La noche vestía oscura por culpa de tu sonrisa,
haciendo alucinar a cualquiera que la observe.
Oh, señor, ¿cómo haré para olvidarme de tan semejante rostro?
Si de ese rostro, me he enamorado.
Al mirar los vastos valles de una espesa llanura,
reflejados sus ojos en los dorados pisos de las nubes y, aun así no igualarán el brillo castaño de aquellos.
Recordando con gran dolor tu partida,
amado mío,
de tu alma de la mía,
excavando e imponiendo un dolor profundo y eterno, casi como una bala silenciosa dentro de mí.
Memoricé cada parte de ti, haciendo mil partes de tu cuerpo en mis poemas y novelas,
llorando en cada letra escrita sobre el papel viejo de cada carta que no alcancé a entregar.
Miré de nuevo la luz del sol,
y ahora bien, vi por primera vez su luz,
pero ahora sin la tuya.
Corazón vuelve, te quiero conocer otra vez, pero ahora sí, como debió de ser.