“Al oeste el pecado, al este la salvación.”
El desastre ya se había producido.
La luz difusa entraba por el oeste.
Ni con diez mil rezos mi alma se salvaría.
El purgatorio iba a ser duro.
Mi mente débil se imaginaba el juicio final.
Aún mi cuerpo temblaba.
Sentada en un rincón mi culpa se acrecentaba.
La soledad en mí era todavía mayor.
Yo no quise, si, no, no quise.
La pistola a la izquierda y el rosario ensangrentado a la derecha.
El diablo se echaba un pulso con Dios.
El bien y el mal en mi.
En la cama tumbado estaba mí verdugo.
Mi vida miserable había acabado.
Las noches de interminables golpes psicológicos y físicos habían acabado.
Me acusarían de haber acabado con mi marido.
Yo no…
Yo si…
El diablo a mi izquierda se reía de mi ángel a la derecha.
Mano a mano.
El amanecer se abría paso.
Era una mujer viuda.
Era una mujer libre.
El tormento se había acabado.
El pecado a la izquierda y la salvación a mi derecha.
El timbre sonó.
La policía en la puerta.
Los vecinos alarmados.
Asustada no sabía si mi vida acababa aquí.
Mi cama con sábanas granates.
Me levanté, recé, y yo creyendo muerto mi marido.
Inocente.
Insensata.
Se levantó.
No sé si era real o mi alucinación.
Chillando me dijo:
-¡Yo que te he dado todo! !Hogar, comida, amigas! ¡Y mira como me pagas! ¡Inés de mi vida! ¿Cuántas pastillas tragastes? ¿Cuánto alcohol bebiste? ¡Tu proeza con la pistola es una simple trola!
Un paso a la derecha y otro a la izquierda, se acercó a mi.
Con miedo, retrocedí.
Me daba tanto miedo que me pusiera una mano encima otra vez.
Me daba tanto miedo que con la pistola le volví a apuntar.
Él se echó a reír, no me tomaba enserio.
La policía derribó la puerta y con gran rapidez entró en la habitación.
-Señora,señora suelte el arma, Aquí no hay nadie.
Entre lágrimas vi a mi amante Luis.
Él me abrazó y me dio un beso en la mejilla.
-Mi dulce Inés, ya no temas, estás a salvo, Don Pedro murió hace 10 años.
Aturdía parpadee y cuando desperté me encontré en una celda diez años atrás, cumpliendo la pena.
Inocente o no, a vosotros, mis queridos lectores aquí os dejo el enigma.
Solo recordaré que caminé más al este con Dios que hoy aquí a mi lado me cuida, pero a veces el oeste me recuerda mis fechorías.
M.