Esto es poesía en su máximo esplendor.
Matriz
Pensamiento
Esto es poesía en su máximo esplendor.
Contenido de la publicación
Más fácil morir que olvidarte
Más fácil sería morir
que aprender a olvidarte;
más fácil cerrar los ojos
y entregarme al sueño
que despertar cada mañana
y descubrir, otra vez,
que ya no estás para recordarte.
Difícil es no mirar tu sonrisa,
esa sonrisa encantadora
que, como un pequeño espejo,
conservaba su brillo
a pesar de todos los remiendos
que la vida dejó sobre tu rostro.
Difícil dejar atrás en mi memoria
aquellos hermosos ojos
que parecían cubrirlo todo,
protegerlo todo,
mirarlo todo con una fuerza
que ni siquiera un trueno
habría podido quebrar.
No eres mi inspiración, madre mía,
porque la inspiración pertenece
a las cosas que pasan,
a las que llegan
y algún día se marchan.
Tú eres mucho más que eso.
Tú eres vida,
vida eterna en mi pensamiento,
presencia que no conoce ausencia,
nombre que ningún silencio
podrá borrar.
En mi ignorante impotencia
quise regalarte una flor,
sin comprender entonces
que el aroma de todas las flores
provenía de ti.
Dulce y vulnerable,
frágil ante el mundo
pero inmensa ante la vida;
con esa apariencia de eternidad
que hacía parecer pequeño
todo aquello que intentaba vencerte.
Fuiste madre
con el alma entera.
El fruto de tus entrañas
fue también tu propia vida,
porque tu respiración parecía dividirse
entre cada uno de nosotros;
y donde alguno de tus hijos sufría,
allí estaba también una parte de ti.
Convertías la amargura
en pequeñas gotas de agua dulce
en medio del desierto.
Rodaban por tus ojos las lágrimas
y, sin embargo,
conseguías transformar el sufrimiento
en un simple espejismo
que desaparecía al amanecer,
quizá acompañado de un café,
de una media sonrisa
y de aquel tono firme,
fuerte como el hierro,
con el que ofrecías un tinto
como si ofrecieras al mundo
un instante de paz.
Tu silencio no era ausencia.
Era sabiduría.
Y tu diplomacia
no necesitaba concederle la razón a nadie;
simplemente comprendías
que cada ser humano camina convencido
de que su verdad es la única.
Y tú, con tu silencio,
sabías algo mucho más profundo:
que a veces amar
es comprender sin juzgar.
¿Para qué pensar en una tumba
si el universo entero
parece estar lleno de ti?
Estás en la luz de cada mañana,
en el aroma del café,
en la memoria de quienes te amaron,
en las lágrimas que todavía pronuncian tu nombre,
en cada gesto de ternura
que aprendimos de ti.
Porque tú resumiste
el verdadero significado del amor:
justicia,
entrega total,
lealtad,
protección,
y un apego más fuerte que la luz del sol,
sin necesidad de besos mentirosos
ni promesas vacías.
No necesitabas abrazarnos.
Tu sola presencia
era suficiente para cubrir nuestros cuerpos
con el calor de tu amor.
Fuiste única.
Valiosa.
Irrepetible.
Como una estrella fugaz
que, por un instante,
tuve la fortuna de sostener entre mis manos
y que después se marchó hacia el cielo
para contarle a las demás estrellas
la historia de tu amor
y el camino que dejaste sobre la tierra.
Más amada que cualquiera.
Más radiante
que todos los artificios
que la mentira pueda comprar.
Y hoy comprendo
que ni un millón de flores,
ni las lágrimas,
ni una piedra fría,
ni siquiera un cuerpo que descansa
podrán demostrar cuánto viviste.
Porque vives más que nunca.
Vives en nosotros.
Vives en mí.
Y mientras mi memoria pronuncie tu nombre,
mientras mi corazón conserve tu historia,
mientras exista una lágrima capaz de caer
por todo lo que fuiste,
tu vida seguirá siendo eterna.
Tu nombre no necesita una tumba
para ser sublime.
Le basta el amor.
Y el amor, madre mía,
no muere.
Tu nombre es sublime.
Tu recuerdo es eterno.
Y tú, madre mía,
seguirás viviendo
mientras exista un corazón
que pueda decir tu nombre.
Por Levi Díaz Echeverri
Thoughts
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PermalinkQué señora la del tinto.
-
PermalinkLa estrella fugaz que se va a contarle a las otras la historia de ella me hace pensar en cómo los hijos terminan siendo los que cuentan a sus madres, años después, con palabras que ellas nunca usaron para sí mismas. Apuesto a que ella nunca se habría descrito tan grande, y que se habría reído un poco al leerlo. Me gustó mucho leerte.
-
PermalinkFíjate que lo de querer regalarle una flor sin saber que el aroma venía de ella me trajo a mi mamá en el 74, con unas flores del mercado metidas en un frasco de café. ¿Te acuerdas de qué flor era la tuya?
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PermalinkEsto es poesía en su máximo esplendor.
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