.

—Quizá.

—Entonces estamos empatados.

—No sabía que esto fuera una competencia.

—Todo puede ser una competencia si Han está cerca.

Desde el otro extremo de la mesa, Han levantó la cabeza.

—He oído mi nombre.

—Eso es porque hablas demasiado —respondió Seungmin.

Las risas volvieron a llenar la mesa.

Jeongin se inclinó ligeramente hacia Hyunjin.

—Me alegra que me hayas escrito esta mañana —susurró.

Hyunjin lo miró con sorpresa.

—¿Por qué?

Jeongin pensó un momento antes de contestar.

—No sé. Me desperté con una sensación extraña. Y hablar contigo hizo que desapareciera un poco.

Hyunjin sintió que algo se le cerraba en la garganta.

Podría haberle dicho que a él le había ocurrido lo mismo.

Que, desde que había despertado, una parte de sí mismo había estado buscando a Jeongin incluso cuando no tenía motivos para hacerlo.

Pero no quería convertir aquel momento en otra pregunta sin respuesta.

Así que se limitó a sonreír.

—Puedes escribirme cuando te pase eso.

Jeongin sostuvo su mirada.

—¿Aunque no tenga una excusa?

Hyunjin reconoció las palabras de la noche anterior y sintió que el corazón le latía con más fuerza.

—Especialmente si no tienes una excusa.

Jeongin bajó los ojos, sonriendo.

Y en algún lugar de la memoria de ambos, algo permaneció en silencio.

No desapareció.

Solo esperó.

——————————————————————

Cuando el encuentro terminó, Christopher fue el último en salir de la cafetería.

Se despidió de los demás y caminó unos pasos detrás de Hyunjin, que se había detenido para esperar a Jeongin.

No escuchó toda su conversación. Solo alcanzó a ver cómo Jeongin decía algo que hizo reír a Hyunjin y cómo, al despedirse, ambos parecían buscar una razón para prolongar unos segundos más el momento.

Christopher apartó la mirada.

Había algo dolorosamente familiar en aquello.

No quería que sus recuerdos, fueran lo que fueran, terminaran convirtiendo las relaciones de sus amigos en piezas de un rompecabezas. Hyunjin y Jeongin tenían derecho a conocerse en el presente, a equivocarse y a elegir por sí mismos.

El pasado no debía decidirlo todo.

Se metió las manos en los bolsillos y continuó caminando.

La llave estaba en casa, oculta donde la había dejado.

Todavía no sabía qué puerta abría.

Pero empezaba a comprender que quizá no era una puerta lo que debía temer.

Quizá era lo que encontrarían al otro lado.

Y, mientras la ciudad se sumergía lentamente en la noche, una pregunta comenzó a formarse en su mente, tan tenue que casi pudo confundirla con un pensamiento propio:

¿Qué ocurre cuando el primero recuerda… y descubre que no fue el único que cometió un error?

Christopher se detuvo.

La sensación desapareció antes de que pudiera aferrarse a ella.

Por primera vez, no intentó perseguirla.

Todavía no.

Porque la llave seguía esperando.

Y los ocho aún no sabían que, antes de descubrir quiénes habían sido, tendrían que aprender a confiar en quienes eran ahora.

Thoughts

  • guanabana

    Cuando Hyunjin le dice a Jeongin que no tiene que recordar, para mí esa es la promesa de esta vida. Pero si el primero en recordar es él, la nota de la libreta apunta a él. Apuesto a que Christopher lo cacha antes que nadie, po.

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