En el huerto de la escuela había una calabaza que crecía y crecía sin parar. Una noche, empezó a temblar y a hacer ruidos raros: ¡tum, tum, tum! Los niños se asomaron por la cerca y temblaron de miedo. —¡Va a explotar! —gritaron.
Pero la calabaza no explotó. Se abrió poquito a poco… ¡y de adentro salió un montón de animalitos del huerto: ratoncitos, conejitos, y hasta una familia de mariquitas! Habían encontrado la calabaza hueca y calentita, y se habían mudado todos juntos sin darse cuenta de que se estaba llenando. Los ruidos eran ellos organizando sus cositas adentro.
—¡Es su casa ahora! —dijo la maestra—. Vamos a cuidarla para que todos tengan dónde vivir.
Los niños ya no le tenían miedo a esa calabaza tan grande. Al contrario, la visitaban todos los días para ver cómo estaban sus inquilinos tan especiales. 🎃🐭🐰