Existe un hermoso lugar, lejos de lo que fue tu propia vida y ciudad. Es llamado por aquellas voces como el valle celeste donde en algún momento todas las almas que se tiraron río abajo llegarán a descansar. Ya que si en vida fuiste la guerra o la paz, no importa ya que aquí todos tienen solo doce minutos para intentar volar y dejarse caer desde lo más alto.
Pero mientras iba en camino fui seducido por esas luces azules tan hermosas, alumbraron un camino muy diferente, y el hermoso cielo celeste intentará cegarte con su gracia celestial, intentando mentir para guiarte por otro lado.
Aquella lluvia te buscará por horas, y sin importar dónde te escondas ella te encontrará.
«Creo que correré a aquel hermoso lugar al que deseábamos escapar cruzando cada fosa y nicho, el lugar que te recibe con una brisa de calma, dejando que nuestros cuerpos se conviertan en las cenizas, solo para terminar en la inmensidad del océano siendo arrastrados por la corriente».
Vi caer la estrella más brillante del norte, dejando detrás de sí misma una larga y tenue estela blanca, que decía: «Doce montañas que estaban llenas de sangre por dentro y tenían doce ojos en la superficie cayeron sobre mi alma aplastándola y dejando las sombras carbonizadas o envueltas en llamas». Y juro que en ese momento solo pude creer que lo correcto era aquello que me podía hacer sentir tan bien conmigo mismo.
Porque finalmente creí haber encontrado el lugar para mí, quedaba detrás de un inmenso valle tan verde y vivo, y aunque sabía que esa era una gran mentira e ilusión que solo yo podía ver cuando lo deseaba, finalmente siento que ahora tengo el control para que todo desaparezca conmigo.
Con el recuerdo de tus ojos, con las súplicas de piedad. A un lado dejaré los restos y sombras de las vidas de las cuales me habré vengado, dormiré con una sonrisa en el rostro ya que finalmente tuve el valor de no ser yo, e iré viendo cómo el cielo naranja comienza a pintarse en un azul marino tan oscuro.
Cuando mi anhelada noche finalmente llegue y luzcas tan calmada, justo antes de empezar la ronda final, al ver tus ojos recordaré aquella voz tenue y dulce diciéndome: «Podrás estar a doce minutos de la costa dorada si al final tienes el valor de hacer esto o decidirás quedarte aquí tirando plegarias al vacío». «Porque mientras amanecía todo lo que creíste y viviste fue aplastado por aquella montaña que nacía sobre aquellos pilares blancos que tú mismo ayudaste a crear, así que mejor acompáñame y verás que el mañana no será otro día, y cuando finalmente decidas venir conmigo el sol saldrá, y el mañana no será otro día».