¿Y si pido ayuda? ¿A quién se llama en estos casos? ¿A los bomberos, a la policía, a una ambulancia?
No, claro que no es esa clase de emergencia. ¿Qué van a hacer ellos? ¿Existirá un 911 para el bloqueo de creatividad? Los llamas para que te pongan un suero desbloqueador de mente.
Mejor lo intento otra vez. Respiro profundo: lápiz en mano, papel, música suave… y a esperar. Pero la espera desespera. La hoja sigue en blanco y el lápiz con la mina intacta.
Mi cabeza va a mil pensamientos por segundo: todos hablan a la vez y no se entiende nada. Intento acomodarlos en fila, de menor a mayor. Como no funciona, pruebo de mayor a menor. O mejor por orden alfabético.
Claramente, nada de esto sirve para una mente embarullada.
Ya sé: voy a buscar un curso. Hoy todo se soluciona online: «Cómo recuperar la inspiración en tres clases», corto, al pie. En las redes siempre aparece justo lo que uno piensa. Seguro hay miles de reels esperándome: «Recuperá tu chispa…».
Un momento… ¿serán pagos?
Mejor llamo a una tarotista. Que me tire las cartas y me indique el camino, porque una nunca sabe. La imagino diciéndome:
—Querida, te han hechizado la mano… veo letras en cautiverio.
Demasiado delirante.
¿Y si me hago la carta natal? Capaz justo los astros no están alineados para mi lado artístico. Solo tendría que atravesar eclipses, planetas retrógrados y… ¡pum! Polvo de hadas.
Basta de soluciones mágicas. Meditación: eso seguro funciona. Postura de loto, piernas cruzadas, música de cascada. Inhalo, exhalo. Uno, dos, tres…
No. Esto tampoco funciona.
En fin: a cerrar los ojos y dejar que la noche acomode lo que el día desordenó. Mañana será otro día… pero si los planetas no se alinean, me voy a dedicar al tejido.