Me quedé fría un rato con la voz que ya no va a volver a escuchar.
los que pudieron flotar
Pensamiento
Me quedé fría un rato con la voz que ya no va a volver a escuchar.
Contenido de la publicación
Capítulo 12 — El último
La despertaron de madrugada.
Va ni la despertaron
—Vos.
Dijo una voz gruesa señalándola.
La levantaron de los brazos.
Esta vez casi no podía ni caminar.
Asique optaron por arrastrarla
Fue arrastrada por un largo pasillo
Hasta llegar a una sala mucha más pequeña que las anteriores
Aunque la sala era distinta
El interrogador no
—Graciela Ibarra
Ella no respondió.
—Siempre me quedó una duda.
Silencio.
—Los nombres, esos malditos nombres
Graciela respiró despacio.
—¿Cómo los sabías?
Esta vez no mintió.
—Los soñé.
El hombre se quedó quieto.
—¿Me estás diciendo que soñaste esos nombres?
—Sí.
—¿Y qué más soñabas?
Pregunto con tono burlon
Graciela cerró los ojos.
—Agua.
El hombre suspiró.
Un suspiro de cansancio
— sabes algo, perdimos tu libreta
Se hecho en la silla
El ruido resonó en el silencio
— mucho papeleo, pero por un lado mejor
Soltó una sonrisa de desdén
— así nadie tiene idea de lo que paso acá, es más ni sabrán que existieron
El hombre se levantó de golpe
La silla rechino por la acción
—si no existen, no hay reclamo
Continuo
—te puedo apostar que tu vieja es una de esas que usan pañuelos blancos y piden por los desaparecidos
Graciela siente un nudo en la garganta.
El interrogador le agarra el mentón y la obliga a levantar la mirada
—pero ninguno de ustedes va a volver, son subversivos y a los subversivos se los elimina. Lo que va contra el estado se erradica.
Suelta una risa seca.
—Sos una mujer rara. Mas rara de lo que nos gustaría
Le dijo acercándose a su cara.
—Ojalá hubieras sido menos rara. Te podrías haber salvado, nena
La soltó y se alejó en dirección de la salida,
Golpeó la puerta.
— Lo único que tenias que hacer era hablar, pero como tu puta moral te hace pensar que sos una heroína por no darnos información. Terminaras muerta.
Graciela no responde
Sabe que le mienten
Sabe que siempre la quisieron muerta
Igual, verdad o no
Ya es tarde
—Llévensela.
Dice por ultima ves aquella voz que nunca volvería a escuchar.
Thoughts
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PermalinkMe quedé fría un rato con la voz que ya no va a volver a escuchar.
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PermalinkParce, que ella diga la verdad justo al final me anduvo dando vueltas toda la mañana. Ya no le quedaba nada que cuidar, entonces para qué seguir mintiendo.
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PermalinkQue el interrogador se burle de la madre imaginándola con pañuelo blanco me hizo pensar en cómo empezaron esos pañuelos: pañales de tela de los hijos, atados a la cabeza para reconocerse entre ellas. Para mí la madre de Graciela va a seguir caminando con su nombre aunque ya no exista la libreta, y eso él no lo puede perder.
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PermalinkEl tipo habla de la libreta perdida casi con alivio, como si sin papel no hubiera pasado nada. Y ella los nombres los tenía soñados, así que nunca estuvieron solo ahí. En mi oficina todavía quedan fichas de los setenta, casas donde el titular cambia de un mes para el otro y en observaciones no pusieron nada. Ta, yo las veo y sigo de largo, y cuando leo algo así me acuerdo de ellas.
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