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Placer instantáneo

Styfler
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La tarde transcurría en aparente calma en el piso de planificación. Andrea caminaba a paso lento por el pasillo principal hacia el área de archivos, llevando un par de carpetas en la mano. Al pasar…

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La tarde transcurría en aparente calma en el piso de planificación. Andrea caminaba a paso lento por el pasillo principal hacia el área de archivos, llevando un par de carpetas en la mano. Al pasar frente al despacho de Julio, notó que la puerta no estaba del todo cerrada, dejando apenas una rendija abierta. Un leve sonido llamó su atención, haciéndola detenerse en seco.

Asomándose con sigilo, Andrea observó el interior. Julio estaba sentado en la silla de su escritorio, con los pantalones a medio bajar y el torso echado hacia atrás. En la pantalla de su teléfono móvil brillaban varias fotografías que le había tomado a Andrea de manera furtiva mientras ella caminaba por el pasillo esa misma mañana: tomas enfocadas directamente en las formas de su gran trasero marcándose bajo la tela ajustada.

Con la mirada fija en las imágenes, Julio se masturbaba con una fuerza desesperada. Su pene, de gran tamaño, lucía completamente erecto, duro y con las venas fuertemente marcadas a lo largo del tronco. La respiración del hombre era pesada y agitada, llenando el reducido espacio de la oficina con el eco de su excitación.

La visión de Julio dominado por el morbo de sus fotos desató una ola de calor instantánea en Andrea. Sintiendo cómo la humedad la invadía de golpe, empujó la puerta en silencio, entró al despacho y echó el seguro con un golpe seco.

Al escuchar el chasquido de la cerradura, Julio abrió los ojos de golpe y se sobresaltó, pero antes de que pudiera articular palabra o intentar cubrirse, Andrea caminó decidida hacia él. Con la mirada oscurecida por el deseo y una sonrisa pícara, se dejó caer de rodillas directamente entre las piernas del hombre.

Sin dudar un solo segundo, Andrea estiró ambas manos y tomó el grueso miembro de Julio por la base. Lo acercó a su rostro, rozando la cabeza del pene por sus mejillas y sus labios para sentir la temperatura y la firmeza de la piel. Acto seguido, abrió la boca y lo introdujo de golpe, devorándolo con una avidez salvaje.

La succión era profunda e intensa. Andrea metía y sacaba la totalidad del pene en su boca, sintiendo la dureza y el relieve de las venas contra su lengua, mientras sus manos bajaban para acariciar y sostener los testículos de Julio con firmeza. El contraste de las texturas y el sabor la hacían continuar con un ritmo frenético, bajando la cabeza hasta el límite para recibir cada centímetro.

Julio, aferrándose al borde del escritorio de madera, echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido ahogado. La combinación de las fotos en la pantalla y la devoción con la que Andrea lo estaba chupando aceleraron el desenlace de forma inevitable.

En cuestión de dos minutos, la tensión llegó al punto de no retorno. Julio se vino con fuerza, eyaculando una masa densa y caliente directamente en la boca de Andrea. Ella no retrocedió ni un milímetro; al contrario, continuó bombeando y saboreando hasta la última gota de la descarga, limpiando el miembro con la lengua con absoluta satisfacción antes de ponerse de pie, arreglarse el cabello y sonreírle con complicidad antes de salir del despacho.