El apodo del final, chocorramito, me hizo pensar en la cantidad de nombres tontos que uno le pone a alguien y que después no puede volver a usar con nadie más. Se nota que esto salió de corrido, sin frenar. Gracias por dejarlo acá, Manuel. Esto va a envejecer raro, dentro de unos años lo vas a leer distinto.
Mi musa, mi chocorramito
Hay amores que no terminan cuando se dicen adiós, solo cambian de lugar dentro del pecho, se vuelven recuerdos que aparecen sin permiso, fotografías que la memoria revela cuando menos uno lo espera.
In groups
Pensamiento
El apodo del final, chocorramito, me hizo pensar en la cantidad de nombres tontos que uno le pone a alguien y que después no puede volver a usar con nadie más. Se nota que esto salió de corrido, sin frenar. Gracias por dejarlo acá, Manuel. Esto va a envej
Contenido de la publicación
Hay amores que no terminan cuando se dicen adiós,
solo cambian de lugar dentro del pecho,
se vuelven recuerdos que aparecen sin permiso,
fotografías que la memoria revela
cuando menos uno lo espera.
Y tú sigues ahí.
A veces basta con recordar tu nombre
para que algo dentro de mí se detenga,
para que mis ojos vuelvan a brillar
como aquella primera vez que entendí
que podía querer a alguien más allá de mí mismo.
No sé por qué te fuiste,
ni por qué tu partida dejó este vacío,
ni por qué después de tanto tiempo
todavía hay una parte de mí
que busca respuestas en lugares donde ya no estás.
Quizás algún día lo entienda.
Quizás la vida, con esa extraña manera que tiene
de explicarnos las cosas cuando ya estamos preparados,
me cuente toda la verdad.
Mientras tanto,
solo puedo aceptar que tú elegiste tu camino.
Y aunque me duela,
de corazón espero que en ese camino
encuentres a alguien que sepa cuidarte.
Alguien que te ayude a sanar
como alguna vez intenté ayudarte a cicatrizar tus heridas.
Alguien que te abrace cuando el mundo pese demasiado,
que te cuide esos días
en los que no estés al cien por ciento,
que tenga paciencia con tus silencios
y sepa quedarse cuando las palabras no alcancen.
Espero que encuentres a alguien
que celebre tus triunfos,
que te ayude con tus estudios,
que te acompañe cuando estés cansada,
que consiga arrancarte una sonrisa
cuando la tristeza quiera quedarse contigo.
Alguien que te consienta,
que te proteja sin encerrarte,
que te ame sin condiciones
y que entienda que amar también significa
estar presente en los días difíciles.
Porque eso es lo mínimo que mereces.
Conmigo alguna vez tuviste todo eso,
y quizá por eso me cuesta tanto comprender
cómo dos personas que llegaron a quererse tanto
pueden terminar convirtiéndose
en dos caminos que ya no se cruzan.
Yo nunca creí demasiado en eso
de encontrar una “media naranja”.
Nunca pensé que existiera una persona destinada
a completar las partes que nos faltan.
Creo que un hogar se construye.
Que un amor se construye.
Que dos personas se eligen incluso cuando aparecen las dificultades,
cuando llegan los días grises,
cuando amar deja de ser sencillo
y comienza a exigir paciencia, comprensión y voluntad.
Y yo te elegía.
Te elegí tantas veces
que terminé colocándote en un pedestal
del que, aunque ya no estés conmigo,
nunca has terminado de bajar.
Porque para mí
sigues siendo esa mujer
que convirtió momentos ordinarios
en recuerdos extraordinarios.
Sigues siendo mi musa más grande,
la inspiración de palabras
que probablemente nunca leerás,
la protagonista involuntaria
de tantos pensamientos que todavía me visitan.
Y quizás eso sea lo más extraño del amor perdido:
que uno aprende a vivir sin la persona,
pero no necesariamente aprende
a borrar lo que esa persona dejó.
Yo quise todo contigo.
Y, si soy completamente sincero,
todavía quiero todo contigo.
No porque quiera detener tu vida,
ni porque pretenda cambiar el destino que elegiste,
sino porque una parte de mí
todavía recuerda aquel futuro
que alguna vez imaginamos juntos.
Un hogar.
Una vida.
Días buenos.
Días difíciles.
Risas.
Problemas.
Abrazos después de las discusiones.
Y esa decisión silenciosa de decir:
“seguimos aquí”.
Pero hoy ya no puedo construir ese futuro solo.
Así que si la vida decidió escribir otra historia para ti,
solo le pido que sea amable contigo.
Que ponga en tu camino
a alguien que conozca tus cicatrices
y no quiera esconderlas,
que conozca tus miedos
y no los utilice en tu contra,
que conozca tu corazón
y entienda el privilegio que significa
que tú decidas entregárselo.
Y si algún día eres feliz con alguien más,
espero que cuando te abrace
puedas sentirte tan segura
como alguna vez intenté hacerte sentir conmigo.
Porque aunque me duela aceptarlo,
amarte también significa querer que estés bien
incluso cuando ese bienestar
ya no tenga mi nombre.
Yo no sé cuánto tiempo tardará
este corazón en entender tu ausencia.
No sé cuándo dejarán de doler
las canciones, los recuerdos,
los lugares y esas pequeñas cosas
que todavía tienen algo de ti.
Pero sé que algún día
miraré hacia atrás
y entenderé por qué la vida
nos obligó a separarnos.
Quizá entonces comprenda
que algunas personas llegan
no para quedarse toda la vida,
sino para enseñarnos
cómo se siente amar de verdad.
Y tú me enseñaste eso.
Por eso, aunque la nostalgia me visite,
aunque todavía me brillen los ojos al recordarte,
aunque haya noches en las que quisiera
volver a ese tiempo donde todavía éramos nosotros…
No voy a convertir mi amor
en una cadena para ti.
Camina.
Vive.
Ama.
Construye tu vida.
Y si alguna vez el destino,
ese mismo que hoy no logro comprender,
decide cruzarnos nuevamente…
Si alguna vez tu corazón
recuerda el camino de regreso…
Si alguna vez decides volver,
no tendrás que preguntarte dónde encontrarme.
Porque habrá un lugar en mí
que probablemente nunca dejará de esperarte.
El lugar donde todavía vive
aquel pequeño amor
que llegó sin hacer ruido,
que se quedó sin pedir permiso
y que, por más que pasó el tiempo,
jamás pudo irse.
Mi chocorramito.
El que un día entró en mi corazón
y, sin saberlo,
dejó allí una parte de sí para siempre.
Y si la vida nunca nos vuelve a juntar,
quiero que al menos sepas algo:
Fuiste amada.
Fuiste cuidada.
Fuiste mi hogar durante un tiempo.
Fuiste mi amor,
mi nostalgia,
mi inspiración,
mi herida y mi cicatriz.
Y aunque ya no camines a mi lado,
siempre habrá una parte de mí
que cuando escuche tu nombre
no pensará en la despedida…
sino en aquella mujer
que un día llegó a mi vida
y consiguió convertirse
en mi musa más grande.
Te quise.
Te quiero.
Y quizá algún día aprenda
a quererte desde lejos.
Pero hay amores que, incluso cuando terminan,
no desaparecen.
Solo aprenden
a vivir en silencio.
Thoughts
-
PermalinkUna señora de la residencia donde trabajo decía que a los muertos se les llora y a los que se van andando no, y que eso es mucho peor. Me acordé de ella leyendo la parte de buscar respuestas donde ya no hay nadie.
-
PermalinkSe nota quién no habla aquí: ella no dice una sola palabra en todas estas líneas. Me da la impresión de que al final fue igual, que se fue sin explicarte nada y tú te quedaste rellenando el hueco.
-
PermalinkHay dos cosas acá que se dan de patadas y esa es la parte honesta: primero dices que no crees en la media naranja, que un hogar se construye a pulso, y unas líneas después la tienes en un pedestal del que no ha terminado de bajar. A mí me pasa igual con gente que ya no está; sé de sobra que no eran perfectos y aun así los guardo enteros.
-
PermalinkCuesta mucho más desearle a alguien que le vaya bien sin ti que seguir enojado, y acá está escrito sin rencor, que es lo raro. Treinta y dos años anduve navegando y volví a una casa que había seguido andando sin mí. La mujer con la que estaba entonces eligió otro camino. Uno no borra a nadie, aprende a cargarlo más liviano.
-
PermalinkEl apodo del final, chocorramito, me hizo pensar en la cantidad de nombres tontos que uno le pone a alguien y que después no puede volver a usar con nadie más. Se nota que esto salió de corrido, sin frenar. Gracias por dejarlo acá, Manuel. Esto va a envejecer raro, dentro de unos años lo vas a leer distinto.
-
PermalinkNadie inventa un apodo como chocorramito de la nada, eso viene de una tarde concreta. ¿Tienes más textos sobre tu chocorramito?
Related posts
-
Sin adornos.
"Sin adornos, porque no quiero maquillar una verdad dolorosa. Sin adornos, porque todos mentimos. Sin adornos, porque hay mucha novedad y la maldad ya no se oculta. Sin adornos, porque tengo mala…
-
El refugio
La soledad bien habitada no es aislamiento, sino un refugio indispensable. Aunque el ser humano es un ser intrínsecamente social, el aislamiento consciente es el espacio donde verdaderamente nos…
-
Nuevo
Historia
-
Monomanía 🥀
Te observo desvestirte con la mente,
-
La voluntad y la mente.
Y tuve que ser fuerte,
-
Epílogo
Donde el amor encuentra rostro
-
El abandono
Me acusan de que seré la primera en soltar, de que tarde o temprano me iré sin mirar atrás, dejándolos a mitad del viaje y con el peso de un adiós que nunca llegó. Hablan del abandono como si fuera…
-
El dilema de la seda y el arte
Personajes Principales